Últimamente se está escuchando mucho la palabra procrastinar. De origen latino – cras significa mañana -, dicha actividad está adquiriendo muchos adeptos dentro del mundo laboral. Para los empresarios, por el contrario, esta nueva moda les está causando bastantes quebraderos de cabeza.

¿En qué consiste procrastinar? Básicamente, en dejar las tareas pendientes para cumplimentarlas en un kafkiano concepto del día siguiente. Uno puede estar procrastinando eternamente, ad infinitum, si se lo propone.

No nos andemos con rodeos y llamemos a las cosas por su nombre. Procrastinar no es más que ser perezoso, vago y dejado con las responsabilidades. De sobra es sabido que, cuando decimos “mañana lo termino” queremos decir realmente que no nos apetece nada realizar esa tarea.

Esta apatía laboral implica un retraso en el planning estratégico que afecta de manera viral a todos los departamentos. Los jefes deben aclarar qué trabajos se consideran prioritarios para evitar que se vean aquejados por esta desidia profesional mientras motivan al trabajador para sacarlo del hastío del día a día con alguna tarea entretenida.

Sí; procrastinar tiene cura. Al fin y al cabo, no es más que un estado mental pasajero. Sin embargo, puede causar mucho daño si no se toman medidas al respecto. Ya no solamente en el trabajo, sino en el resto de actividades diarias personales. Por ejemplo, lo de bajar la basura la próxima noche porque hace frío, pegar el embellecedor del enchufe que se ha despegado el fin de semana y empezar a leer ese libro que te regalaron en tu último -¿o fue el anterior? – cumpleaños.

Esta despreocupación ociosa genera un efecto de falso descanso. Pues no son las energías las que nos fallan, sino las ganas. Vivir en un perpetuo hastío resulta agotador al cabo de un tiempo, pues la inactividad provoca pérdida de interés por las cosas. Y no suele acabar muy bien.

Pero, sin duda alguna, la tarea que se lleva la palma de oro a la mayor flaqueza de espíritu se la lleva el inglés. Y es la ganadora porque es la conversación de moda tanto a nivel personal como profesional. ¿Cuántas veces oímos lo de: “tengo que aprender inglés” o “el inglés es muy importante para el trabajo” pero nunca lo vemos puesto en práctica?

Como decíamos antes, hay que buscar la mejor manera de motivarse para recuperar el interés perdido por culpa de la holgazanería. Hay que actuar de una manera fácil y sencilla. Hay que tomarse en serio las prioridades en los negocios y en la vida con celeridad. Las manillas del reloj no se van a detener ni la Tierra dejará de girar por mor de la indolencia.

La solución la encontramos en las clases de inglés para empresas. De esta manera, ahorraremos desplazamientos largos y cansinos a nuestros empleados para que puedan poner en marcha ese objetivo de aprender el idioma más importante en el planeta. Además, no es un capricho arbitrario; cuantos más profesionales hablen correctamente ese idioma, mejores resultados obtendrá la empresa en el corto y largo plazo. Las posibilidades de expansión, amén de la buena impresión que causa ese conocimiento en el entorno internacional, son valores a tener muy en cuenta por parte de los directivos.

Las clases se imparten durante horas no laborales, en el mismo recinto donde los empleados realizan su trabajo, para crear una asociación entre el idioma y sus tareas. Esa simbiosis transforma dos actividades opuestas en un conjunto asociativo que permite su integración de manera más efectiva en las mentes de los trabajadores. A su vez, permite hacer una pausa, un descanso en la rutina diaria, con la que coger con renovadas fuerzas y actitud mental las tareas pendientes de realizar.

Este tipo de enseñanza es impartida por profesores altamente cualificados y con varios años de experiencia en el mundo docente empresarial. Lo que significa que saben lo que hacen y con quién lo están haciendo. A diferencia de las clases típicas de los cursos en academias de idiomas, las clases de inglés para empresas se adaptan a las necesidades primordiales de sus empleados. Aprenderán a realizar presentaciones, a hablar correctamente por el teléfono y a saber los pasos y palabras más comunes en las conferencias a través de cualquier tipo de medio audiovisual.

Al estar disponibles a dos pasos de su puesto de trabajo, no existirán excusas para demostrar la buena intención de aprender inglés de una vez por todas. Aquellos que se apunten, sentirán la sangre fresca que aporta el aprendizaje de nuevos conocimientos recorriendo sus venas. El camino se hace andando, primero un paso y luego otro. Pero si nos quedamos quietos sin hacer nada, dejaremos otra tarea pendiente en la bandeja de nuestra vida cogiendo polvo.