objetivos de un plan de formacion

Un bloque de mármol o una mena de cobre tienen un gran valor no por lo que son sino por lo que pueden ser. Es decir, la forma que van a recibir. El impresionante David de Miguel Ángel o la iluminación en las calles de una ciudad son ejemplos de cómo algo basto se puede transformar en algo hermoso o útil dándole la forma adecuada. El artista nacido en la toscana ciudad de Caprese estaba convencido de que dentro de cada bloque con el que trabajaba habitaba un alma en su interior que se esforzaba en extraer, lo que en la actualidad podemos definir, con términos más laicos, como el potencial del individuo. Y, en nuestro caso, ese individuo aparece representado por la figura del trabajador.

Un plan de formación persigue, fundamentalmente, la mejora en el rendimiento laboral mediante un aumento de los conocimientos de los trabajadores. Estos conocimientos pueden ser nuevos, como en el caso de la implementación de un nuevo programa informático, técnicas de ventas o análisis financiero. Si observamos el tremendo desarrollo de la tecnología en los últimos diez años, no nos sorprende que cada vez nos quedemos desfasados con mayor velocidad, algo contraproducente a nivel competitivo dentro del mercado. Pero en otras situaciones, lo que realmente sucede es que ese desfase se debe a una necesidad de reciclaje de conocimientos ya adquiridos.

Los objetivos principales de un plan de formación se centrarán en las principales necesidades que tengan los empleados. Por ejemplo, cuando aparecieron los primeros terminales informáticos en las sucursales bancarias, los empleados tuvieron que aprender cómo ejecutar las operaciones que ya sabían realizar con esas nuevas máquinas. Y estoy hablando de sistemas operativos en MS-DOS y en una era pre-ratón. La irrupción de Windows y su herramienta para manejar el cursor provocó un caos tan grande que de nuevo se precisó un nuevo curso de formación cuyo objetivo era el de explicar tanto el funcionamiento del nuevo sistema operativo cómo manejar el nuevo aparato – he visto a interventores moviéndolo encima de la pantalla. En ambos casos, el plan de formación se centraba en aportar conocimientos, cambiar las actitudes y enseñar una nueva técnica de trabajo con una herramienta desconocida.

No obstante, a veces la formación no espera a encontrarse con una carencia cognoscitiva o técnica de los trabajadores sino que pretende implantar una nueva metodología o ideología. La igualdad de géneros en el trabajo, el respeto al medio ambiente, la necesidad de mejorar el feedback entre departamentos, los riesgos laborales o la globalización dentro del mundo de los negocios ha obligado a muchas empresas a formar a sus empleados no en nuevas técnicas de trabajo sino en una modificación de su comportamiento social y laboral para eliminar ciertas deficiencias observadas.

Pero otras veces sucede que ambos planes de formación se solapan en sus objetivos y necesidades. Como puede ser el caso del inglés en el puesto de trabajo. Por un lado, para algunos supone un conocimiento nuevo mientras otros se ven obligados a reciclar esos conocimientos.  Sin embargo, con la formación de la Unión Europea, el inglés se convirtió en el idioma empleado para los negocios, obligando a las empresas a actualizarse con el fin de mejorar su rendimiento y no quedarse descolgadas con respecto al resto del mercado internacional. Esto obligó a modificar los objetivos del anterior plan de formación, puesto que ahora era necesario saber emplearlo dentro de un entorno internacional y en la propia empresa. Es decir, que de recibir conocimientos generales se pasó a la formación en un contexto profesional.

Como podemos comprobar, lo que persiguen los planes de formación es moldear a los empleados a las necesidades laborales tanto propias como de la empresa para mejorar su competitividad, aumentar la satisfacción personal – en el momento que dejamos de aprender, nos transformamos en sombras robóticas-, simplificar el tiempo empleado para ganar eficiencia y eliminar las taras o problemas que nos hagan perder valor profesional. Las empresas deben recordar que el mundo empresarial está cada vez más vivo y las exigencias del mercado piden actualizaciones cada vez más constantes. Una buena planificación de los objetivos en la formación obtendrá una plantilla mejor cualificada dentro de una empresa mejorada.