Uno no sabe lo que es el mar mojándose los pies, sino zambulléndose de lleno en sus aguas. En cuando el cuerpo se ve ungido de su salado líquido, surge un instinto primario que nos permite flotar, nadar y disfrutar del chapuzón. Pero si llevamos tiempo en territorio secano, podemos tardar cierto tiempo en acostumbrarnos a esa extraña densidad que son hunde a la vez que sostiene mientras el cuerpo se adapta a los nuevos movimientos que requiere la movilidad en dicho entorno acuático.

La inmersión lingüística en inglés para empresas produce un placer similar a los trabajadores al cabo de un tiempo, aunque al principio tengan que buscar una zona donde hacer pie, tragar agua o botar frotándose un oído. Pero nadie se ahoga, siempre y cuando cuenten con un buen socorrista en la orilla.

Hasta ahora, el concepto de inmersión lingüística quedaba reservada para los jóvenes que pasaban un tiempo intensivo en otro país compartiendo su vida con una familia a la par que cursaban estudios en una escuela. Algo similar sucede con los inmigrantes, a los que la necesidad agudiza el interés por aprender el idioma que les abra oportunidades profesionales cuanto antes o, cuanto menos, entender a sus compañeros de trabajo. Recientemente hemos descubierto otra modalidad que implica viajar, pero dentro de territorio doméstico: los pueblos en inglés. Sin embargo, ¿cómo se puede aplicar este concepto de aprendizaje dentro de una empresa?

La comparación con el mar se debe a que la mayor parte del tiempo el inglés moja sus pies en el trabajo en lugar de sumergirse en el mismo. Esto implica no esforzarse en desarrollar su labor en otro idioma al completo o quedarse en su zona de confort sin dar un paso adelante. El resultado, como bien sabemos, es el de quedarse en el mismo sitio todo el rato. Dada la importancia del idioma inglés en el mundo de los negocios, desconocer su manejo es algo parecido a no saber nadar.

Cursos en la empresa

Para romper ese miedo a introducirse en el nuevo elemento, no hay mejor manera que coger carrerilla y meternos de lleno dentro. No obstante, ante la reticencia habitual, las empresas ofrecen el empujón necesario a través de varias fórmulas igual de satisfactorias. Hemos hablado antes de los pueblos de nuestra geografía que, durante una parte del año, se convierten en pequeñas comunidades anglófilas. Sin necesidad de pasar las vacaciones en uno de ellos, los empleados pueden pasar un fin de semana intensivo practicando, aprendiendo y mejorando su inglés con profesores nativos que les ofrezcan el refuerzo necesario para orientarlos en su estancia. Al principio es una situación a la que hay que adaptarse, pero en pocas horas los miedos se van quedando en el ejido y la nueva lengua entre las calles. Independientemente del grado de aprovechamiento que se haga del curso intensivo, el empleado ganará seguridad y constancia en su manejo del idioma.

No suena mal, ¿verdad? Aunque alguno puede decir que se le queda corto de tiempo entre viaje de ida y viaje de vuelta, por no añadir el problema de la dificultad en su continuidad si tiene una familia a su cargo. Para paliar ese problema, la siguiente opción es la de realizar un curso intensivo dentro de la propia empresa. Muchos trabajadores extranjeros que vienen a España solicitan cursos intensivos de una semana previa a su incorporación al puesto de trabajo, para empaparse de la lengua dentro del entorno laboral. Lo mismo pueden hacer los españoles con el inglés mediante la impartición constante de clases diarias. Una hora será menos intensiva que seis pero, a la larga, da sus frutos. Otra alternativa muy aconsejable es la de realizar el curso intensivo durante los meses de verano que se trabaje en la oficina. Dado que el volumen de trabajo se reduce de manera considerable en la época estival y que el ambiente es más distendido, un curso intensivo de inglés permitirá al trabajador aprovechar la relajación de la época para refrescar su nivel de inglés y fluidez antes de iniciar el nuevo curso laboral. Pero, esta vez, estará preparado para nadar entre las olas.