Un candidato a un trabajo puede presentar una serie de credenciales que demuestren su capacidad laboral. Por ejemplo, sus estudios universitarios, algún máster específico, experiencia laboral en otra(s) empresa(s) junto con las funciones que desempeñaba o trabajos realizados como muestra más tangible de su competencia.

Los conocimientos informáticos se ven corroborados, a su vez, tanto por los estudios realizados como por su experiencia previa. Un creador de páginas web con tres años en otra empresa dedicándose a la su diseño e implementación nos indica que está versado en programas como Photoshop, Flash, Dreamweaver y lenguajes informáticos como HTML y CSS. Los programas de Office son inherentes a determinados puestos administrativos. Y programas tipo SAP indican que están instruidos en contabilidad informática. Su nivel de dominio o virtuosismo dependerá del puesto que soliciten. Pero, por regla general, sabemos que aquellos que los manejan saben realizar, como mínimo, las funciones básicas que su puesto requiere.

Todo eso está muy bien. Mucho mejor si saben idiomas. El problema es que, antes, con saber construir frases era suficiente. Se sabía que el inglés era importante, pero tampoco vital para desempeñar un trabajo eficientemente. Ahora, por el contrario, sí que lo es. Lo cual ha provocado un serio problema para los departamentos de Recursos Humanos, que se encuentran con la incertidumbre de resolver el  siguiente enigma: ¿Cómo conocer el nivel de inglés de un candidato?

Por un lado, al igual que con la información profesional y técnica, pueden mencionar cursos realizados y títulos obtenidos por la escuela oficial de idiomas. Por otro, observar si han pasado tiempo en un país extranjero o dentro de un entorno laboral internacional. Independientemente de todo eso, no tienen un sistema adecuado que les permita decir con seguridad cuál es el nivel de inglés real del candidato.

¿Por qué el idioma es diferente al resto de requisitos si las referencias están ahí, impresas sobre el papel, mostrando los conocimientos sin trampa ni cartón?

El motivo es muy sencillo: el resto de conocimientos no se realizan hablando. Una persona puede haberse sacado un título hace diez años y no haber utilizado el idioma desde entonces. O simplemente ha deducido alguno de los niveles especificados – bajo, medio, alto – por eliminación.

Para conocer el nivel de inglés del candidato es necesario mantener una conversación – más que una entrevista – en la que valorar adecuadamente los aspectos particulares y representativos del idioma. Los test de inglés para empresas analizan en profundidad a cada candidato con el fin de determinar su verdadero nivel y capacitación para desenvolverse adecuadamente en el trabajo.

Según el trabajo ofertado, el candidato deberá demostrar su potencial a la hora de enfrentarse a situaciones habituales. Un directivo, por ejemplo, debe ser capaz de realizar presentaciones profesionales empleando lenguaje técnico y específico de este tipo de reuniones. Alguien que vaya a trabajar en un call center debe de tener una buena capacidad auditiva y un manejo del lenguaje que permita atender correctamente a los clientes.

Entonces, ¿cómo se analiza cada una de estas cosas? En realidad no son test independientes, según el puesto ofertado. Lo que este tipo de pruebas mide es su capacidad oral y auditiva con precisión suiza. Se analiza el empleo gramatical y de vocabulario por un lado. Su acento, pronunciación y manejo del estilo formal e informal por otro. También presta atención a su capacidad expresiva dependiendo del tema. Y, finalmente, su capacidad auditiva y de comprensión. Resumiendo; al término de la conversación tendremos una muestra precisa de su habilidad oral y auditiva.

Los resultados se presentan en un informe desglosado por cada apartado, para que la empresa vea cuáles son los puntos fuertes que presenta cada candidato. Al final del mismo, se aglutinan los resultados dentro de los niveles homologados por el Mercado Común Europeo de  Referencia (MCER). Es decir, que sabremos si tiene un nivel Básico, Intermedio o Avanzado. Además, cada uno de ellos está subdividido para mostrar un nivel más real y ajustado a la realidad.

Gracias a este sistema, la empresa sabrá perfectamente cuáles son las cualidades de los futuros empleados sin riesgos a cometer errores. Es una visión más precisa del verdadero nivel de inglés dentro del entorno europeo. Este dato supone una indudable ventaja para poder ajustarse a los requisitos idiomáticos internacionales. Permite adecuar los recursos a puestos determinados que, o bien están muy descuidados o carecen de alguien que les permita consolidar y fortalecer la comunicación en el desarrollo del negocio.