Todo proceso de selección implica recopilar una larga serie de candidatos para, posteriormente, ir descartando a la gran mayoría hasta encontrar a los que mejor se adapten a las necesidades del puesto de trabajo. La razón de que se haga de esta manera se debe a que no siempre todos los candidatos responden a la perfección a lo que la empresa espera de ellos, en especial en esta época en la que vivimos donde, por pedir, que no quede.

No obstante, los idiomas se han convertido en un requisito básico y su conocimiento determinará las posibilidades de optar por un puesto… o conseguirlo.

Durante los procesos de selección, la prueba de idioma puede realizarse tanto al principio como al final del proceso.  No obstante, dada su importancia en el mundo laboral actual, lo habitual es que ésta se deje para el final y acabe determinando las posibilidades reales de obtención del puesto de trabajo entre los candidatos restantes.

Pero vayamos mejor por partes. Cuando se abre un proceso de selección, los encuestadores analizan los currículos recibidos y descartan aquellos que no cumplen una serie de requisitos mínimos, como puedan ser la experiencia, la formación técnica, el determinado manejo de ciertas herramientas o no disponer de un nivel de inglés mínimo deseado. De aquellos que pasen esta primera criba, el siguiente paso que les espera es el de la entrevista personal.

Lamentablemente, no vivimos en un mundo perfecto y muchos tienden a falsear la información que presentan en los procesos. Especialmente en lo que al inglés se refiere. Algunas empresas escogen la realización de una prueba de inglés escrita como previo al siguiente paso, para descartar a aquellos que no alcancen una nota mínima. Claro está, el azar o el factor suerte pueden contaminar estos resultados, por lo que el siguiente paso consistirá en realizar una prueba oral a los solicitantes.

La prueba oral que se hacía en la empresa al término de la personal ya forma parte de la historia. Los equipos de recursos humanos necesitan disponer de datos que garanticen un nivel de idiomas real y homologado. Por tanto contarán con una serie de profesionales que se encargarán de redactar un informe donde el margen de error sea nulo y que el nivel de idiomas del potencial empleado responda con creces a la realidad esperada por parte de la empresa.

El nivel de inglés en una entrevista oral

¿Cómo se determina este nivel real en una entrevista oral? A través de cuatro fases. La primera y segunda analizan la capacidad oral del entrevistado mientras que las dos últimas la auditiva. De esta manera, el entrevistador comprobará el conocimiento gramatical y de vocabulario del solicitante –que conformará un porcentaje del total de la nota final- junto con su fluidez a la hora de expresarse. No todos los trabajos requieren de alguien que sepa hablar por los codos sino que, cuando le toque hacerlo, sea capaz de expresarse con precisión y corrección. Por este motivo, la primera fase atiende al conocimiento técnico y el segundo al expresivo, que incluye entonación y pronunciación. Tener un alto conocimiento de vocabulario o gramática es irrelevante si el futuro interlocutor no va a ser capaz de entender lo que le diga. Es más conveniente hablar poco y bien que mucho y mal.

En cuanto a la segunda fase –tercera y cuarta, en realidad-, el entrevistador prestará atención a la capacidad auditiva del solicitante. Esta consiste en ser capaz de entender sin problemas cuando una persona se dirija a él y también en la capacidad de escuchar sin precisar de repeticiones.

En muchos casos, los solicitantes se muestran más sólidos en una parte que en la otra. Y generalmente suele ser la primera. Para poder determinar el nivel verdadero del entrevistado, este debe demostrar que es capaz de hablar como entiende y viceversa. Por esa razón, suele ser la parte auditiva la que ejerza de criba al final de la entrevista, descartando a varios solicitantes con buen conocimiento del idioma, pero muy pobre capacidad de entendimiento.