El 6 de Abril de este año nos encontramos con la siguiente noticia en el periódico: RENFE ha perdido la marca para su servicio de alta velocidad (AVE) a nivel europeo por un error lingüístico garrafal. El caso se inició hace unos cuantos años, cuando un empresario alemán presentó su negocio de venta de bicicletas eléctricas con el mismo nombre comercial. Todo parecía indicar que la empresa española iba a tener más peso en el control de la nomenclatura. Pero obvió un detalle crucial; las alegaciones debían ser presentadas en inglés. Y RENFE las presentó en castellano. La consecuencia final es que, a partir de ahora, AVE es el nombre de un vehículo de dos ruedas y no de uno de los pilares más importantes de nuestro país. Irónicamente, RENFE ha perdido el tren.

He querido mostrar este ejemplo de David contra Goliat para mostrar la importancia que tienen los idiomas en la internacionalización de una empresa, puesto refleja de manera contundente y directa los peligros de ignorar que el inglés es la lengua más importante en nuestra era junto con la escasa preparación que tiene nuestro país en este aspecto. Probablemente no sea el primer caso que se haya dado desde que entramos a formar parte de la Unión Europea, pero sin duda alguna es el que más relevancia ha adquirido en la historia. Y ya ha llovido bastante aquella fecha, todo sea dicho de paso.

Por tanto, me pregunto cuántos casos como éste deben repetirse hasta que nos concienciemos que el inglés es algo vital para la supervivencia y desarrollo empresarial en España. Si analizamos la repercusión o presencia a nivel internacional, observaremos que ésta se encuentra muy reducida a determinados sectores y controlada, principalmente, por personas extranjeras en sus puestos directivos. Es decir, que la gran mayoría de puestos directivos los ocupan personas de otros países, dada la escasa preparación para lidiar en inglés de aquellos que, en teoría, debieran estar al mando de la organización y dirección de la empresa. Cuando una empresa extranjera abre sus oficinas en nuestro país, cuentan con la fuerza trabajadora nacional para el desempeño de sus funciones, pero destinan a uno de sus ciudadanos a ocupar los puestos importantes. Algunos de ellos hablan algo de español, pero no resulta imprescindible conocer nuestro idioma para cumplir su labor.

Este hecho no parece resultar excesivamente relevante para las empresas, acomodadas o resignadas a su situación actual. Teniendo en cuenta que el problema se inicia desde la base, es mucho más cómodo confiar en el altruismo que viene de fuera y despreocuparse así de tomar medidas contundentes al respecto. ¿Contundentes? Bueno, eso ya depende del gobierno, la verdad. Pero, a nivel individual, sí que se puede controlar esta sangría de oportunidades perdidas con relativa sencillez.

Idiomas en la empresa

Actualmente, existen academias que imparten formación lingüística en las empresas para todos sus empleados, desde lo más bajo hasta la cima de la pirámide, que permiten actualizar los conocimientos y fomentar la práctica constante con la que lograr igualar la competitividad con el resto de países europeos. Teniendo en cuenta la diferencia de su uso y asentamiento respecto a dichas naciones, nos queda un largo camino hasta equipararnos con las mismas. Pero si no iniciamos pronto ese camino, la distancia continuará aumentando hasta perderlas de vista. La ventaja es que, una vez iniciado ese proceso de introducción y manejo del inglés dentro de la empresa, cada día que pase estaremos más cerca de igualar su marcha. Hay que tener en cuenta que es la práctica y la constancia la que convierten los pasos en zancadas y que, al fin y al cabo, aprender a hablar tiene un tope de formatos para reuniones, visitas o presentaciones. Aprender a manejarse bien en este tipo de situaciones garantiza un rápido progreso en los entornos internacionales, siempre y cuando, insisto, se decida cambiar la mentalidad y exista una continuidad.

Otro aspecto a tener en cuenta es que no estamos hablando de aprender un idioma en su totalidad, sino el que se emplea en el mundo de los negocios. Esto reduce considerablemente el volumen de vocabulario y expresiones que manejar, con el factor positivo añadido de que se emplean por igual en el resto del mundo. Por poner un ejemplo, no es necesario dominar las reglas de todos los deportes, sino solamente las del fútbol. Un futbolista puede jugar tanto en España como en Alemania sin problemas, dado que el deporte se rige por el mismo reglamento, con matices de acento en su práctica. El mundo empresarial funciona exactamente igual: un mismo idioma que se adapta a la idiosincrasia local. Pero si no se entrena, seguiremos en el banquillo el resto de nuestra vida.