En la Apología de Sócrates de Platón, aparece la famosa frase de «sólo sé que no sé nada», que muchos interpretan de manera excesivamente literal cuando, en realidad, se refiere a que nadie puede estar seguro al 100% de la certeza de las cosas, por muy evidentes que éstas puedan ser.

No obstante, la necesidad humana de cuantificar las cosas alcanzó al conocimiento y a la habilidad con el paso del tiempo. Al igual que las antiguas medidas de peso y distancia se unificaron en el sistema métrico decimal, la sapiencia adquirió unos baremos de control estándares con las notas de los exámenes. En cierta manera, todo aquel que pudiera demostrar manejarse sin problemas con un tema determinado recibía un título que certificaba la posesión de un nivel de sabiduría determinado.

El inglés, como todos los idiomas, posee unas estructuras gramaticales que representan las reglas de un juego cuyas fichas conforma el vocabulario. Es prácticamente imposible conocer todas las palabras que existen en un idioma, pero las reglas son, a priori, más sencillas de dominar. Claro está que hay excepciones y peculiaridades, lo que supone un dominio mayor del lenguaje si se conocen y emplean con corrección. Pero no nos olvidemos que un idioma se habla, por lo que la pronunciación y entonación tienen el mismo peso en el resultado final.

La manera habitual de cuantificar el nivel de un idioma se realiza a través de exámenes oficiales, creados y desarrollados por universidades y profesionales. Pero ante la necesidad de las empresas y los negocios por asegurarse que el resultado se adecúe a sus expectativas, disponemos en la actualidad de un rosario de exámenes que determinan nuestro nivel pero tal vez no sean los adecuados para un determinado puesto de trabajo. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las pruebas oficiales determinan un conocimiento global o genérico del inglés, dejando de lado factores específicos que pueden resultar determinantes en el futuro. Por esa razón, conviene saber para qué sirve cada título.

Los principales exámenes de inglés

Comencemos por los exámenes de inglés más populares y conocidos entre la población: los exámenes oficiales de Cambridge. Nombres como PET, First, Advanced o Proficiency forman parte de nuestra cultura actual. Pero, ¿en qué se diferencian? Muy sencillo; el nivel que representan. El PET equivale a un nivel intermedio llamado B1. El First, un intermedio avanzado conocido como B2. El Advanced, como su propio nombre indica, es el primero de los títulos avanzados (C1) y el Proficiency el más alto de todos ellos (C2). Teniendo en cuenta que las empresas suelen pedir un nivel B2 para sus trabajadores, esta guía nos ayudará a escoger el mejor examen en función de nuestras necesidades.

No obstante, los exámenes de Cambridge valoran el conocimiento global del idioma y algunos trabajos requieren de un buen dominio oral por encima del resto. Para estos casos, tenemos el GESE y el ISE del Trinity College, más especializados en entonación, pronunciación y expresión, especialmente el primero de ellos.

Como bien sabemos, el inglés es un idioma que se habla en varios lugares del mundo como lengua madre. Pero no es exactamente el mismo. Los exámenes que hemos presentado hasta ahora son británicos, lo cual supone un ligero inconveniente para los americanos. No es que el idioma sea diametralmente distinto, que quede claro; la base del idioma es la misma. Pero si una persona quiere cursar estudios universitarios en Estados Unidos –u otra en otra parte del mundo-, deberá acreditar otro tipo de conocimientos. Y éstos los certifica un examen llamado TOELF, más centrado en el entorno académico.

¿Y para trabajar? En ese caso, las empresas americanas tienen predilección por el TOEIC, de tipo test. El ámbito laboral difiere del académico en su práctica y desarrollo. Muchas personas desconocen la existencia de este segundo examen y se presentan al TOELF por error. Por cierto; ambos tienen una vigencia de dos años, por lo que conviene no descuidarlo tras su obtención.

El equivalente británico para cursar estudios o trabajar en el extranjero se llama IELTS, que se divide en dos exámenes distintos en función de su objetivo final: academics y general training. Y también caduca a los dos años de su obtención.