Cualquier empresa que se forme parte con el objetivo de consolidarse en el mercado primero para crecer y expandirse después. La parte de formación, supervivencia y consolidación no tiene ningún truco. Trabajo, trabajo, más trabajo y un toque de suerte. Al igual que los ríos, nacen de una pequeña pero incesante fuente cuyo caudal fluye con fuerza y constancia hasta lograr crecer y llegar al mar. Algunos acaban fusionándose con otros más grandes, otros terminan siendo arroyos.

Con independencia del sector que escojamos, hay ciertos requisitos que son comunes a todos. Toda empresa necesita su apartado legal, de ventas, de marketing, de atención telefónica y de administración. Dependiendo de su tamaño, algunas de estas labores se repartirán entre los trabajadores de la compañía o socios fundadores, hasta que la inversión otorgue cierta licencia económica para incorporar nuevos empleados.

Pero, una vez establecidos, nos topamos con el reto del crecimiento. Y las bases que hayamos establecido desde el principio determinarán si éste será rápido, lento o nulo. Está claro que cada profesional que forme parte de la plantilla tendrá un buen conocimiento de su campo de trabajo. Debe tener una buena base teórica y práctica. A su vez, es fundamental que maneje dos herramientas fundamentales en la vida empresarial de nuestros tiempos: la informática y el inglés.

La primera está altamente integrada en nuestras vidas. De hecho, casi todos los programas siguen un protocolo bastante parecido. Los principales programas ofimáticos forman parte de nuestras vidas desde hace mucho tiempo. Otros programas más específicos para determinados puestos de trabajo apenas requieren mucho esfuerzo para su uso. La mayoría los tenemos instalados en los ordenadores personales de nuestro hogar y trabajamos con ellos diariamente. Especialmente aquellos cuyo trabajo depende ellos, que los emplean para proyectos personales desde casa.

Sin embargo, el inglés no está tan enraizado en nuestras vidas. Su empleo es puntual; unas horas en la universidad, algún curso realizado en el pasado, algunas vacaciones… Pero su uso en el día a día está limitado, tal vez, a ver alguna serie de televisión, escuchar música y alguna breve conversación en la oficina. Fuera de nuestro país, es el idioma escogido para desarrollar negocios. O tomamos la decisión de darle la importancia que se merece o moriremos ahogados en un arroyo.

Idiomas para empresas

Desde que se fundó la Unión Europea, las empresas han visto caer las barreras arancelarias que lentificaban su expansión en el ámbito internacional. Ahora, ese territorio es considerado nacional. Miles de kilómetros cuadrados, de ciudades populosas y de oportunidades de negocio se han extendido ante nuestros ojos como barajas de cartas sobre la mesa. Nos han invitado a un juego en el que conocemos las reglas, pero no el lenguaje que se emplea. Esto hace que toda nuestra preparación y profesionalidad quede en entredicho al ser incapaces de comunicar eficientemente las líneas de acción de nuestros proyectos. Toda la estrategia que tanto tiempo hemos invertido en hacer funcionar, el dinero empleado en materiales y empleados, las horas de trabajo necesarias para obtener clientes y echarnos a rodar desaparecen con un chasquido de dedos ante la realidad de los negocios actuales.

Hay dos maneras de crecer: introduciéndonos en un nuevo mercado o recibiendo la ayuda de inversores extranjeros. Para ambos casos, es necesario saber inglés. No chapurrearlo; hablarlo de verdad. Es la era de las teleconferencias, del contacto telefónico diario con nuestros homónimos en otras partes del mundo, de reuniones y convenciones en ciudades europeas, de interés comercial en países en desarrollo. Las oportunidades parecen desbordarse de su cauce a la vez que muestran nuestra escasa habilidad para nadar dentro de sus aguas.

Es hora, por tanto, de exigir un buen nivel de inglés empresarial a nuestros empleados. Porque el futuro de nuestro negocio depende de sus manos. Y su boca.

Las clases de idiomas para empresas permiten a las compañías actualizarse y reforzarse en este delicado apartado sin afectar a su quehacer diario. Los profesores se desplazan hasta las instalaciones del negocio para realizar su labor docente sin que los trabajadores tengan que desplazarse. Y no se pierden horas de trabajo, puesto que las clases se imparten antes de iniciar la jornada, a la hora de la comida o al terminar de trabajar. No obstante, la empresa puede escoger otro tipo de horarios si lo considera necesario.

De esta manera, los trabajadores podrán acostumbrarse a asociar el inglés dentro de su espacio de trabajo. Este punto es clave, puesto que se necesita romper la barrera psicológica de hablar en otro idioma. Si las clases se imparten en la sala de conferencias, por ejemplo, no tendrán tanta dificultad en comunicarse en inglés dado que ya lo han hecho antes allí.

Otro de los puntos importantes es que, además de aprender el inglés que se utiliza para realizar negocios en todo el mundo, los profesores les pueden ayudar en su uso concreto. Es decir, para los temas, presentaciones o tipo de comunicación que su trabajo demanda. De esta manera, pueden practicar sus funciones y ganar confianza antes de tener que hacerlo cara a cara. Algo que afecta a los empleados de hidropesía, como participar en una conference call o recibir a un invitado de fuera, se transforma en una actividad sencilla y hasta entretenida a través de este tipo de cursos de idiomas para empresas.

Es importante conocer tanto las carencias como debilidades que tenemos para poder mejorar. De la misma manera, es también prioritario encontrar los medios que subsanen dichos menesteres. No sería un mal propósito para el 2016 el de formar a todos los empleados en esta materia crucial para el futuro de la empresa. Año nuevo, idioma nuevo.

Felices Fiestas.