A nadie le gusta ser rechazado o que le digan que no a un proyecto. La sensación que se recibe cuando sucede es la de frustración y pensar que no es válido para ello. Por tanto, si nos vemos en la obligación de tener que hacerlo, deberemos tener en cuenta los sentimientos de la otra persona e intentar suavizar de la mejor manera posible nuestra negativa.

Cuando se abre un proceso de selección de personal, muchos de los candidatos que se presenten no van a cumplir los requisitos que deseamos y serán desestimados. Esto supone comunicarle a muchas personas que no vamos a contar con sus servicios, por lo que necesitamos una fórmula que nos permita transmitirles nuestra decisión después de haberles robado parte de su tiempo sin resultado.

La mejor manera para ello es escribir una carta de rechazo que sea igual para todos ellos, independientemente de los motivos que nos hayan llevado a mandársela. La razón para ello es evitar personalizar o dar explicaciones concretas que puedan causar enfado a la persona que la reciba. Los clichés existen por el simple hecho de que no es fácil decir determinadas cosas sin ofender a la otra persona y, con ellos, resulta más sencillo superar el mal trago. Pensemos en los funerales y los mensajes de condolencia estandarizados que se presentan. O, para no ponernos tan fúnebres, las cosas que el agasajado espera oír de sus invitados el día de su cumpleaños. Las formas preestablecidas permiten expresar determinados sentimientos que, de otra manera, resultaría complicado poder expresar sin provocar sentimientos encontrados.

La carta de rechazo al candidato

Una de las maneras más habituales para presentar el rechazo a una candidatura consiste en agradecer al solicitante su participación en el proceso y lamentar que finalmente no haya sido escogido. Para evitar la sensación de que le hemos cerrado la puerta, le comunicamos que su currículo ha sido guardado en la base de datos, en caso de que la empresa pudiera contar con sus servicios en el futuro.

Esta última parte resulta de vital importancia en caso de que el candidato seleccionado no se adapte adecuadamente al puesto de trabajo o que decida abandonar la empresa por encontrar una oferta mejor o que simplemente las condiciones no sean las esperadas. Si rechazáramos directamente al candidato, es posible que éste no se sintiera motivado a aceptar la segunda oferta por motivos de orgullo o pérdida de interés por haberle dicho que no sin más.

Cartas de rechazo al candidato

Como podemos ver, en este tipo de cartas de rechazo, le estamos diciendo abiertamente al candidato que no ha sido seleccionado, simpatizando con su sentimiento de pena y abriéndole una posible puerta para el futuro. De esta manera, la empresa quedará identificada como ser humano y no como fría entidad jurídica.

Sin embargo, no todo el mundo se siente cómodo rechazando directamente a los candidatos. Decir que no a una persona de modo tan claro es bastante duro para quien lo dice y agresivo para quien lo recibe. Por regla general, quien lee este tipo de cartas las abre con ilusión, que poco a poco va menguando hasta que lee las palabras ‘no ha sido seleccionado’. A partir de aquí, pierde el interés en el resto, aunque la posible puerta abierta le ayude a suavizar la negativa.

Para evitar esta frustración de perspectiva laboral, otras empresas prefieren emplear un estilo indirecto en su comunicación de descarte a los candidatos. Si bien el mensaje es claro – porque no se dice en ningún instante que ha sido contratado -, la ausencia de la negativa en su redacción evita que su receptor se sienta frustrado o desilusionado.

Este tipo de misivas se caracterizan por mandar un mensaje más informativo que definitivo, dejando que sea el tiempo quien cure la herida. Suelen comenzar como acuse de recibo más que como carta de rechazo, explicando al candidato de la correcta recepción de su currículo por parte de la empresa y su inclusión en la base de datos para su estudio. A continuación, ofrecen un plazo de tiempo amplio- tres semanas, generalmente – para comunicarle la decisión final. Es decir, que la empresa se garantiza un tiempo de respuesta positiva en el caso de que la persona contratada no se adapte o se vaya.

La razón de establecer este plazo de tiempo antes de la resolución final es la de no tener que decirle que no en ese momento. Estas cartas especifican que si el candidato no recibe respuesta después de ese plazo, significará que finalmente no ha sido tenido en cuenta para el puesto. De esta manera, se evita mostrar una negativa directa que afecte a los sentimientos de los candidatos descartados. Es menos humana, pero menos frustrante al no decir en ningún instante que ha sido rechazado.

Como hemos dicho, el plazo de tiempo o su inserción en la base de datos para futuros puestos vacantes sirven de red de seguridad en caso de problemas con la persona contratada. Pero son muy pocos los casos en lo que se da esa circunstancia. Sin embargo, al estandarizar este tipo de textos para todos los candidatos que se hayan presentado, evitamos discriminar la negativa, ofreciendo a todos ellos el mismo trato y posibles posibilidades futuras.