Un pequeño pueblo luxemburgués llamado Schengen hizo desaparecer las fronteras físicas dentro de Europa a finales del siglo pasado. La gente y los productos ya podían circular alrededor de toda Europa libremente. Eso también provocó que muchas empresas decidieran expandirse por los nuevos mercados. La única frontera que todavía se mantenía (y mantiene en la actualidad) era la lingüística, por lo que la formación en idiomas adquirió una tremenda importancia.

Algunos países partían ya con cierta ventaja. Debido a su posición geográfica, mantenían acuerdos económicos con las grandes potencias vecinas, lo que les permitía manejar una segunda y hasta tercera lengua con evidente soltura y confianza. Otros, por su parte, hablaban un idioma exclusivo a su territorio nacional y fomentaron el aprendizaje y formación del inglés, francés o alemán para no quedarse aislados en el mapa mundial. Con ello, sus habitantes disponían de mayor movilidad laboral y facilidad a la hora de establecer relaciones mercantiles.

Actualmente, dentro de la Babelia europea, hay una serie de idiomas que dominan las comunicaciones y negociaciones internacionales. Y si nos extendemos al resto del mundo, podemos comprobar que esto no es un caso aislado: el mundo en el que vivimos exige algo más que experiencia laboral y una lengua materna.

Aprender otro idioma es una necesidad, no un capricho.

Las empresas españolas no son ajenas a este fenómeno. Muchas de ellas forman parte de alguna cadena global, trabajan con clientes de otras nacionalidades o tienden a expandirse allende las fronteras. Sin embargo, ¿están sus empleados preparados para afrontar este nuevo orden mundial?

Los empresarios deben de ser conscientes de que la imagen que da la empresa empieza por la profesionalidad de la gente que trabaja en ella. Cuando se realiza una convención en una ciudad europea, no se pueden quedar en segundo plano, sin entender las nuevas técnicas o ideas que salen a la luz ni establecer contactos por falta de entendimiento lingüístico. Cuando reciben a un cliente extranjero, no pueden recurrir a palabras sueltas, sonrisas y mímica para realizar una venta o firmar contratos. Cuando reciben una llamada o un correo electrónico de alguien que no hable español, deben ayudarle de la mejor manera posible para solucionar sus dudas y darle toda la información necesaria de un modo profesional.

Esos son los principales motivos por los que la inversión en formación idiomática harán crecer de un modo más competitivo a sus empresas. Da igual lo bueno que sea su producto o servicio; si no se habla correctamente otro idioma, no saldrá del pozo de las buenas intenciones.

La importancia de la calidad del profesorado en la formación

Contar con profesores experimentados en los problemas de comunicación, que solucionan dudas mientras educan a los trabajadores en el idóneo manejo de otro idioma, da resultados infinitamente más positivos que recurrir a un traductor on-line para redactar textos. Disponer de un profesional que enseñe a comunicarse correctamente vía oral y escrita crea una sinergia comunicativa entre los empleados para que se acostumbren a los sonidos y forma de hablar del mundo económico actual en lugar de saber cómo se pide una cerveza o a qué hora sale el tren de los cursos generalistas de los libros de texto. No estamos vendiendo turismo; vendemos el valor de una empresa seria.

En los últimos años, la formación en idiomas para empresas está siendo cada vez más tenida en cuenta por los directivos. Son conscientes de su crucial importancia para el desarrollo laboral y buscan la manera de mejorar en este aspecto contratando clases semanales tanto para ellos como para sus trabajadores. Aquellos que hacen ese esfuerzo de dedicar parte de su tiempo a esta formación, obtienen resultados. Recuerdo al director de contabilidad de una empresa española que comenzó a acudir a reuniones internacionales y que regresaba diciendo que no solamente había entendido la conferencia sino que, además, había sido capaz de charlar con otros colegas de temas laborales. De lo que se siembra, se cosecha.

Ventajas de la formación en idiomas

La formación en idiomas no solo se queda en el idioma. Permite la formación en campos relacionados con el propio negocio de la empresa, puesto que da acceso a información en medios extranjeros. Páginas webs, prensa, blogs… Todo ese mundo se convierte en accesible para aquellos que aprenden un nuevo idioma. Les acerca a la realidad del mundo en el que viven y trabajan; reciben la información de primera mano y no meses después traducida y, posiblemente, obsoleta; descubren las nuevas tendencias y medios con los que mejorar su productividad. En otras palabras, la formación enriquece a quien la recibe. Y la empresa se beneficia de ello.