Tiempos de fiesta, tiempos de cambios. Cuando caen – o antes caían – los copos de nieve sobre la ciudad, sufrimos una especie de mutación que nos acerca más a los úrsidos que a los humanos. No en vano es el momento de hacer balance del año, analizando la situación actual, examinando los resultados y diseñando el plan de acción del nuevo año.

Este periodo de febril agitación temporal previa al merecido disfrute del descanso es también el momento idóneo para reflexionar sobre determinados cambios. A su vez, las semanas de inactividad permiten emplear ese tiempo para realizar otras actividades en la empresa ajenas a su actividad principal.

Si crees que es hora de realizar una expansión de plantilla, de aumentar el equipo con gente que refuerce con su trabajo la solidez de la empresa, de sustituir a determinadas piezas por otras con un perfil más preciso o simplemente de reemplazar a gente que se vaya a ausentar una temporada por distintos asuntos personales o relacionados con la salud, las Navidades son el momento oportuno para contratar nuevos candidatos. Pero, claro, tus empleados están de vacaciones. Level Test no.

Los test de inglés para empresas funcionan todos los días del año. Porque hay que estar disponibles en cualquier momento para que las empresas no detengan su ritmo en caso de surgir una necesidad o urgencia. Se puede pensar que, en realidad, todo lo que hace falta saber sobre un candidato ya aparece en su currículum. ¿Para qué contratar los servicios de los test de inglés para empresas, entonces?

Esa manera de pensar deja en evidencia una forma de pensamiento anticuada para los tiempos globales que corren. Pues, efectivamente, el currículum muestra los estudios, trabajos y experiencia de los candidatos con bastante precisión. De hecho, pueden mostrar cursos realizados y titulaciones extras dentro de su especialidad. Hasta se pueden añadir referencias de anteriores jefes o clientes. Y, sin embargo, dentro de esta homérica redacción sobre sus cualidades técnicas e intelectuales, el apartado del idioma queda relegado a una pequeña y breve coda en algún lugar secundario del mismo.

Es decir; que existen múltiples referencias a la hora de mostrar la capacidad técnica de los posibles empleados futuros. Y una breve y delgada línea en lo que concierne al inglés.

Por tanto, es posible que el candidato mienta para no perder competitividad con el resto o que no tenga ni la menor idea de cuál es su nivel real del idioma, ubicándolo por regla general como medio-alto.

Los test de nivel para empresas evalúan la realidad de los conocimientos idiomáticos de un modo eficaz, preciso y homologado por el Marco Común Europeo de Referencia (MCER). Esto quiere decir que los candidatos serán sometidos a una prueba oral donde se examinarán los principales puntos que medirán sus conocimientos con exactitud. Y no son preguntas tipo ¿cuál es el pasado de buy? sino una entrevista en la que se diseccionará el lenguaje, dejando todos sus órganos al descubierto. Su fluidez, la pronunciación, estructuras gramaticales, vocabulario técnico y más elementos del lenguaje pasarán bajo la atenta lupa de nuestros examinadores, profesionales con varios años de experiencia en las diferentes ramas de la docencia idiomática.

Mientras se mete el pavo en el horno, se colocan las cigalas y langostinos sobre la gruesa vajilla de floreados bordes, el turrón se trocea en pequeños platos, se enfría el cava o champán en el congelador, se encienden las velas y se estiran los sonrojados pétalos de las poinsetias, los resultados de las entrevistas reposarán plácidamente en el buzón de entrada de su correo.

¿Por qué son necesarios los test de nivel para empresas? Por la misma razón por la que se le pone tanto mimo a la colocación de la mesa de la cena de estas fiestas. Las cosas no tienen que ser perfectas, sino hacerse bien. La cena de Navidad exige marisco, carne de ave o pescado, turrón para el postre y un espumoso para brindar. La decoración es exclusiva de esta época del año, exenta de reemplazos multifuncionales en otras celebraciones anuales.

En el mercado empresarial actual, como en la religión, hay una santísima trinidad. La titulación sería el padre, la informática el hijo y el inglés el espíritu santo. Este dogma internacionalmente aceptado en el mundo de los negocios se trata casi como una herejía en nuestro país. Más que saber hablar correctamente el inglés, depende de momentos de inspiración, de que las lenguas de fuego del paráclito se posen sobre las cabezas de los empleados en el momento oportuno. Eso es como contratar a alguien que confunda el Power Point con el Excel.

No; quienes trabajen con nosotros deben ser capaces de usar el idioma con independencia del momento y la situación para no depender de los veleidosos caprichos del destino. Si no, como la comida barata y mal cocinada, se nos atragantará.