Las empresas buscan un perfil determinado para ocupar puestos disponibles dentro de su organización. Eso quiere decir que los conocimientos y la experiencia ponderan la decisión de la contratación final. En algunos casos, buscan a gente joven para irlos formando en la idiosincrasia corporativa. En otros, necesitan a gente que aporte algo nuevo o distinto a la ingeniería laboral de la misma. Pero en ambos casos, el conocimiento de un idioma cuanto menos supone un plus cuantitativo para la empresa, dado que el mundo empresarial se maneja en ese idioma y el nivel medio de las empresas españolas está por debajo de la media europea.

Pero saber idiomas también supone una ventaja competitiva para el empleado, puesto que determinadas responsabilidades y operaciones requieren de ese conocimiento para llevarse adelante. El abanico de posibilidades de promoción, por tanto, extiende sus varillas hasta el final, dado que los conocimientos profesionales limitan su crecimiento dentro del departamento en el que se encuentre pero los idiomas son válidos para el resto.

Una empresa necesita que al menos una persona de su plantilla pueda asistir a conferencias, reuniones, presentaciones y visitas tanto en el extranjero como en las propias instalaciones de la misma con la garantía de que pueda plantar cara a las condiciones exigidas y esperadas de las mismas. A nivel local, obtener un resultado favorable es más asequible, pero el entorno internacional presenta el grave inconveniente de que no todos están preparados para pisar dicho terreno con idénticas garantías de éxito. Si algún empleado ha demostrado su eficiencia en asuntos nacionales, requiere del conocimiento de los idiomas para poder subir un peldaño o dos en la escalera laboral. En caso contrario, ese peldaño se convertirá en su techo.

Dentro de mi experiencia en estos asuntos, he podido observar el logro de ascensos en el trabajo por saber manejar bien un idioma en diferentes puestos y niveles de las organizaciones empresariales, desde puestos bajos hasta otros mucho más elevados. Los primeros han pasado a encargarse de la coordinación de equipos, a responsabilizarse de la comunicación, a pasar a departamentos internacionales y también a colaborar con otros departamentos en presentaciones o reuniones. Los segundos han subido de jefes de grupo a la directiva. En ambos casos, el aumento de responsabilidad y variedad de su tarea ha ido acompañado de una sustancial subida de sueldo.

El idioma como herramienta

Pensemos en el caso de una operadora telefónica. Si sabe inglés, será escogida para atender aquellas llamadas que se reciban en ese idioma. Dado que también puede encargarse de realizar llamadas internacionales, su función resultará más valiosa para la empresa y sus cualidades no pasarán desapercibidas para sus superiores. La operadora puede lograr el ascenso y pasar a ser secretaria personal de un directivo en poco tiempo o promocionada a otro departamento con la correspondiente mejora de sueldo. Ahora veamos qué le puede suceder a un encargado de contabilidad de una empresa. Trabaja solo, tiene su despacho y responde al director financiero. Con un buen conocimiento del inglés, podrá viajar para hablar con otras empresas, posibles clientes y futuros inversores sobre la viabilidad de asuntos financieros. A su vez, será la persona de contacto con el mundo exterior. Poco a poco, sus responsabilidades aumentarán, lo que significa menos tiempo para cumplimentar el trabajo que hacía antes. Este hecho obligará a la empresa a subirlo de puesto para que se haga cargo de dirigir a su propio equipo mientras él se convierte en director de departamento.

Como podemos comprobar, saber manejar bien el mínimo de un idioma extranjero se han convertido en la herramienta más importante dentro del mundo laboral para lograr un ascenso, puesto que son la llave que abre puertas cerradas, inaccesibles al resto a pesar de sus conocimientos, experiencia y años en el puesto.