A veces, un problema se convierte en una ventaja. Otras veces, requiere una solución que modifica nuestra rutina habitual. Pero si la solución resulta ser una ventaja y, en lugar de exigirnos un esfuerzo nos regala una ventaja competitiva, el esfuerzo se transformará en una alegría.

Hablamos, por supuesto, de estudiar idiomas en la empresa mediante la formación in company, la modalidad de estudio que está de moda en el mundo corporativo actual. Probablemente hayáis oído hablar de ella, pero ¿en qué consiste en realidad? ¿Se trata de un curso de idiomas? ¿Hay exámenes? ¿Requiere un estudio constante de la materia? Todas esas preguntas van a ser contestadas a continuación, si estáis dispuestos a conocer la metodología que la ha hecho tan popular.

La historia comienza cuando Europa decide prescindir de sus fronteras y abrir su economía a los países miembros de una comunidad en la que cada país tenía su propio idioma, pero empleaban el inglés para comunicarse entre las diferentes empresas. En algunos casos, también a nivel interno. ¿Por qué el inglés? Porque, tras la Segunda Guerra Mundial, los americanos reavivaron el comercio continental con sus productos, su música, su cine y resto de cultura que, claro, incorporaba su idioma en todo el proceso. España, país neutral durante la contienda, permaneció al margen de los cambios que se produjeron en la segunda mitad del siglo XX casi hasta que la centuria se despedía de la Historia.

Pese a las evidentes demostraciones de nuestra inferioridad lingüística, la globalización no había terminado de desarrollarse o asentarse, por lo que el inglés era un requisito deseado en las empresas, aunque no fundamental. Al fin y al cabo, su necesidad se limitaba a una serie de aspectos concretos que podían encargarse a otra persona o salir del paso de una manera u otra. Con la llegada de las tecnologías informáticas, todo se transformó y, de pronto, nos vimos sobre el escenario del teatro económico improvisando el guión.

Los cursos a través de academia no terminaban de dar los resultados esperados, además de que la urgencia no permitía demorarse demasiado con los sistemas tradicionales de aprendizaje. Para ponerse las pilas, las empresas se dieron cuenta que necesitaban una formación específica para sus empleados, similar a la empleada para actualizar la informática de la empresa. Pero un idioma no es un programa de ordenador que se pueda aprender su manejo en un mes, sino un sistema de comunicación algo más complejo y largo de dominar. Por otro lado, la necesidad principal no formaba parte de ningún temario existente, así que los cursos no ofrecían la garantía de que sirvieran para poder entender la jerga de sus colegas europeos –o internacionales, puesto el caso. Ante el problema, apareció la solución: cursos de formación especializados en inglés para empresas.

Los cursos de formación in Company:

La ventaja de su temario particular no solamente reside en que se centra en la forma de hablar en el trabajo, sino que se aplica a los casos particulares que necesiten sus alumnos. Por ejemplo, aquellas personas que necesiten realizar atención telefónica en inglés aprenderán la manera profesional de responder las llamadas recibidas mientras que los directivos con reuniones o presentaciones semanales podrán aprender y practicar su estilo de comunicación durante las clases. En cualquiera de los casos que se puedan dar, contarán con la ayuda de profesores nativos especializados en la impartición de clases para empresas en inglés.

Porque la formación in company, y de paso aprovecho para responder a las preguntas formuladas al principio de este artículo, se trata, sí, de un curso de idiomas, solo que centrado en un aspecto concreto (negocios) y de manera práctica en su mayoría. Los exámenes los tiene el alumno cada día en la oficina, dependiendo del mismo su aprendizaje a través de su empleo y no tanto su estudio. Esa combinación de práctica con gotitas de teoría convierte a los cursos de formación in company en una modalidad atractiva para aprender idiomas en la actualidad y, si los alumnos saben aprovecharlos bien, descubrirán cómo su nivel de inglés se equipara al de sus homólogos europeos, con las posibilidades que les ofrece en el futuro laboral.