“El movimiento se demuestra andando”. Así demostró Diógenes, el Cínico, ante Zenón de Elea su existencia ante la negación ontológica del segundo, levantándose y echando a andar. Puede parecer una auténtica perogrullada, pero el razonamiento del eleático demostraba la paradoja. Para recorrer, digamos, cien metros, primero tienes que recorrer cincuenta, ¿no? Pero, para recorrer esos cincuenta, habrá que recorrer veinticinco antes. Si seguimos dividiendo, alcanzamos un número infinito de cantidades que siempre se pueden fraccionar por su mitad. En otras palabras, jamás seremos capaces de avanzar, porque antes tendremos que recorrer una distancia cuya mitad debemos recorrer previamente. El movimiento, por tanto, no existe.

Imaginemos que Diógenes de Sinope realizara una entrevista en inglés durante un proceso de selección. Diría algo así como “el inglés se demuestra hablando, así que, adelante. Habla”. El candidato se vería obligado a convencerlo de sus conocimientos expresándose en esa lengua.

Pero si el bueno de Zenón fuera el encargado, la entrevista se iniciaría de esta manera: “Para saber inglés hay que hacer frases. Para hacer frases, hay que saber los tiempos verbales. Pero, antes, hay que saber los verbos en pasado pretérito. Y, antes, en pasado. Mucho antes, los infinitivos. Como varios de ellos son compuestos, hay que saber las preposiciones. Para ello, hay que saber las letras. Y, antes, cómo se pronuncian. Vayamos ahora a los nombres. Primero, hay que saber diferenciar entre contables e incontables. Antes, los pronombres. Pero, antes, los de sujeto y objeto. Antes…”

Total, que dependiendo del filósofo escogido, contratamos a todos o a ninguno.

No obstante, sus enseñanzas son perfectamente combinables para nuestro objetivo. El Cínico tiene razón en su pragmatismo: no se puede saber si un candidato es capaz de hablar o no hasta que lo haga. El de Elea, por su parte, proviene de una escuela de pensamiento presocrática basada en el diálogo con la que dedicaba su tiempo a refutar cualquier tipo de planteamiento basándose en los conceptos.

El inglés en los procesos de selección

Durante los procesos de selección, aparece en el currículum un nivel de inglés que, bien por desconocimiento del mismo o por exceso de confianza, no se adecúa a la realidad. Para comprobarlo, es necesario escucharlos hablando. Durante esa conversación, se analiza en profundidad el contenido y estilo de su oratoria para poder determinar con precisión sus verdaderos conocimientos.

Los test de inglés en los procesos de selección funcionan de esa manera. Los entrevistadores, profesores nativos con muchos años de experiencia en el campo de la lingüística inglesa, están capacitados para examinar con exhaustividad las distintas habilidades orales de los candidatos. Como Diógenes, prestan atención a la fluidez y manera de desenvolverse con la palabra. Pero hablar no significa saber decir palabras o frases sin más. Como Zenón, tienen que recorrer el camino de las normas gramaticales. Por eso, prestan atención a la variedad de construcciones y vocabulario empleados en distintas materias. No contentos con ello, valoran la entonación, pronunciación y empleo adecuado de las formas formales e informales del lenguaje.

Una vez realizado este trabajo, elaboran un documento en el que ponen nota a cada una de esas partes, con la que determinarán el nivel real de inglés de los candidatos. Y no de manera aleatoria, sino dentro del Marco Común Europeo de Referencia (MCER). Es decir, una puntuación homologada que muestra el verdadero conocimiento del idioma.

Este sistema evita cualquier error a la hora de contratar a un nuevo empleado para las empresas. Los departamentos de Recursos Humanos no están formados para realizar este tipo de entrevistas, dado que su principal objetivo está centrado en otra serie de campos específicos e inherentes a los puestos de trabajo. Afortunadamente, ahora cuentan con un eficaz equipo para echarles una mano con la pulcritud de sus resultados.

La profesionalidad que asegura este tipo de pruebas obedece a la necesidad que tienen las empresas de disponer de gente bien formada a nivel laboral e idiomática. Los negocios actuales “hablan” inglés en todos los mercados, por lo que es imprescindible un correcto conocimiento del mismo para mantener su nivel competitivo y capacidad expansiva. Ante la complejidad de dinero y tiempo que supondría actualizar a estos profesionales en Recursos Humanos, los test de nivel de inglés en los procesos de selección aportan el punto distintivo y, no olvidemos, homologado que estos departamentos precisan para poder evaluar adecuadamente uno de los más importantes requisitos que las empresas exigen en el mundo laboral actual.