Aprender un idioma requiere un esfuerzo. Bien sea monetario, de desplazamiento o de tiempo, hay que renunciar a una parte de nuestro tiempo libre para obtener los necesarios conocimientos de un lenguaje de importancia estratosférica. Pues no solamente resulta vital en caso de viajar, sino que también ser la lengua empleada para los negocios a nivel global. Este segundo caso implica que, desconocerlo o no tener la fluidez suficiente para hablarlo, puede suponer un serio contratiempo para nuestros intereses profesionales y un lastre de cara a mejoras económicas laborales.

Las clases de formación en ingles para empresas se han convertido en la forma de aprender inglés rápido y fácil en la actualidad. Y no por casualidad. Al ser impartidas dentro de las oficinas, evitan los desplazamientos a sus alumnos – causa de cancelación de la mayoría de las clases en academias por complicación de la jornada- con la ventaja añadida que se acostumbran a emplear el idioma dentro de las instalaciones donde desempeñan su trabajo. Además, este tipo de cursos se centran en las principales necesidades de los trabajadores, pudiendo modificar su contenido a casos reales de modo práctico. Pues con la práctica es como realmente se aprende.

De esta manera, los trabajadores aprenden y emplean el inglés para expresarse en situaciones tan habituales y cotidianas como puedan ser contestar el teléfono, realizar una presentación o atender a una visita de manera educada. Las palabras y expresiones más comunes en este tipo de situaciones se integran de esta manera a la capacidad oral de los alumnos, pudiendo practicarlas y entrenarlas hasta alcanzar la confianza suficiente como para no quedarse bloqueados. Porque la confianza se obtiene al saber que lo que está diciendo es correcto y que la persona o personas que nos esté escuchando nos va a entender.

Cómo hablamos inglés

Pero no solamente se aprende a manejar el inglés con corrección de esta manera. Porque, ¿cuántos creemos que hablamos bien en inglés? Temas como la entonación, pronunciación, palabras que no significan lo que pensamos e inventiva de vocablos que pensamos que significan algo nutren la capacidad expresiva de los españoles hasta tal punto que consideramos que, si no nos entienden, es que el error está en ellos. Con las clases en formación en inglés dentro de la empresa, ese tipo de fallos se corrigen mediante amenas explicaciones antes de ponerlas en práctica dentro de contextos generales y determinados. Así, el idioma se actualiza y se pule no mediante explicaciones gramaticales sino en situaciones concretas que el alumno pueda recordar con mayor facilidad en el futuro.

El hecho de que las clases se desarrollen en la propia oficina no solamente evita desplazamientos que consumen tiempo, sino también sacar rendimiento de las horas no laborales, tanto para la empresa como para el trabajador. La primera, obviamente, se beneficia al mejorar la formación de sus empleados, haciéndolos más competitivos y disponiendo de más recursos con los que afrontar nuevas tareas y retos en el futuro. Pero mucho más interesante resulta la ganancia que esta formación reporta a los segundos. Es la empresa quien corre con los gastos, por lo que no supone un esfuerzo económico para ellos. A nivel individual les permite añadir una fundamental herramienta a su currículo que potencia sus habilidades de cara a una candidatura para responsabilidades mayores y evitar quedarse estancados en un puesto a perpetuidad.