Un idioma se caracteriza por una serie de reglas gramaticales, un extenso vocabulario y una escritura determinada que se puede imprimir en libros accesibles a todas las personas. Eso está muy bien, pero plantea dos problemas. Uno de ellos es la pronunciación –intentad aprender francés sin apoyo fonético- y el otro el contenido, puesto que la riqueza lingüística y peculiaridades de su composición requerirían tomos faraónicos en su composición. No obstante, resultan muy útiles para comprender su funcionamiento y entendimiento práctico. Pero no para hablarlo.

Por otro lado, el lenguaje no es un elemento estático sino tremendamente dinámico que, además, tiene ciertas peculiaridades a la hora de emplearse. Dependiendo de nuestro sector de trabajo, la terminología y la manera de expresarse variarán en función de la profesión. Una conversación entre abogados y otra entre informáticos es la manera más rápida de comprender cuán distinto suena en mismo idioma en función de quién lo esté hablando. La enseñanza del idioma tradicional se enfoca más bien en un estilo genérico o estándar, comprensible para todos, pero poco adecuado a nivel profesional.

Los profesores nativos se encargan de transmitir esas bases oficiales del idioma no de manera genérica sino adaptada a determinadas circunstancias. Es decir, que emplean esos elementos de tal manera que cobren vida. Todos conocemos una serie de verbos básicos a los que damos uso de manera casi abusiva sin tener en cuenta que existen otros más habituales en su uso para determinados casos. Y esos casos no figuran en los libros de idiomas. Porque no es lo mismo decir I slept que I dozed off, aunque su significado final sea el mismo.

Además, un profesor nativo posee la pronunciación adecuada de serie, dado que es su lengua materna. Teniendo en cuenta que el inglés se caracteriza por la complejidad –relativa- de su pronunciación, aporta a los alumnos la seguridad de que lo que aprenden va a sonar como debe de sonar y no como creemos que suena. Esto significa que el aprendizaje oral y auditivo primará por encima del gramatical, permitiéndonos pronunciar las palabras como corresponde en vez de improvisar y causar confusión al oyente con nuestro acento.

Profesores nativos

Debido a estos motivos, el inglés no es una asignatura rigorosamente académica sino que necesita un uso práctico constante para poder manejarlo. Como hemos visto, la parte fonética es la que mayores problemas causa a sus estudiantes y resultará imprescindible contar con la ayuda de un profesor nativo para aprender a emplear y entender los diferentes sonidos y entonaciones que tanto difieren de nuestro idioma tanto por su ausencia como su acentuación. Conozco casos de personas que, durante veinte años o más, siguen siendo incapaces de comprender bien una conversación en inglés por no saber pronunciar correctamente palabras como would, should u on. Esa errónea pronunciación les ha llevado a creer que el sonido de dichas palabras es el que ellos emplean y por esa razón no las reconocen al escucharlas.

En cuanto al lenguaje profesional, los profesores nativos conocen de primera mano los términos, vocabulario y expresiones características de diferentes áreas laborales. Pero la más importante de todas es la del inglés de negocios. En esta nuestra época, el comercio internacional emplea un único idioma en sus transacciones y desarrollo: el inglés. Este hecho ha motivado la aparición de un idioma universal con sus propias reglas que resulta indispensable conocer para poder participar en el mismo. Desconocerlo es sinónimo de fracaso, de imagen de poca profesionalidad y limitador de posibilidades. Los profesores nativos se convierten así en la mejor herramienta para las empresas que tengan la intención de desarrollarse y expandirse tanto en el presente como en el futuro.