Cuando estábamos en el colegio o en el instituto, estudiar era prácticamente la única responsabilidad que teníamos en nuestras vidas. Sacar buenas notas se asociaba a poder disfrutar de unas vacaciones de verano sin tener que tocar un libro de texto durante un par de meses y pico. En la universidad, sin embargo, la cosa iba más en serio. Y pensábamos que, una vez encontrado un trabajo, podíamos olvidarnos de esa tediosa y pesada actividad de una vez por todas.

Curiosamente, uno aprecia más el estudio cuantos más años tiene. Resulta más sencillo hacerlo, se disfruta más la adquisición de conocimientos y hasta desaparecen los nervios previos a los exámenes. ¿Motivo? Lo hacemos de manera voluntaria y no obligada, lo que se transforma en una actividad agradable para nuestro cerebro. Hablando de este órgano, no deja de ser irónico que, ahora que es más receptivo al estudio, carece de la frescura y capacidad que teníamos de pequeños. O eso nos han hecho creer.

Cierto es que nadie es inmune al paso del tiempo. Nuestros órganos sufren las vicisitudes propias de la edad, como la vista cansada, la pérdida de agilidad, lagunas en la memoria o disminución a la resistencia al alcohol con prolongadas resacas. Pero también tiene sus ventajas, al aumentar nuestra experiencia y mejorar la capacidad interpretativa y asociativa, lo que nos aporta una ventaja crucial a la hora de iniciar el estudio. Y lo vamos a ver con los siguientes consejos.

El primero, sacarle todo el partido a nuestro interés. Nos hemos acostumbrado a aprender cómo funciona el mundo adulto, sus leyes, sus formas de trabajo, la psicología de las personas y otras tantas cosas que son importantes, pero no por ello deseadas. Por tanto, nuestro cerebro está fresco. Basta encontrar algo que le motive para sacar lo mejor del mismo. Por ejemplo, alguien que quiera aprender a tocar la guitarra, memoriza en cuestión de segundos los múltiples nombres y modelos de los instrumentos, reconociéndolos de inmediato nada más verlos e, incluso, escucharlos. Es decir, su interés le motiva a documentarse sobre una materia para aprender sobre ella.

Estudiar de forma continua

Ese interés provoca una especie de obsesión, en el buen sentido. Todos los días dedica un momento, breve o extenso, a continuar su aprendizaje sobre el tema. En el caso de la guitarra, ensayará los acordes, riffs o punteos en sus ratos libres, con el fin de mejorar y adquirir soltura mecánica en sus movimientos, lo que Bourdieu definió acertadamente como habitus. Práctica y constancia, para no enredarnos en complejos términos sociológicos que demuestran que no es necesaria una fuerte memoria sino un uso repetitivo la clave para asentar el aprendizaje.

En el caso del estudio de un idioma, la documentación la tenemos en su gramática y vocabulario mientras que la práctica mecánicamente “obsesiva” se encuentra en su uso diario. Se puede argumentar que un idioma no es una actividad tan física como la guitarra, pero en ambos casos el objetivo es lograr obtener el sonido correcto.

El siguiente consejo es el de hacer un esfuerzo. Sin él, el objeto estudiado se convertirá en un mero pasatiempo, un hobby con el que ocupar las horas de ocio, lo que acaba haciendo perder intensidad en su uso o reemplazarlo por otra actividad que despierte nuestro interés. El esfuerzo consiste en, una vez más, obligarse a continuar hasta el final del curso e incorporar los conocimientos en nuestra vida diaria. Pero nos topamos con un problema para ello: el tiempo. Es por esta razón que los cursos de formación para empresas permiten a los trabajadores disponer de tiempo para poder aprender y practicarlo dentro de la misma, evitando desplazamientos o conflicto horario con otras obligaciones personales.

Por último, debemos integrar el estudio en nuestras vidas de manera práctica para naturalizarnos con el mismo e integrarlo de manera activa como nuevo conocimiento. Los ejercicios que se puedan hacer en casa nos ayudan a consolidar la estructura del mismo dentro de la cabeza, pero también ver las noticias, series o películas en inglés ayuda a repasar y entender toda la teoría. Tampoco descartéis el mágico poder del canto, puesto que permite aprender fonética, al fin y al cabo, de manera mucho más amena.

Estudia idiomas de la forma más sencilla y eficaz con Babelia Formación.