En los colegios, la manera más común de comprobar los conocimientos de los alumnos es a través de un examen escrito. Debido al número de alumnos en las aulas, un examen oral ocuparía demasiado tiempo. El inglés se trataba como una asignatura más, aunque luego se continuaba usando en la carrera universitaria o en la vida.

A la hora de realizar una entrevista de trabajo, se produce una regresión al periodo académico, en el que el candidato se ve atenazado por los mismos nervios que le acompañaban esos días en el colegio o instituto. Solo que, ahora, se enfrenta a la prueba oral y no escrita.

Pero, como último vestigio de su época escolar, también tiene que pasar por la asignatura de inglés. Y aquí se aúnan la prueba escrita con la prueba oral.

Los test escritos suelen consistir en una batería de preguntas de opción múltiple. Para ponerlo más difícil, algunas de ellas aceptan más de una respuesta correcta. Este tipo de exámenes se empezaron a utilizar en 1914 para ver las habilidades de los reclutas en los Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial. Actualmente se utilizan para evaluar los conocimientos de los entrevistados, con el fin de hacerse una idea de sus conocimientos y aptitudes. En el caso del inglés, su nivel.

La entrevista oral es una especie de colofón a la prueba escrita, que sirve para comprobar si el candidato es capaz de entender una serie de preguntas básicas y determinar su capacidad oral. O, en otras palabras, si sabe hablar aparte de escribir.

Si bien este tipo de pruebas garantizaban el conocimiento o no del idioma, ahora los tiempos han cambiado. El inglés no es un extra curricular, sino una imperiosa necesidad para las empresas. Teniendo en cuenta que es idioma hablado en el mundo de los negocios a nivel internacional, su valía ha aumentado de tal manera que requiere una evaluación más profesional que anteriormente.

Los métodos empleados por los departamentos de Recursos Humanos de las empresas se han quedado obsoletos en este nuevo sistema. Principalmente porque no son capaces de determinar correctamente el nivel del candidato. A su vez, el solicitante de empleo tampoco conoce la forma de demostrarlo, salvo un vago intermedio-alto que, en la mayoría de las ocasiones, está exagerado.

¿Por qué el sistema antiguo ha quedado desfasado? En primer lugar, porque la prueba escrita es incapaz de determinar con exactitud el nivel del candidato. Por un lado, las preguntas ofrecen las soluciones. Eso le da una pista al entrevistado sobre la respuesta correcta. Es decir, que puede descartar las que le parezcan incorrectas y marcar la adecuada sin saber realmente que era esa. Por otro lado, tiene siempre la oportunidad de responder algo. El factor del azar le concede un 25% de probabilidades en caso de tener cuatro posibilidades a escoger. No es un porcentaje exageradamente alto, pero que le permite acertar con el premio como a quien le toca el cartón del bingo.

La prueba oral no está exenta de los mismos problemas. Los departamentos de Recursos Humanos están preparados para evaluar las habilidades de los candidatos en función del puesto que vayan a ocupar. Pero no disponen ni de la formación ni de las herramientas adecuados para realizar las pruebas de inglés. En muchos casos, quien realiza la prueba no tiene el nivel inglés necesario para realizar esta labor. En otros, se delega en algún angloparlante que trabaje para la empresa que simplemente se limitará a determinar si esa persona no sabe hablar inglés, lo hace bien o lo hace mal.

Por esa razón surgieron los test para empresas. Para comprobar el nivel de inglés del candidato con precisión, exactitud y fiabilidad. Recordemos que estamos hablando del idioma crucial para la supervivencia en el mundo de los negocios.

Este tipo de test los realizan profesores nativos con muchos años de experiencia en el mundo de la docencia lingüística dentro del ámbito empresarial. Conocen el mundo y su jerga, las formas que se emplean para comunicarse en reuniones, presentaciones, atención telefónica y recibimiento de invitados. Pero, aparte de todo esto, su trabajo consiste en analizar el idioma.

Durante la entrevista que realizan al alumno – pues ha quedado claro que es el sistema más fiable para determinar el conocimiento -, prestan atención a los diferentes referentes que marcan las habilidades orales de los candidatos. Por ejemplo, su fluidez, su precisión en las palabras usadas, el correcto uso de la gramática, el empleo de terminología profesional, su facilidad para cambiar el tono durante la conversación y muchos más aspectos con los que presentar un riguroso informe de resultados a la empresa. De hecho, este tipo de test determinan el nivel de los candidatos según el Marco Común Europeo de Referencia (MCER), por lo que son resultados homologados y no aleatorios como sucedía antes.

Es el momento de tomarse en serio las necesidades de las empresas, de ser profesionales y precisos con las evaluaciones, para no dar margen a errores que perjudiquen el correcto funcionamiento del negocio. El año viejo se acaba. Que se lleve los fallos con las campanadas y empecemos el 2016 siendo más serios y eficientes en nuestro trabajo.

Felices Fiestas.