Cuando buscamos un trabajo, tenemos dos opciones: hacerlo dentro de nuestra ciudad o fuera de la misma. Las motivaciones de cualquiera de estas decisiones dependerán de temas familiares, económicos, impulso aventurero u otra que se nos pueda ocurrir. Sea donde sea el lugar escogido, una vez logrado el objetivo, el siguiente paso es establecerse en el puesto. Pero, qué duda cabe, al cabo de cierto tiempo lo siguiente que buscamos es el crecimiento. Éste puede darse dentro de la misma empresa o entra delegación de la misma.

Las empresas siguen un patrón de comportamiento parecido. Una vez se ponen en funcionamiento y logran la estabilidad económica, no anidan sino que se expanden. Antiguamente las oportunidades para ello se dividían en regionales o nacionales, en función de la potencia de la misma. Pero ahora el concepto de nacional ha traspasado las fronteras. Es decir, ha ampliado las oportunidades.

Las ventajas de este mercado ilimitado permiten la accesibilidad a capital extranjero y a la creación de empleo en infinidad de lugares. Los que antes eran llamados visionarios, por su visión global de los negocios, ahora se conocen como empresarios.

El cambio de mentalidad ha provocado una significante variación en el concepto del trabajo. Ya no solamente se presta atención al óptimo desarrollo de las labores inherentes al campo de actividad de la empresa. También es necesario cuidar las relaciones comerciales.

Gracias a los avances e inmediatez en el terreno de las comunicaciones, estamos permanentemente actualizados y en contacto con el motor que mueve los negocios mundiales. Videoconferencias, reuniones, correos electrónicos, prensa internacional… El menú es sumamente delicioso y asequible para cualquiera de nosotros. Pero hay un problema: está escrito en otro idioma.

Inglés para empleados

El inglés se ha convertido en el idioma escogido por parte de la comunidad internacional empresarial como lengua de comunicación en los negocios. ¿Motivo? Su imposición por parte de la Inglaterra colonial en los tratos con esos países dependientes de su corona. Uno de ellos era Estados Unidos, que tras la Segunda Guerra Mundial, ejerció una brutal expansión comercial por el resto del planeta. Se puede argüir que no es el más hablado en el mundo, pero el hecho de que está presente en los cinco continentes y que sea la segunda lengua de otros tantos lo convierte en el de mayor extensión e importancia internacional. Por esta razón, su conocimiento resulta fundamental para dos aspectos: la supervivencia y el éxito.

Las empresas españolas flaquean en competitividad debido a ello. Pese a contar con profesionales altamente cualificados dentro de la plantilla, su valor baja enteros fuera de nuestras fronteras. Sin ir más lejos, en la sede de Naciones Unidas en Ginebra se realizan las traducciones simultáneas en español americano, dado su mayor número de hablantes.

Por tanto, las empresas deben poner mayor énfasis y exigencia en las habilidades orales de sus empleados para no quedarse al margen en este nuevo teatro económico. Y, para ello, deben mover ficha primero y no delegar esa responsabilidad a sus trabajadores. Deben liderar ese cambio con autoridad y motivarlos para que entiendan su importancia cuanto antes.

Los cursos de inglés de negocios para empresas son el aliado perfecto para las empresas. Mediante un equipo de profesores nativos especializados en la docencia lingüística empresarial, se pone a disposición de los trabajadores el medio más eficiente y práctico para alcanzar ese objetivo. Dentro de las mismas instalaciones donde desarrollan sus tareas, aprenden a utilizar la herramienta de las comunicaciones con profesionalidad sin que ello afecte a sus horas de trabajo.

Este tipo de cursos permite a los empleados aprender a hablar inglés con corrección y precisión, además de la posibilidad de ponerlo en práctica en sus tareas habituales: presentaciones, reuniones, atención telefónica, recibimiento de visitas, participación en conferencias… Todo aquello que sea necesario para optimizar el rendimiento de su trabajo se implementa de una manera cómoda y sencilla durante las clases.

Otra ventaja es que este tipo de cursos se adapta a las necesidades colectivas e individuales de los empleados. Aquellos que tengan un nivel bajo podrán afianzar su capacidad oral a medida que suben el listón de sus conocimientos mientras que quienes tengan otro más alto podrán practicar y mejorar sus habilidades dentro del terreno que más les interese. No olvidemos que el inglés de los negocios emplea un vocabulario y expresiones distintas al normal. Estar al tanto de la jerga profesional es sinónimo de calidad. Cuidar este tipo de detalles es clave en el campo de las relaciones internacionales.

El reto al que se tienen que enfrentar los empresarios es cómo despertar el interés de este tipo de cursos entre sus empleados. Hay que lograr que no lo vean como una imposición, sino como un regalo. Y qué mejor momento para ello que ahora que se aproxima el 6 de enero. Mejora tus relaciones internacionales con un curso de inglés para tus empleados.