Si echamos un vistazo a los anuncios de cursos de inglés ofertados, veremos imágenes de diferentes personas que no se adecuan a la realidad. Algo así como las fotos de las hamburguesas en los restaurantes de comida rápida. El motivo es que ofrecen cursos tan genéricos que intentan aglutinar a todos los estratos para mostrar su carácter internacional.

En el mundo laboral, sabemos que el inglés se ha convertido en el idioma escogido para desarrollar los negocios de manera global. Su importancia es tan grande que, dependiendo de su correcto uso, se pueden obtener o perder contratos con suma facilidad. Si estamos compitiendo contra otra empresa de las mismas características que la nuestra, el mero hecho de que sepan exponer y presentar su oferta de una manera más profesional a nivel oral que nosotros resultará determinante en la toma de decisión final. A nosotros nos queda la simpatía y costosos regalos. Ése no es el camino.

El problema, que no es nuevo sino de arraigado abolengo en la sociedad española, es que hacemos aguas con los idiomas de una manera espectacular. Podemos contar con los dedos de una mano a los empleados que se pueden manejar con cierta solvencia en ámbitos internacionales. Si cruzamos la frontera, observamos incrédulos lo mejor preparadas que están el resto de plantillas en el terreno lingüístico. Ahí reside su principal ventaja competitiva con respecto a nosotros.

Podemos exigir que las nuevas generaciones reciban una mejor formación en este aspecto, pero, en el ínterin, sería más conveniente focalizar los esfuerzos y recursos en mejorar las virtudes de nuestros empleados. Al fin y al cabo, ya tienen la experiencia de la que adolecen los nuevos. Es cuestión de encontrar la mejor manera de que la sepan explotar en otro idioma.

Aprender inglés en la oficina

Los cursos de inglés para empresas permiten transformar esas carencias desde dentro de la oficina, a través de didácticas clases prácticas con el inglés de los negocios. Por un lado, les sirve de entrenamiento para afrontar con solvencia las vicisitudes del futuro. Por otro, emplean en idioma en el mismo centro de trabajo, acostumbrándolos a su uso habitual en la oficina. Digamos que es la diferencia entre aprender a pescar en un aula a hacerlo en un río o lago.

Los profesores que imparten esta especialidad lingüística son hombres y mujeres nativos con años de experiencia sobre sus espaldas en cualquier tipo de empresa. Por esa razón conocen cada vericueto al que se enfrentan sus alumnos cada vez que inician su camino por la senda del inglés. Especialmente a la hora de interactuar oralmente, el factor capital de las comunicaciones. Porque el objetivo es poder competir de tú a tú con la competencia para crecer y extender el negocio. Y hablando se entiende la gente.

Por regla general, los empleados que intentan formarse de manera externa y por su cuenta, no logran sacarle el máximo partido a sus cursos por falta de flexibilidad tanto temporal como laboral. La mejor manera para optimizar estos recursos es desde dentro de la empresa. Aprender inglés en la oficina ahorra desplazamientos y saca partido a horas no productivas de la empresa. Para el empleado, esto supone un plus de motivación extra. No supone un coste para su bolsillo y le permite actualizarse de manera inmediata sin moverse de su silla.

Pero los trabajadores disfrutan de muchas más ventajas con los cursos de inglés para empresas. Para muchos de ellos, es la primera vez que tienen contacto con esta lengua. Nunca es demasiado tarde para aprender, pero siempre es tarde para ponerse a ello. Ahora no. La satisfacción que esto genera repercute positivamente en su rendimiento. El mero hecho de poder entender y comunicarse de una manera básica supone una alegría rejuvenecedora para muchos de ellos.

Por otro lado, aquellos que tienen conocimientos medios o por encima, logran romper esa barrera comunicativa que les encierra al poder ponerlos en práctica. Para este tipo de empleados es importante no hundirse en las arenas movedizas de la inacción verbal ya que, como el paso del tiempo, va borrando poco a poco cualquier vestigio de su entendimiento. Por el contrario, a medida que lo ponen en práctica más y más, van ganando confianza y seguridad, aspecto muy favorable para el crecimiento. Tanto personal como empresarial.

Finalmente, aquellos empleados más destacados tienen por fin un medio a su alcance que les permita dar ese salto de calidad que les faltaba a nivel internacional. Con la conversación y la práctica habitual en inglés global, pueden crecer de tal manera que se conviertan en los representantes de la empresa, en verdaderos embajadores de nuestro negocio.

Ésta es la realidad que supone aprender inglés en la oficina: potenciando particulares, fortalecemos la competitividad.