Cantaba Arsenio Rodríguez, maestro del son montuno, que la vida es un sueño y todo se va cuando se sometió a una operación para recuperar la vista y el diagnóstico tras la intervención fue negativo. Cuando compuso esta canción, en los años 50, quería mostrar el dolor que supone despertar a la realidad después de haber soñado con la posibilidad de no seguir siendo ciego. Pero no sería la última vez que se hablara de los sueños en esta década.

Soñar no cuesta nada. Soñar es gratis. Y los sueños pueden llegar a ser realmente inspirativos, porque nos permiten imaginar situaciones no reales de una manera visual. Un sueño permitió a Einstein desarrollar la teoría de la relatividad, a James Watson la doble hélice del ADN, a Friedrich Kekulé el anillo de benceno y a Samuel Taylor Coleridge, con la ayuda de un opiáceo, escribir su famoso Kubla Khan.

Ese aonio momento, esa pimplea revelación llevó a una serie de científicos a elucubrar sobre las posibilidades subliminales de los sueños. Todos hemos oído hablar del famoso experimento realizado en un cine por James Vicary en 1957, donde proyectó anuncios de un conocido refresco y de palomitas de maíz con una duración de 1/3000 segundos durante la película. Imperceptibles al ojo humano, el objetivo de su experimento era el de comprobar si se podía afectar el comportamiento humano a través del inconsciente cerebral. Los resultados fueron muy positivos. Lamentablemente, estaban contaminados por una serie de factores externos. No obstante, muchos se lo creyeron y empezó a propagarse una endémica obsesión con la manipulación mental por parte de los medios. La realidad es que lo que no percibimos a través de los sentidos no lo entiende el cerebro.

Sigamos en los 50. Época de la Guerra Fría, de los primeros estudios sobre el lavado de cerebro, de las posibilidades de crear asesinos y un montón de descerebradas ideas nuevas nacidas durante el creciente despegue de la psicología. Debido a un invento de Alois Salinger llamado psicófono a finales de los años 20, empezó a tomarse como real la hipnopedia – aprender durmiendo-, hasta que Charles Simon y William Emmons decidieron realizar una electroencefalografía (EEG) a unos sujetos experimentales en el año 56. La EEG explora la actividad bioeléctrica cerebral en momentos de reposo a través de unos electrodos. Los resultados fueron concluyentes: la hipnopedia no es factible. Ninguno de los sujetos aprendió nada.

Aprender inglés durmiendo

Cuando dormimos, el cerebro procede a desconectar casi completamente la función motora del organismo, para que descansen nuestros miembros. Y digo casi porque cuando soñamos que nos caemos, nuestras piernas se agitan de golpe para despertarnos. Pero el cerebro sigue funcionando, solo que de otra manera. Al estar libre de controlar que nuestro cuerpo obedezca sus instrucciones, procede a reflexionar sobre lo sucedido en el día. Como cuando nos quedamos pensando con una copa de vino antes de acostarnos. Solo que la copa de vino, en este caso, se llama hipocampo, el hogar de los recuerdos. Por esa razón, si has estado estudiando antes, podrás asentar los conceptos si tu cerebro decide analizarlos. Un ejemplo es la gente que tiene pesadillas después de ver una película de terror.

Pero el procedimiento no es tan sencillo. La mayoría de la gente recuerda brevemente lo que ha soñado o nada en absoluto. Eso no significa que no se haya soñado. Un equipo de investigadores neurocientíficos de Lyon, dirigidos por Perrine Ruby, realizó una tomografía por emisión de positrones (PET) y descubrió que la gente que recuerda sus sueños mostraban una mayor actividad en la unión temporo-parietal (TPJ) del cerebro. Esto quiere decir que las personas que son más reactivas a los estímulos medioambientales y se despiertan más durante el sueño suelen recordarlos.

Lo que nos lleva a analizar las fases del sueño. Soñar es un proceso dividido en varias partes. Vamos a resumirlas como sueño ligero, sueño profundo y sueño REM. Durante la primera, el ritmo cardiaco y respiratorio se ralentizan. A veces el cerebro se desvanece del cuerpo y manda estímulos para localizarlo, dando lugar a las célebres patadas o tics. También podemos tener alucinaciones. Después entramos en sueño profundo, donde ni se producen sueños ni nada nos puede despertar, hasta que entramos en la última fase, la REM. Aquí se produce el sueño.

Las alucinaciones se dividen en dos tipos: antes de entrar en sueño profundo y después del sueño REM. Las primeras se denominan hipnagógicas y las segundas hipnopómpicas. Se producen cuando factores externos se mezclan con la etapa de vigilia, provocando una mezcla entre realidad y ficción. Es en este momento cuando somos más receptivos a lo que suceda en el exterior. Se podría pensar que, entonces, el aprendizaje de inglés mediante el sueño es factible. En realidad es cuando tenemos visiones de apariciones en el cuarto o escuchamos la televisión interviniendo en nuestro sueño. Por cierto, suelen aparecer con más facilidad después de consumir alcohol.

Sin embargo, todavía existen métodos para aprender inglés durmiendo, que reniegan de la evidencia científica y de los estudios neurológicos realizados sobre los sueños. No es un mundo perfecto; hay gente demasiado codiciosa que intenta aprovecharse de la ignorancia humana para hacer caja. Si quieres aprender inglés con garantías, recurre a las clases, bien sean presenciales o telefónicas. Que no te quiten el sueño. Lo demás son tonterías de gente con el corazón de hielo, como cantaba Arsenio Rodríguez.