Todos nos hemos encontrado en la siguiente situación: enfrentarnos a nuestra primera entrevista de trabajo. En nuestro currículum aparecen numerosos datos sobre nuestros estudios, conocimientos informáticos y nivel de idiomas. Pero el apartado “experiencia profesional” esta huérfano de información. Y nos ponemos a sudar porque no podemos competir contra otro candidato que tenga los conocimientos prácticos de los que carecemos.

Sin embargo, muchas empresas prefieren contratar a gente sin experiencia porque resulta más barato por un lado y más sencillo de integrar en el estilo de trabajo de la compañía que alguien que haya aprendido otros sistemas distintos. Es cierto que causan errores y alguien tiene que estar pendiente de ellos al principio, pero se adaptan con mucha más facilidad que los trabajadores experimentados, no ponen en duda el principio de autoridad de sus jefes y sienten más lealtad hacia la compañía que les ha ofrecido su primera oportunidad en la vida.

Por tanto, podéis respirar tranquilos; es posible encontrar ese vital primer trabajo que tan lejano parece. No obstante, prestad atención a lo que os van a exigir los entrevistadores. O, mejor dicho, lo que quieren ver en vosotros para que podáis ser escogidos.

En primer lugar, ya no sois universitarios. El puesto de trabajo que vayáis a ocupar está remunerado y requiere tomárselo en serio. La primera manera de acertar en la entrevista es acudir adecuadamente vestido para la posición que se os oferta. Seguro que os sentiréis más cómodos vistiendo camiseta y deportivas, pero recordad que la primera impresión es la que cuenta. Un traje o un atuendo formal denota seriedad y no pasotismo. Es decir, que os habéis tomado en serio la entrevista y lleváis puesta la ropa que utilizaríais para ir a trabajar. De esta manera, el entrevistador os podrá visualizar mucho mejor en vuestro puesto de trabajo y la integración con vuestros futuros compañeros.

Pero el hábito no hace al monje. La actitud que mostréis durante la entrevista debe ser lo más profesional posible. El lenguaje debe ser correcto y ligeramente técnico. Como cuando hablabais con los profesores. El lenguaje informal podéis reservarlo para comentarle el resultado de la entrevista a vuestros amigos. Y, por favor, no se os ocurra llegar tarde. En caso de sufrir algún imprevisto, avisad con tiempo y que vuestra explicación resulte razonable.

En segundo lugar, mostrad interés por la empresa que os ofrece vuestra primera oportunidad y el tipo de trabajo que vais a realizar. Un sistema muy efectivo para lograrlo es el de visualizaros ocupando un sitio en la compañía. Con la confianza de la imaginación, pensad también en la aportación que vais a realizar en el trabajo. No os olvidéis de documentaros sobre el sector de negocio que ocupa dicha empresa y presumid moderadamente de vuestras habilidades técnicas. De esta manera, cuando os pregunten – porque os lo van a preguntar – cuáles son las cualidades por la que os deberían contratar, tendréis la respuesta preparada en lugar de encogeros de hombros como prueba de confianza. El entusiasmo es contagioso y no es ninguna enfermedad. Valorad todas las cosas que os diga el entrevistador sobre la empresa y dejad para más adelante preguntas al respecto de las vacaciones y similares. Que las preguntas vayan dirigidas hacia la empresa. Interés, interés y nada más que interés por el trabajo a realizar. Esa debe ser vuestra motivación principal y no los beneficios adicionales que vais a obtener. Si vosotros fuerais jefes, ¿qué pensaríais de un candidato que lo primero que preguntara fuera la ubicación del bar más cercano?

Ya hemos hablado de la parte externa e interna de la entrevista. Nos falta nada más un último punto, no por ello menos importante. Es más, puede que sea el más significativo de todos ellos: cómo comportarse. Porque refleja vuestra manera de ser y la capacidad de integración dentro del equipo de trabajo.

La amabilidad y la educación son muy valoradas. Algo tan sencillo como sonreír abre más puertas que las llaves maestras. A pesar de que los nervios os carcoman por dentro, respirad hondo y mostraros relajados. Ojo, relajado no significa dormido o con pinta de haberse fumado sustancias ilegales antes de entrar a la entrevista. Relajado significa sentirse cómodo, natural y no tocar el piano sobre la mesa, atusarse el pelo constantemente y no parar de mover las piernas como si os hubierais sentado sobre un hormiguero.  Eso os facilitará vuestra capacidad oral. Hay dos tipos de entrevistadores: los periodistas y los narradores. Los primeros formularán preguntas breves y directas. Los segundos se toman un poco más de tiempo para llegar a la interrogación. Cualquiera que sea el caso, ninguno de ellos quiere escuchar monosílabos o respuestas lacónicas. Imaginad que alguien viene a vuestra casa a venderos un producto maravilloso, le preguntáis que por qué deberíais comprarlo y os responde “porque es bueno”.

Finalmente, una última anotación. Es posible que no consigáis el trabajo. Eso no debe desanimaros. Empresas hay muchas, lo que significa que también abundan las oportunidades. Tenéis que competir contra mucha gente, así que es normal que no siempre se gane. Por eso se valora tanto tener un empleo. Y por eso es necesario que os lo toméis en serio. La entrevista es el primer paso en la formación del trabajador. Asumid ese rol en vuestra cabeza cuanto antes y veréis cómo lo haréis mejor. ¡Ah! Un último consejo. Probad a entrevistaros frente a un espejo y juzgad si os contrataríais. Ayuda una barbaridad observar de antemano lo que otros van a ver por primera vez.

Mucha suerte.