Una entrevista de trabajo y una prueba de nivel tienen una cosa en común: si duran poco tiempo, mala señal. Pero sí que hay una gran diferencia: las segundas tienen un tiempo estimado medio de entre diez y quince minutos por persona. Las primeras, no.

La razón principal es que los entrevistadores tienen que hacerse una idea buena sobre los candidatos. La primera parte consiste en analizar y descubrir una serie de aptitudes para el puesto de trabajo. Esta parte es común a todas las personas, dado que se trata de un filtro básico para el puesto. Las respuestas, presencia y actitud determinarán si la persona continúa con la entrevista o se da por finalizada. Para poner una referencia, si la entrevista dura un cuarto de hora es que no somos la persona adecuada. La típica escena de las películas en las que una persona le pregunta a otra si sabe manejar un arma para ponerle al frente de una operación no sucede en la vida real.

A partir de este momento, la entrevista se podrá alargar todo el tiempo que sea necesario hasta que el entrevistador decida ponerle punto final. El motivo de esta libertad horaria se debe principalmente a extraer más información de un candidato que haya gustado. En algunas ocasiones, al cabo de cierto tiempo surge algo importante que hace que se descarte al potencial candidato. Imaginemos que la persona ha convencido al entrevistador y éste se acaba enterando de que el trabajador practica alguna actividad deportiva de alto riesgo y ya ha sufrido lesiones previas por ello. El riesgo de contratar a una persona que pueda estar de baja la mayor parte del año supone un grave problema para la empresa.

Por otro lado, se podría pensar que el tiempo de la entrevista dura el tiempo necesario para que el entrevistador tome una decisión con respecto al solicitante. No es cierto. Cuando se le pregunta a los expertos en entrevistas laborales, cada uno determina la valía o no del candidato al cabo de un tiempo determinado. Supongamos que la entrevista dura media hora. La mayoría de ellos habrán tomado su decisión al cabo de quince minutos. Eso significa que el resto del tiempo se emplea para extraer otra serie de información que pudiera ser relevante para la empresa.

Estos estudios arrojan una importante información de cara a los candidatos: los primeros quince minutos son fundamentales para obtener un puesto de trabajo. Una buena presencia, un trato educado y correcto, control del lenguaje corporal y una exposición profesional desde el primer momento son las claves del éxito en una entrevista, como hemos podido comprobar. Si el candidato se reserva lo mejor para el final o simplemente tarda demasiado tiempo en coger seguridad, se arriesga en demasía a que ese final llegue antes de lo esperado, perdiendo cualquier tipo de posibilidad de incorporarse a la plantilla de la empresa.

Un candidato podría llegar a pensar que, si habla el tiempo suficiente como para alargar el tiempo de la entrevista, dispondrá de más tiempo para convencer al entrevistador de sus cualidades para el puesto. Como comúnmente se dice, no hay que confundir la velocidad con el tocino. Una entrevista perfecta implica un reparto equitativo del tiempo empleado por cada parte al término de la misma. Es decir, que tanto entrevistador como entrevistado hablen la misma cantidad de tiempo durante la entrevista. Eso quiere decir que las respuestas deben ser breves, pero no escuetas. Al igual que las conversaciones entre amigos, si una persona se excede en su celo oratorio, acaba agotando la capacidad de escucha de sus compañeros. Lo que no se puede hacer, de ninguna manera, es responder a las preguntas del entrevistador con monosílabos. La respuesta debe ser clara, inteligible, a velocidad moderada y aportando la información que el entrevistador precisa obtener. De esta manera, en caso de que le interese saber algo más, se le permite poder hacer una nueva pregunta con la que ahondar más en la respuesta.

Así que, recapitulemos. La entrevista necesita tener una dinámica de conversación estilo “sin prisa pero sin pausa” acompañada de una buena presencia y trato durante los primeros quince minutos, fundamentales como ya hemos visto para la toma de decisión del entrevistador. Obviamente, mantendremos esta actitud y ritmo el resto del tiempo que dure el proceso. El tiempo pasa muy rápido en este tipo de situaciones, por lo que no resulta ni cansado ni pesado para el entrevistado. Eso sí, que no se le ocurra mirar el reloj para calcular cuánto tiempo lleva de entrevista porque es bastante posible que eso ponga punto final a sus posibilidades.