Quien más, quien menos, ha soltado una mentira a la hora de obtener un puesto de trabajo.  Y tal y como se encuentra la situación laboral actualmente, se puede decir que es una tónica habitual en los procesos de selección.

En algunos casos, la falacia se expresa en términos de experiencia previa o maquillando con sutil y elegante retórica aspectos determinados con el objetivo de dar la impresión de que la valía del candidato supera los requisitos estipulados por la empresa.

En el caso del idioma, los candidatos tienden a subirse el nivel sin miramientos, pensando que creen estar capacitados para demostrarlo. Al fin y al cabo, saben decir cuatro cosas básicas y han logrado entenderse cuando estaban de viaje fuera de España durante sus vacaciones o en la costa.

Y, claro, es muy difícil distinguir el verdadero nivel de un candidato a menos que se sepan realizar las preguntas adecuadas o saber analizar con precisión aspectos básicos y fundamentales de un idioma. Volviendo al tema de ser capaz de entender a una persona foránea, los equipos de recursos humanos entenderán al candidato por la mera traducción literal de determinadas expresiones.

Eso es algo inadmisible si nuestro objetivo es contratar a una persona a la que se la entienda y no que se haga entender. Y, para ello, se necesita de la labor de profesionales en test de nivel de idiomas.

Por ejemplo, uno de los engaños más frecuentes en el currículum es el de considerar un fin de semana de escapada como “haber vivido en un país extranjero”. La descripción al dedillo de la ciudad no implica el conocer la idiosincrasia de la nación, su acento, sus expresiones coloquiales o sus referencias culturales. Algo que no pasa inadvertido a los profesionales en test de idiomas.

Otro engaño bastante habitual, aunque la mayoría de veces por desconocimiento, es cuando el candidato expresa “medio” en su nivel. Los profesionales en test de nivel para empresas son expertos en asignar ese “medio” dentro de los siete niveles de conocimiento de la clasificación del Marco Común Europeo de Referencia. El nivel básico alto es donde la mayoría de los entrevistados suele acabar en la mayoría de los casos.

La otra mentirijilla que aparece en los CVs hace referencia a la fluidez a la hora de hablar. No nos engañemos; ser gárrulo no implica conocimiento de un idioma. Se requiere analizar su nivel de vocabulario tanto específico como conversacional para determinar si un candidato posee la fluidez adecuada para determinados puestos. De la misma manera, el correcto uso de las construcciones gramaticales y de figuras oratorias determinarán si una persona tiene fluidez o simplemente es locuaz.

Cuando contratamos a una persona para que desarrolle una función dentro de la empresa, tenemos que andarnos con pies de plomo para no fichar al candidato erróneo.

Por supuesto, sus conocimientos profesionales son los que más nos importarán a la hora de tomar una decisión. Pero, si falta a la verdad con el tema del idioma, eso nos indicará que, posiblemente, haya mentido en algo más. Por tanto, el factor lingüístico se convierte en un aspecto clave a la hora de comprobar las verdaderas aptitudes de los candidatos. Y ahora disponemos de un elenco de profesionales que cuidan y vigilan la seguridad en nuestra toma de decisiones.