De todos los idiomas germánicos, el inglés es el más hablado a nivel internacional. Se habla como segunda lengua por 400 millones de personas y entre 600-700 millones como lengua extranjera.  En Europa, ocupa la tercera posición a nivel oficialidad. Sin embargo, como podemos observar en el mapa, se habla en todos los países comunitarios y, en varios de ellos, por más de la mitad de la población que tienen otro idioma como lengua oficial.

Su mayor impacto lo encontramos en Países Bajos (90%), Malta (89%, donde es idioma oficial) Dinamarca y Suecia (86%), Chipre y Austria (73%) y Finlandia (70%).

También lo habla más de la mitad de la población en los siguientes países: Alemania y Luxemburgo (56%), Eslovenia (59%) y Bélgica (52%). Estonia, con el 50%, podemos incluirlo dentro de este grupo.

Los países con menor presencia son Hungría (20%) y España (22%).

En el resto de países, los porcentajes oscilan desde el 27% hasta el 46%.

Con estos datos podemos concluir que el inglés es el idioma más hablado por la población de la Unión Europea. Su importancia, además, aumenta cada día que pasa. Las nuevas generaciones lo tienen integrado en su plan de estudios y las empresas lo han adoptado como idioma de los negocios. Por otro lado, su popularidad es cada vez mayor debido al impacto de la cultura americana y británica en nuestra sociedad, a través de la música, cine y series de televisión.

El Brexit puede provocar el problema de que Europa se quede con el idioma de un país no miembro (Irlanda y Malta tienen el irlandés y el maltés, respectivamente, como idiomas oficiales).


Hay tres grandes grupos lingüisticos en Europa: idiomas germánicos, latinos y eslavos. Rusia, a pesar de su condición de no miembro comunitario, está presente en varios países de la UE a través de su idioma. El ruso es la lengua nativa más hablada en Europa y es uno de los seis idiomas oficiales de las Naciones Unidas. Cerca de 260 millones de personas lo hablan en todo el mundo.

Sin embargo, su extensión se encuentra limitada al vasto territorio nacional y países satélites que lograron su independencia tras la disgregación de la Unión Soviética. No es de extrañar, pues, que su mayor repercusión en la UE se encuentre en las tres repúblicas bálticas: Lituania (80%), Letonia (67%) y Estonia (56%). El motivo del alto porcentaje de Lituania se debe, principalmente, a su proximidad con Bielorrusia, donde el ruso es el idioma oficial. Gran parte de su población ha emigrado para instalarse en este país.

El segundo núcleo de importancia lo encontramos en Polonia (28%) y Bulgaria (23%). Otros países del telón de acero presentan índices muy inferiores, como Eslovaquia (17%), Chequia (13%), Alemania (6%) y Hungría y Rumanía (3%), estos últimos por debajo del 4% de Chipre, donde el idioma oficial es el griego y, como hemos visto antes, el 73% de la población habla inglés.

En el resto de Europa occidental, predomina el 0% de su uso. Destaca el 2% de Reino Unido, debido a la inversión rusa en varias de sus ciudades, principalmente en Londres.


El francés es uno de los principales idiomas europeos, con la maldición de haberse quedado relegado a secundario con el paso del tiempo. Su presencia en Europa no es tan importante como pueda serlo en otras partes del planeta, como África, aunque su entorno de influencia lo consolida entre las lenguas oficiales comunitarias.

Bélgica (85%), sede del Parlamento Europeo, y Luxemburgo (80%) son los principales francoparlantes de la UE. También encontramos un reducto en Suiza, en el cantón de Ginebra. Sin embargo, su impacto se difumina de manera evidente a medida que nos alejamos de ámbito de influencia.

Italia (16%) y Alemania (14%) centralizan el idioma alrededor de sus fronteras compartidas, una zona que ha cambiado de manos varias veces a lo largo de la historia. El Reino Unido (19%) también ha tenido un contacto constante con los franceses desde los normandos, afectando incluso a su propio idioma. En Portugal  (15%) el francés es una de las lenguas, junto al inglés, de enseñanza obligatoria. Hay un millón de portugueses viviendo en Francia, el mayor núcleo de emigrantes del país luso. España (9%) apenas imparte ese idioma en los colegios actuales.

En el resto de la UE presenta índices bajos de impacto, a excepción de Rumanía (17%). Esto se debe a que, a partir del siglo XVIII, el francés se popularizó entre la alta sociedad local. Actualmente, el país de los Cárpatos forma parte de la Organisation internationale de la Francophonie, a pesar de no contar con población francófona.


