El momento más importante para una empresa es cuando llega al punto de poder expandirse. Es el premio a un duro trabajo, a ganarse la confianza de los clientes, a hacerse un nombre entre la competencia. Ha logrado crearse una envidiable reputación después de las pérdidas y de los malabares con los números hasta obtener los primeros beneficios. Ha cumplimentado su fase de establecimiento y es el momento de dar el salto a la de crecimiento.

Por regla general, una empresa inicia su andadura a nivel local, pasa a regional, nacional y, finalmente, internacional. Dependiendo del tamaño de la misma, se puede obviar alguno de esos pasos. Sin embargo, eso era lo común en otros tiempos. Tras la unificación comercial europea, se ha producido un fenómeno de globalización que permite acceso a distribuidores o mercados que antes se hallaban demasiado alejados para poder utilizarse convenientemente. Ahora las empresas abren sedes o filiales en otros países con el fin de acelerar su expansión y crecer durante su fase de establecimiento. Es mucho más sencillo aumentar la cuota de mercado ramificando la empresa por sectores internacionales que crecer poquito a poco como una tienda de barrio.

Cursos de inglés para empleados

En otras palabras, hay que alzar las miras. Si todas las empresas se centran en el mismo punto, estaremos invirtiendo en un sistema no sostenible. No es una cuestión de dinero, sino de cuota de mercado. Europa ofrece una enorme posibilidad de desarrollo, pues cuenta con el apoyo de países con gran fortaleza empresarial y otros con economías emergentes. Se puede abarcar mayor territorio con facilidad gracias a la desaparición de las barreras aduaneras, por lo que hay que emplear con sabiduría esta nueva oportunidad que nos engloba.

El cómo lo tenemos; es cuestión de implementar nuestro negocio y nuestra forma de trabajar con las adaptaciones locales pertinentes. El trabajo, al fin y al cabo, es nuestra profesión, la forma de ganarnos la vida haciendo lo que mejor sabemos hacer. Y las reglas del juego no varían en el tablero europeo. Lo único que es distinto es el idioma.

Y ahí surge el problema: hay más lenguas que países en la Unión Europea. De hecho, las reconocidas son veinticuatro. Un verdadero quebradero de cabeza en esta Babel contemporánea en la que vivimos y trabajamos. La política lingüística de esta comunidad política y económica – y futuro país en ciernes – es la de que cada ciudadano hable al menos otro idioma aparte del materno. La duda surge sobre cuál escoger. Pero los que conocemos el mundo empresarial desde dentro lo tenemos muy claro. Hay que saber hablar inglés.

Pese a la integración de ese idioma en nuestra cultura y en los centros de enseñanza, aún estamos a muchas leguas de distancia de poder presumir de nuestros conocimientos en el extranjero. Salvo casos concretos, el nivel es más bajo que medio. Por eso es necesario impulsar la formación en este idioma en el lugar que más nos importa: dentro de la empresa, el epicentro de nuestro trabajo.

Para ello, disponemos de cursos inglés para empleados. A diferencia de otros sistemas, éstos se imparten dentro del recinto de la empresa por profesores nativos altamente cualificados y con muchos años de experiencia en la docencia empresarial. Y también difieren en su contenido; los cursos están enfocados a que los empleados aprendan el inglés necesario para desarrollar convenientemente su trabajo. Aprenderán a escribir correos electrónicos formales, a participar sin tapujos en conferencias telefónicas o a través de medios audiovisuales, a realizar presentaciones profesionales y saber comunicarse con sus homólogos de otras empresas.

Para los empleados, las ventajas que estos cursos de inglés les reportan son incalculables. Por un lado, les permite aprender la lengua que se habla no solamente en Europa, sino en el resto del mundo. Eso genera un valor añadido para sus intereses personales, permitiéndoles crecer a nivel laboral y personal. Entender lo que escuchan y saber comunicarse aporta, a su vez, un plus de confianza. Las dudas y el miedo se acaban notando en el resultado final, como ya sabemos.

Pero este valor también lo recibe la empresa. De tener empleados cualificados para realizar labores locales ahora dispone de profesionales a nivel internacional. Albergará en su interior a verdaderos trabajadores todoterreno, capaces de adaptarse sin problemas a cualquier tipo de terreno, que les permitirá viajar o tratar a las visitas externas con óptima seguridad. Eso redunda, indiscutiblemente, en la imagen que la empresa dará en el mercado internacional. La imagen puede ser atractiva. Pero nos interesa más que sea seria.

Por tanto, los cursos de inglés para empresas generan una sinergia evolutiva. A medida que crece el empleado, aumentan las oportunidades competitivas de la empresa. Cuanto más se aproxime al ideal europeo, más tierra pondrá de por medio con otras empresas rivales.