Supongamos que tenemos que realizar una presentación de un proyecto empresarial para obtener financiación por parte de unos importantes inversores. Habitualmente, realizamos las puestas en escena normales con PowerPoint, pero para clientes importantes creamos una más elaborada y tecnológica con el Flash. También podemos incluir un catering, una breve introducción en vídeo y hasta maquetas que entran por los ojos y que hacen más tangible la venta.

Lo que no vamos a hacer es aparecer en la sala de reuniones portando una lámina de cartulina con fotos pegadas con celo y textos escritos con rotulador. Parecería que estamos pidiendo inversión para material más que medios que nos permitan desarrollar el proyecto adecuadamente.

 

Los beneficios de hacer una buena presentación en inglés son asombrosamente idénticos. Si cada palabra que decimos está sujeta por alfileres que al menor movimiento se caen y nos dejan allí desnudos, sin saber qué decir o cómo reaccionar, daremos una pobre y cutre imagen a aquellos que presencien con bochorno nuestro esperpento.

Así que, si disponemos de la tecnología adecuada para darle la forma adecuada a la imagen, es hora de igualarla con una presentación profesional en inglés. Pero para ello no existe un programa de ordenador que permita programar a los oradores. Por lo que necesitaremos ayuda externa.

Ésa es una de las principales ventajas de contar con un servicio de formación idiomática en la empresa destinado a enseñar y mejorar el inglés tanto para empleados como directivos: un grupo de profesionales experimentado que se encargue de convertir el inglés en una herramienta de trabajo y no en una asignatura de colegio.

Presentaciones profesionales inglés

Para realizar una buena presentación de inglés es necesario hablar no el inglés que todos conocemos sino el que se emplea dentro del mundo de los negocios. Sus palabras específicas, como rapport u opposite number, phrasal verbs del estilo de pitch in o run over, expresiones básicas tipo let’s call it a day o ballpark figure y jerga habitual como alignment o leverage. Es, por decirlo de alguna manera, un idioma dentro de otro.

Para lograr una optimización oral, la mejor manera es practicándola con el profesor. Éste escuchará atentamente la capacidad expresiva del alumno, sus recursos sintácticos y la forma de exponer sus argumentos para, después, focalizarse en sus errores y enseñarle el sistema más habitual de mostrar lo que quiere decir.

Por otro lado, también trabajarán con estructuras definidas, típicas en el mundo de los negocios, que fuera de este ámbito apenas se emplean o tienen un significado muy distinto.

¿A qué se debe esto? Principalmente a que ha heredado el estilo de expresión de la terminología militar. Por esa razón resulta tan incomprensible para muchos. No se suele mantener mucho contacto con el mundo castrense cuando se está dentro del despacho de una oficina y, mucho menos, en la universidad, cursos o colegio.

Esta militarización del idioma se ha ido extendiendo a lo largo del globo como un código identificativo de los que están dentro del meollo financiero. Casi supone una elitista criba para determinar a los profesionales del sector. Obviamente, tal especialización nunca se ha desarrollado adecuadamente en nuestro país, lo que provoca innumerables problemas en la comunicación y una imagen en el extranjero no correspondiente a la calidad de nuestro negocio. Hay que entenderlo de la siguiente manera: si no sabemos cómo se dice, parecerá que no sabemos hacerlo.

Otra cosa importante a tener en cuenta es que conocer determinada tecnología técnica no significa dominar este lenguaje. Las palabras son palabras y la expresión el modo adecuado de emplearlas. De ahí la importancia de realizar una buena presentación en inglés; si hablamos su lengua, conocemos nuestro producto o servicio. Con palabras sueltas demostramos que sabemos usar un diccionario.

Para aquellos empleados y directivos que tengan que asistir a reuniones con frecuencia, el tener al alcance a estos formadores en presentaciones dentro de la empresa reporta el inestimable beneficio de poder crecer a medida que crece la empresa. Mayor responsabilidad es sinónimo de promoción y aumento de sueldo. Mayor profesionalidad implica expansión y crecimiento.

Por último, supone un importante valor competitivo frente a la competencia. Aquellos que no disponen de esta importante formación dentro de sus filas o que dejan todo en manos de un inglés de vacaciones, serán desdeñados y escasamente reconocidos por sus homólogos internacionales. La comunicación es el canal por el que fluye el progreso y si éste está repleto de diques idiomáticos, se acabará secando y desertizando con el paso del tiempo.

Contamos con innegables ayudas tecnológicas que nos ponen a la altura de los mejores en el plano internacional. Los equipos, el mobiliario y la decoración que sirven de escenario para reflejar modernidad se pueden comprar fácilmente desde cualquier lugar. El diseño de documentos o papelería está cada vez más profesionalizado. La empresa tiene siempre aparcados buenos coches que causen buena imagen al visitar a los clientes. El rigor y gusto estético está al alcance de todos. Todo esto, insisto, se desvanece como bruma en primavera cuando abrimos la boca.

Si cuidamos todo hasta el último detalle, no hay que olvidar que, al final, la imagen que entra por los ojos, por los oídos se pierde.