Dentro de una empresa, cuando falta una persona por cualquier motivo, sus funciones son acometidas por otro o varios en función de la carga de trabajo. Eso significa que su puesto es sustituible. Como peones en el juego del ajedrez, avanzan lentamente en una dirección, con la oportunidad ocasional de comerse a otra ficha pero seguir siendo la misma calva ficha. Sin embargo, si tienen suerte y son atrevidos, pueden llegar al final del tablero y ascender a reina sin ser comidos. Otras veces sucede lo contrario; un caballo, un alfil o una torre pueden ser víctimas de un peón mejor posicionado. Hasta la dama y el rey se pueden ver amenazados por un descuido estratégico.

Esta metáfora viene bien para explicar que es posible destacar en los negocios realizando un pequeño esfuerzo y que nadie tiene el puesto asegurado por muy alto que éste sea. El mundo es cada vez más global. Eso exige una preparación más exigente y competitiva para poder sobrevivir. La corona de laurel es una cómoda almohada en la que más de uno se ha dormido y perdido su oportunidad en la vida.

Afortunadamente, existen medios para no quedarse rezagado en la carrera laboral. La formación es cada vez más específica y precisa, requiriendo breves etapas de actualización debido al rápido desarrollo tecnológico. Pero esto no viene a ser más que hacer lo mismo con otra herramienta distinta. Las nuevas técnicas se implementan con relativa celeridad una vez asimilados los conceptos básicos de las mismas. Otros profundizan en nuevas materias, nuevos puntos de vista, para estar siempre innovando y tener mayor flexibilidad con los cambios.

Todo eso está muy bien, porque se realiza a nivel interno. Pero, ¿qué sucede cuando queremos entendernos con el resto del mundo? Parece una ironía que estemos haciendo lo mismo pero no parece lo mismo. Y todo porque se emplea un idioma distinto al nuestro.

Ingles técnico de negocios

La cultura española no ha prestado demasiada atención al idioma inglés hasta tiempos demasiado recientes. Eso nos ha dejado en una situación de inferioridad con el resto de países. Según el informe de EF sobre el English Proficiency Index, nuestro país ocupaba el último lugar en Europa entre el 2007 y el 2009. Actualmente, tenemos un nivel básico muy bueno que nos ha permitido ascender hasta el puesto 23 del índice. De 59 países entre los que se incluyen islas escandinavas – Svalbard and Jan Mayen -, islotes que sirven de paraíso fiscal – Guernsey -, pequeños territorios independientes incrustados dentro o entre otros de mayor tamaño – Gibraltar – y zonas no reconocidas oficialmente por todas las naciones – Transnistria. Así que mejor lo compararemos con los países de la Unión Europea para saber mejor nuestra actual posición. Ésta consta de 28 países. Estamos a la cola.

Pero, precisamente, es encontrarnos en las regiones siberianas de la tabla representa una oportunidad para los empleados, pues un buen conocimiento del inglés implica una mayor posibilidad de destacar entre los compañeros y la competencia.

Teniendo en cuenta estos datos y situación actual, las empresas cuentan con la fantástica coyuntura de poder disponer de clases de inglés dentro sus instalaciones con las que poder aprender el inglés técnico que les convierta en líderes dentro de su negocio.

Las clases son impartidas dentro de una amplia franja horaria, según las necesidades de la compañía, por parte de profesores altamente experimentados en la enseñanza de idiomas para empresas. Los alumnos pueden optar por la modalidad de clases en grupo o enseñanza individual. El primer tipo fomenta la conversación e implementación del lenguaje entre compañeros. El segundo potencia capacidades específicas para crecer en nivel oral.

A diferencia de otros cursos, las clases para empresas no enseñan un inglés para hacer turismo sino para trabajar profesionalmente en el mundo. El lenguaje de los negocios se está convirtiendo en un idioma en sí mismo, con sus construcciones, terminología característica y estructuras orales consideradas como fundamentales en las reuniones o conferencias. Saber hablar inglés técnico es hablar la jerga internacional comercial. Es saber expresarse como lo hace el resto del mundo. Está claro que un inglés normal va a ser entendido sin problemas, pero que los cielos nos amparen cuando tengamos que comprenderlo nosotros. Es un lenguaje dentro de un lenguaje. Y, además, bastante selectivo.

Si un empleado es capaz de destacar en este apartado, recibirá la recompensa adecuada por su esfuerzo. Los negocios no son igualitarios. Más bien siguen un régimen meritocrático que premia a aquellos que sobresalen por su trabajo o sus conocimientos. No es raro encontrarse con alguien en la empresa que ocupe un puesto por encima de su valía. O como rezaba el famoso principio de Peter, “todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. Esa frase se podía aplicar el siglo pasado. Pero ya pasaron los tiempos modernos y vivimos en una sociedad distinta. Los fallos, las carencias, la falta de preparación y el desconocimiento del inglés están siendo tomados más en cuenta dado que las consecuencias de ello afectan demasiado al crecimiento empresarial.

Por tanto, dedicar cierto tiempo a la semana para aprender el lenguaje que habla el trabajo que realizas, no se puede considerar como un extra horario sino una inversión en tu futuro. Saber un inglés técnico te convierte en faro de referencia para tus compañeros y jefes. Y esa luz no se puede sustituir. Dominar el idioma de los negocios permite optar por puestos más propios a tu competencia a la vez que te convierte en pieza clave para reuniones y posibles expansiones.