Italia representa el 11,96% de la población europea. Su capital, Roma, fue el centro del poderoso Imperio Romano, que extendió su lengua –el latín- por una gran parte del mundo conocido por entonces, en especial alrededor de la cuenca mediterránea. Posteriormente, se disgregaría en varias lenguas romance, conservándose como idioma dentro de la iglesia católica.

Si bien es cierto que el latín es uno de los referentes lingüísticos principales, junto a los eslavos y germánicos, en la lengua de Europa, el italiano apenas tiene impacto entre los países modernos. Malta (56%) es quien más emplea este idioma en la UE, debido a su ubicación geográfica. Eslovenia (12%) ocupa el segundo lugar, por el mismo motivo.

Otros países que hablan italiano, por temas fronterizos, son Austria (9%) y Francia (5%).

Luxemburgo (6%) y Rumanía (7%) son los únicos países que presentan unos índices altos de uso en zonas más alejadas. El primero ostenta una cifra superior a Francia por la emigración italiana. El segundo, por el latín.

Los problemas económicos y políticos han llevado a muchos italianos a disgregarse por toda Europa. Gracias, principalmente, a la buena acogida de su cocina, han podido establecer varias comunidades por toda la UE, que conforman los datos de empleo de este idioma que observamos en su mayor parte.

A nivel internacional, el valor del italiano está muy relegado respecto a otras lenguas. Su carácter autóctono y la limitación a unas comunidades determinadas lo han apartado a un segundo plano internacional. Ni siquiera cuenta como una de las lenguas oficiales de las Naciones Unidas.


El español es la segunda lengua materna del mundo, por detrás del chino mandarín. Se habla en cuatro continentes y es una de los seis idiomas oficiales de las Naciones Unidas. En total, 577 personas la emplean en el planeta. Sin embargo, esos números no dicen tanto en la UE, donde España representa el 9,14% de su población.

Los países de la UE con mayor presencia de esta lengua son Francia (13%), Italia (11%) y Portugal (10%), aunque su grado de comprensión es bastante superior. El resto oscila entre el 1% y 6%.

El principal poder del idioma español reside en la herencia lingüística que dejó con su imperio. El continente americano, en su gran totalidad, habla este idioma. Además, su importancia en los EEUU ha crecido tanto en los últimos años (41 millones de personas lo hablan) que está considerado como segundo idioma no oficial del país.

Irónicamente, el español ha causado más impacto fuera de Europa que dentro de ella. Su posición geográfica, motivo de aislamiento en la época buena del Mediterráneo, hizo que tanto este país como Portugal buscaran nuevas rutas para expanderse. Mientras otras naciones se quedaron estacadas en el entorno europeo, las dos naciones ibéricas fueron las primeras en globalizar sus idiomas.

La emigración española también ha influído mucho a que este idioma tenga presencia en todos los países de la UE. La Guerra Civil, la dictadura y la crisis económica ha obligado a hacer las maletas a gran parte de la población durante casi un siglo, sin llegar a sectorizarse tanto como la italiana.

A pesar de todo, debido a su importancia internacional, es el idioma preferido para aprender por los europeos, desplazando al alemán o francés.


Alemania es uno de los países más poderosos del planeta. No así su idioma.

Países Bajos (71%) y Luxemburgo (69%) son los países miembros donde este idioma comparte uso con el oficial. Dinamarca ocupa el segundo lugar, con un 47%. Si lo comparamos con el inglés, donde 11 países lo hablan un 50% de sus ciudadanos o más, entre ellos, la propia Alemania, comprobaremos el bajo impacto de esta lengua.

El principal atractivo de este idioma está en la fortaleza de su economía doméstica. Los datos del mapa no reflejan el de los ciudadanos europeos que se encuentran trabajando en Alemania, dado que apenas se emplea más allá de sus fronteras. Cuenta, eso sí, con disponer de contacto geográfico con muchas naciones, lo que hace que las cifras de impacto aumenten a su alrededor. Pero si obserbamos el mapa, una vez superado del primer círculo de influencia, los porcentajes se desploman de manera evidente.

Su limitación mediterránea y atlántica la compensa con el Báltico. Los números reflejan el contacto en países como Suecia (26%) y Polonia (20%), disminuyendo a medida que nos acercamos a la parte oriental, donde el ruso y el inglés tienen mayor preponderancia. Es más, tanto Dinamarca, Suecia como Polonia presentan mejores porcentajes con el inglés que con el alemán.

A nivel internacional, no forma parte de los 6 idiomas oficiales de las Naciones Unidas. La limitada capacidad de expansión, unidas con las pérdidas territoriales tras las dos últimas contiendas mundiales, han reducido considerablemente la internacionalización de la lengua germana.