La moda de los programas de cocina ha supuesto un incremento en la venta de libros de cocina en nuestro país. Entre sus recetas figura –de vez en cuando- el grado de dificultad a la hora de elaborar los platos. La complejidad de los mismos depende en buena medida de las técnicas que se deben emplear en la preparación de los mismos o de determinado manejo de las herramientas de cocinado. Si alguien ha intentado hacer bacalao al pil pil entenderá a lo que me refiero. Pero al final todo se resume en la práctica. Práctica y la ayuda de algún experto, claro está. No siempre resulta sencillo entender un texto escrito si no lo vemos de manera empírica primero o nos lo explican con un ejemplo comúnmente denominado truco.

Con el inglés sucede algo parecido. Hay determinados pasos que resultan muy sencillos que hacen creer al iniciado que se puede comunicar sin problemas. En realidad, habla una ensalada. Para conversaciones más jugosas o expresividad más rica, las dificultades para aprender inglés reducen la disponibilidad de platos en su menú.

A pesar de contar con una gramática bastante sencilla, no siempre coincide con la española a nivel literal. Esto significa que corremos el riesgo de preparar la famosa paella de Jamie Oliver si no tenemos cuidado con los ingredientes. Alguno argüirá que también está rica de esa manera, pero dista mucho de lo que se conoce en el litoral mediterráneo por ese plato. ¿Y cuáles son esos ingredientes? Fundamentalmente, el tiempo que empleamos. Por algún motivo empleamos el WILL para todo el futuro sin pararnos a pensar que hay cuatro maneras de referirse al tiempo no llegado y otros cuatro significados distintos con el mismo auxiliar. Uno de ellos en presente inmediato – I’ll open the door- y otro para recalcar una negativa – she won’t do it. Por este motivo, recomendamos prestar atención a las figuras gramaticales por encima de la traducción habitual que con tanta alegría y ligereza se emplea en estas tierras hispanas.

Sin embargo, este problema no deja de ser una dificultad menor comparada con el plato principal del inglés: su pronunciación, alta cocina con fusión oriental. O mejor dicho, confusión alta desorientada. Pues raras veces coincide lo que se escribe con cómo se dice. Y no es cierto que a pesar de todo te entienden; cambiar un sonido cambia la palabra y el contexto del mensaje. Day se dice dei y significa día. Si dices dai, entonces es die, que significa morir. Detallitos como estos tienen gran importancia a la hora de comprar sábanas o guisantes, por ejemplo, dado que el resultado final es desagradablemente escatológico como para mostrarlo en este artículo.

El papel de los profesores

¿Cuál es la solución? Como dijimos al principio, éste es uno de esos apartados que requieren práctica y la ayuda de algún profesional que nos enseñe algún truco para aprender a hablar con corrección en lugar de repetir incasablemente el mismo error. Porque la repetición crea hábito y, en el caso de un error, algo muy difícil de corregir con posterioridad. Esto hace que la función logopeda de los profesores permita a los estudiantes del idioma inglés aprender a pronunciar adecuadamente y así, de esta manera, facilitar la comprensión de la lengua cuando la escuchen por boca de otra y otras personas.

Y es la comprensión el último punto, la crème de la crème de las dificultades del inglés. Puesto que bajo esa nomenclatura se esconden una gran diversidad de acentos nacionales, regionales y locales en los que los sonidos varían e incluso las propias palabras o expresiones utilizadas. Este hecho ha obligado a unificar el idioma bajo diferentes formatos. En el Reino Unido, por ejemplo, la BBC ha resultado clave para crear un formato unitario de sonidos entendibles en cualquier rincón del país. El resto del mundo, a través del comercio, ha hecho tres cuartos de lo mismo para que el idioma resulte más sencillo de digerir. Gracias a este inglés global o de los negocios, las peculiaridades lingüísticas se han reducido al mínimo exponente, favoreciendo unas normas escritas y habladas que permiten la comunicación en el mundo entero. Eso sí, cada uno con su acento.