Si eres un empleado en una empresa, sabrás que la mayor parte del día se la dedicas a ella. Ocho horas – más desplazamientos – son absorbidas diariamente por el trabajo. Si a eso añadimos las tareas del hogar y el necesario descanso, no queda mucho más para realizar otro tipo de actividades.

Para escapar de la rutina, las empresas ofrecen una serie de beneficios que permiten desarrollar otro tipo de ocupaciones que motiven a los trabajadores. Las más comunes son descuentos en gimnasios o salidas los fines de semana para potenciar el trabajo en equipo. La primera tiene como objetivo ayudar a cuidar la salud a la vez que se libera la tensión acumulada mientras que la segunda no deja de ser un día extra en la oficina. Ambas son de gran utilidad tanto para sus usuarios como para el negocio.

Otro de los privilegios que se recibe es el de aprender idiomas en la empresa. A diferencia de los anteriores, no se centra en lo físico sino en lo intelectual. Obviamente, eso causa cierto rechazo entre la plantilla, que necesita desconectar más que concentrarse de nuevo en algo que les obligue a pensar. Además, si no tienen un buen nivel o apenas chapurrean algunas palabras, supone iniciar un curso desde cero que se les antoja agotador. Es más fácil irse a nadar, por ejemplo.

Por tanto, si no les sirve para relajarse, ¿para qué apuntarse entonces? Muy sencillo: para obtener un complemento a la remuneración.

La vorágine célere de nuestra época obliga a actualizarse constantemente para no quedarse rezagados en el mercado laboral. Aparecen nuevos programas informáticos que agilizan determinados procesos, sistemas de contabilidad adaptados a las necesidades de la empresa y técnicas de presentación que requieren cierta sapiencia tecnológica para su correcta implementación. Todo ello redunda en su progreso profesional y por eso dedican una importante parte de su tiempo a empaparse con las aguas de la nueva información.

Aprender idiomas en la empresa

Irónicamente, no asocian esa adaptación al mundo moderno con el aprendizaje de los idiomas. La globalización en la que está inmersa la economía actual exige el conocimiento de uno o más idiomas que faciliten la comunicación entre empresas. En España, no todo el mundo está capacitado para realizar esa función. Y a esas personas se les paga más.

Aprender un idioma dentro de la empresa permite a los empleados levantarse de sus sillas, abandonar durante un tiempo la atención a su trabajo y disfrutar aprendiendo algo que redundará en la cifra de su salario si le dedican la misma importancia que le prestan al resto de actualizaciones laborales. Si bien estas son asimiladas con rapidez al formar parte de las habilidades propias del puesto laboral, aprender un idioma aporta un valor diferenciador a su poseedor y resulta un factor clave a la hora de optar por un ascenso.

Hagamos una comparativa con las otras opciones que las empresas ponen a nuestra disposición. Empecemos con el gimnasio. Ventajas: libera estrés, modela el cuerpo y quita el anquilosamiento físico. Desventajas: quita energía para continuar con la jornada vespertina, riesgo de lesiones, gasto en material deportivo y nulo beneficio laboral. El aprendizaje de un idioma cansa positivamente el cerebro, pues incrementa el desarrollo mental y mejora la capacidad laboral. Además, a uno le pagan por lo que sabe y no por su apariencia.

Las salidas de fin de semana con el fin de potenciar el trabajo en equipo permiten realizar una serie de actividades que, de otra manera, el empleado no podría realizar por su cuenta. Sin embargo, suponen una pérdida de tiempo personal para él y su familia, en el caso de tener una. Las clases de idiomas no solamente se imparten en la oficina durante la semana laboral, sino que crean dinámicas de aprendizaje y trabajo entre los asistentes a las mismas. Cuando los grupos interactúan para representar una situación habitual empleando otro idioma, se produce una sinergia didáctica que les permite actuar adecuadamente en casos reales. Es decir, que a través de un trabajo grupal se mejora el resultado laboral. Y eso se remunera.

A nivel personal, qué duda cabe que a todos nos gusta sentirnos atractivos y hacer cosas distintas y divertidas. Pero saber un idioma permite también desenvolverse fuera del país en los viajes, sacarle más partido a las vacaciones y solucionar cualquier problema que pudiéramos tener en el extranjero.

Los trabajadores necesitan una motivación para que sus días no se conviertan en ruedas de hámster. Si la empresa pone a su disposición una actividad que les permita crecer y desarrollarse a la par que beneficia al negocio, escogerán de un modo profesional la mejor opción para sus intereses.