En 1998, la empresa alemana Hoechst y la francesa Rhône-Poulenc se fusionaron para formar Aventis, la quinta empresa farmacéutica más grande del mundo. Pero, antes de poder crecer de esa manera, tenían que definir en qué idioma se iban a comunicar. La solución fue digna del rey Salomón: emplearían el inglés como lengua corporativa. Los resultados no tardaron en llegar.

Obviamente, el factor de que ambas empresas ya fueran bastante poderosas a nivel individual ayudó a su crecimiento. Sin embargo, en esa misma década, un desconocido fabricante de electrodomésticos italiano, Merloni, optó por utilizar el inglés de cara a potenciar su expansión internacional. No tardaría en adquirir empresas inglesas y rusas.

Como podemos comprobar, en los años 90 se produjo un efecto de globalización idiomático en el mundo de los negocios. Al fin y al cabo, con la apertura de mercados y crecimiento económico, las reglas del juego habían evolucionado. Las empresas se habían percatado de la dificultad que tenían para hacer negocios en su idioma y recurrían al inglés como canal internacional de comunicación. No fue una decisión casual. Por un lado, el colonialismo inglés había impregnado con su idioma países en todos los continentes. Por el otro, su relevo lo había heredado Estados Unidos tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, por lo que parecía más lógico adaptarse al idioma más poderoso y práctico que existía. Casi dos mil millones de personas hablan el lenguaje del dinero con soltura alrededor del mundo.

Hacer negocios en inglés

En España pasó algo similar. Los negocios más rentables, a nivel internacional, estaban basados en los servicios. Mejor dicho, en el turismo. A fecha de hoy no nos resulta raro ir a un restaurante y ver la carta del menú traducida al inglés, pero anteriormente se exigía un buen nivel de ese idioma para poder trabajar de camarero o en un hotel. Las posibilidades laborales que abría su conocimiento permitieron a mucha gente conseguir un puesto de trabajo en prácticamente cualquier ciudad. Pero ahí nos quedamos. En lugar de tener una visión de futuro con esa realidad presente, nos estancamos en el ámbito hostelero, rezagándonos en el desarrollo europeo.

Según un estudio de Harvard Business Review, las razones por las que se adoptó el inglés como lenguaje de los negocios son tres: presión competitiva, globalización de tareas y recursos e integración de fusiones y adquisiciones a través de fronteras nacionales. Dicho estudio muestra la importancia de hacer negocios en inglés para potenciar el crecimiento de las empresas. Si una empresa no desarrolla una estrategia idiomática óptima, se limita a hacer negocios en lugares donde se hable su idioma y la comunicación entre empresas se verá afectada de la misma manera.

Actualmente, las empresas españolas se han adaptado a este nuevo status quo financiero. La Unión Europea y los servicios en países de economía emergente ofrecen un mayor campo de expansión que antiguamente. Además, favorece la entrada de capital extranjero, especialmente de la cuenca del Pacífico, con China y Japón como países más destacados. Se han adaptado, pero en cuanto a la forma. No en la manera.

Estamos a años luz de mantener todo tipo de comunicación, tanto interno como externo, en inglés. Las empresas japonesas, por el contrario, apenas emplean su idioma cuando trabajan. Una de motivos que se esgrimen para no implementar este sistema es el de la poca seguridad que se tiene cuando se habla en otro idioma. La confianza, tanto personal como laboral, se ve mermada al carecer de la habilidad que se demuestra con la lengua materna. También se crea el riesgo de entender mal las instrucciones si éstas no se entienden adecuadamente.

¿Cómo evitar que esto suceda? Imponiendo el uso del inglés cada vez con más frecuencia. Al igual que los equipos informáticos, su instalación obligó a los empleados a cambiar su forma de trabajar casi a la fuerza. Lo cierto es que esta imposición no es gratuita; de ella depende la supervivencia de la empresa. Para hacer más llevadera esa transición, las empresas ofrecen cursos de formación para hacer el cambio menos traumático y con gente que esté capacitada para solucionar dudas y hacer más entendible su manejo.

Con el inglés sucede lo mismo. A través de los cursos de formación en inglés para empresas, los empleados pueden actualizarse y acostumbrarse a emplear el idioma en el lugar de trabajo. La principal ventaja de este método radica en que los temas que aprenden están directamente relacionados con el desempeño de sus tareas. Es decir, que lo pueden poner en práctica inmediatamente. De esta manera, cuando lo necesiten emplear en su trabajo, ya sabrán cómo hacerlo con seguridad.

Como todos sabemos, cuando algo genera resultados se crea un efecto bola que arrastra a los demás a hacer lo mismo. Si los empleados más reticentes a modificar su lengua de trabajo observan el cambio de un modo directo, no tardarán en imitarlos para evitar quedarse colgados. Por esa razón es importante que los jefes motiven de la mejor manera a su fuerza de trabajo para obtener los resultados idóneos.