16 de enero de 2017

Una de las noticias más famosas aparecidas en el conocido portal humorístico “El Mundo Today” informaba con tono humorístico sobre los problemas que les surgen a los españoles a la hora de hablar en inglés. El reportaje –http://www.elmundotoday.com/2009/11/un-anciana-invoca-al-demonio-en-un-curso-de-ingles/– parodia las consecuencias de nuestra mala pronunciación y sus consecuencias.
Sin embargo, no andan muy alejados de la realidad. Nuestra nula diferenciación a la hora de pronunciar las veinte vocales inglesas, la entonación precisa que puede cambiar el significado de una palabra – como el caso de éver, alguna vez y avér, aseverar-, el empeño por querer pronunciar absolutamente todas las letras de la palabra junto con la insidiosa costumbre de traducir literalmente las estructuras españolas al inglés provocan una cacofonía semántica en la cabeza de la persona con la que estamos hablando. Pero, como todos sabemos, de una manera u otra, finalmente nos logramos hacer entender. El problema lo encontramos cuando, en lugar de estar haciendo turismo, nos hallamos en una reunión de negocios, donde señalar y hacer gestos de mímica no va a lograr el objetivo deseado sino todo lo contrario.
“Güí jaf tú enbiroménts”. Con estas palabras, el jefe de un departamento de tecnología de una importante empresa nacional explicaba al presidente de otra compañía el funcionamiento del “departament” (sic), sin olvidarse, claro está, de los imprescindibles gritos a la hora de hablar. Huelga decir que la conversación duró muchos minutos y me pregunté si la otra persona estaba realmente entendiendo algo de lo que estaba oyendo. No era la primera vez que me topaba con esta situación. Tampoco la última desde entonces.
Los errores en el inglés de negocios se deben a la escasa práctica del idioma que tenemos en nuestra vida diaria. Al no tener su sonido presente, lo sustituimos por lo que creemos que debe ser. Es decir, que si dedicáramos más tiempo a escucharlo, mejoraríamos considerablemente nuestra pronunciación. O, al menos, eso dice la teoría. Porque lo que también nos caracteriza en la galopante cabezonería de querer pronunciar a nuestra manera, dado que nosotros nos entendemos. Un ejemplo claro de esta situación la tenemos con los sonidos de la H, la Y y la V. No son J, LL y B. La H es una jota aspirada, semejante a un jadeo después de correr. La Y es una i griega. Es decir, una i. Por tanto, olvidaos del LLES ya que es IES. En cuanto a la V, qué duda cabe que no diferenciamos entre tuvo y tubo. Pero en Hispanoamérica reconocemos el sonido del vos sin dificultades, donde la V se transforma en una especie de F, suavizada al colocar los dientes superiores sobre el labio inferior. Probad a hacerlo. ¿Veis cómo podemos pronunciarla sin esfuerzo?
La siguiente consonante que presenta serias dificultades es la S líquida. Spain. Se pronuncia como una sola sílaba – spein –y no como dos -es·pein. Ante la ausencia de este sonido en nuestro idioma, a diferencia del italiano –scusi-, la mejor manera de evitar pronunciar esa inexistente e previa es la de juntar la s con la última letra de la palabra anterior. Por ejemplo, para decir que sois españoles, en lugar de decir I am from Spain, intentad decirlo de la siguiente manera: I am froms pain. Ése es el sonido de la S líquida.
La W aquí la llamamos uve doble, pero en inglés es una u doble. Así que Why no suena como guay, sino uay. La modificación de sonido de la C al ir seguida de e o i se convierte en una S y no una Z, como en español. Pensad en los andaluces, que realizan la misma transformación de manera natural. En cuanto a la R, aquí hay trampa. Si no va precedida de una consonante –tree-es prácticamente imperceptible. Si pronunciáis la palabra car, echad la lengua hacia el interior del paladar en lugar de hacerla vibrar.
El mismo problema de la falta de costumbre nos lo encontramos en la entonación. Algunas palabras coinciden en su acentuación con la española. Otras, por desgracia, no. La mejor manera de salir de dudas es consultando un diccionario, donde la escritura fonética indica el lugar del golpe de voz. Eso significa que esa sílaba suena. Las demás se pronuncian con desgana o pasan desapercibidas. Nuestra KÁMARA suena KAMra en inglés. La españolización de otros términos (gmail es yi-meil, wifi es uaifai, Primark es praimaak y White Label es uait leibl) provocan confusión para quienes no estén acostumbrados a entender nuestros fallos. De nuevo, vuelvo a insistir, no estamos acostumbrados a escuchar sino a leer.
El inglés funciona con una estructura fija; algo así como una plantilla inamovible en cuanto a su gramática. Adela come pescado y me lo dijo Adela, que en español modifican su posición, se convierten en Adela eats fish y Adela told me it. Los tiempos verbales indican claramente si la acción es habitual, no terminada/temporal o finalizada. Si digo que Mario sale ahora en español, no puedo decir Mario comes out now, puesto que ahora significa que la acción no está terminada y debemos emplear el continuo – Mario is coming out.
Para terminar, el inglés de negocios emplea una terminología muy determinada y profesional. Los conocimientos de un inglés más general producen una pobre impresión entre quienes lo saben manejar. Purchases son compras, y no buyings. Para conocer y emplear adecuadamente el inglés de negocios – que no nos olvidemos es el que se habla a nivel internacional- debemos seguir algún tipo de curso o formación que nos permita actualizar los conocimientos y modificar la expresividad mientras pulimos el resto de defectos fonéticos durante el proceso.
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