¿Qué es una promoción? Etimológicamente, una palabra latina formada por pro-hacia delante, movere-mover y cion-acción y efecto. Sin embargo, dentro de la organización jerárquica de las empresas en la actualidad, una promoción no se refiere a la acción y efecto de mover hacia delante, sino hacia arriba. El hecho de que se haya modificado su significado histórico se debe a que los despachos más importantes solían encontrarse en las plantas superiores de los edificios, por lo que la subida era literal.

La etiología de una promoción nos ofrece una serie de resultados diversos con un –casi siempre, matizo- elemento común entre ellos: la preparación. Si dejamos de lado los enchufismos, nepotismos o actividades poco ortodoxas, veremos que determinadas cualidades garantizan ese deseado ascenso entre los empleados. El liderazgo o la formación especializada suelen destacar en primer lugar. Pero en la actualidad, el conocimiento de idiomas también resulta clave para promocionar en el trabajo.

El conocimiento de idiomas, clave en el entorno laboral

Como sabemos, el mundo de los negocios se ha convertido en un entorno global. Ya en la antigüedad pasaba algo parecido con el comercio, donde saber comunicarse en varios idiomas resultaba tremendamente ventajoso a la hora de abrir nuevos canales de venta o de obtención de productos exóticos. Pero ahora los mercados están abiertos, las fronteras han desaparecido y el mundo se comunica en un solo idioma para hacer negocios: el inglés.

Pero no estamos hablando de nada nuevo o extraordinario. Entre el Imperio Británico y el desembarco norteamericano en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, el planeta descubrió la importancia de incorporar el inglés a su conocimiento lingüístico, so pena de quedarse al margen en su desarrollo. Con excepción del español, árabe, portugués o francés, el resto de idiomas no tenían presencia importante más allá de sus fronteras nacionales. Rusia y China albergan a una gran cantidad de población, pero el impacto de su lengua en otros países era mínimo o nulo. Así que el inglés se implantó como lenguaje oficial de los negocios e integrándose en las distintas sociedades nacionales con naturalidad.

Nuestro país no fue de esos. Y, para cuando nos integramos con el resto de Europa, no contábamos con los medios necesarios al respecto. No obstante, no sería hasta la unificación comercial europea cuando la necesidad de saber inglés se hizo imperiosa. Bien siendo empresas nacionales o extranjeras afincadas dentro de nuestras soleadas tierras, carecíamos de profesionales capacitados para comunicarse profesionalmente con el resto del mundo. Esta debilidad se paliaba contratando a gente foránea que pudiera ejercer de contacto con la economía mundial con garantías y que, en muchos casos, no necesitaban tener un alto conocimiento del español para realizar su trabajo.

En la actualidad, nuestro nivel de inglés ha mejorado con respecto al de hace cuarenta años. La gente ya sabe hablarlo. Sin embargo, lo hablamos por debajo de los estándares europeos, lo que nos pone en la incómoda posición de seguir en un segundo nivel no correspondido con nuestra capacidad competitiva.

Debido a este motivo, las empresas valoran la formación en idiomas de sus trabajadores como oro, puesto que resulta la única manera con la que poder sobrevivir o expandirse, dado que nuestras trabajadoras manos son mudas de boca ante el resto del mundo. Un empleado con los conocimientos adecuados para desempeñar un puesto de trabajo puede verse recompensado con un ascenso si es capaz de demostrar su valía en otro idioma. Estas personas se convierten en vitales para la empresa del futuro y su promoción responde a la actualización de los negocios dentro de un mundo globalizado, pues promoverán a su vez la empresa española en el teatro europeo y mundial.