Sabemos lo que queremos, pero no cómo pedirlo. Como cuando uno tiene hambre y está en un país extranjero. El saber sortear ese tipo de obstáculos en la vida nos hace tener la falsa sensación de que somos invencibles. Al fin y al cabo, querer es poder.

La realidad es que salimos del paso gracias a la chiripa. Como cuando buscamos a un candidato para un puesto de trabajo. Si analizamos las ofertas de trabajo actuales, podríamos presentar nuestro currículum a cada una de ellas y ser seleccionados para varias entrevistas, sean cual sean, aunque no estemos capacitados para desempeñar esa labor.

¿Qué causa esta posibilidad arbitraria? ¿Es que acaso los trabajos son tan parecidos independientemente de las empresas que soliciten mano experta?

Algo parecido sucede en los portales de encontrar pareja en la web. Su éxito reside en la cantidad de pretendientes que se pueden encontrar tras rellenar un sencillo formulario. Si uno presta atención a las preguntas que realizan para activar el motor de búsqueda del programa, observará que los requisitos son tan vagos y generales que garantizan contactos inmediatos y constantes a partir del primer día de su empleo. Cuantas más citas tengamos, más atractivos nos hacen sentirnos. Tras unos días de chateo, el propio programa nos incitará a quedar con los diferentes candidatos, con la recompensa encubierta de que puede ser el amor de tu vida. Pero, en realidad, éste tarda en aparecer, en caso de que se encuentre en una base de datos de la red. Mientras tanto, juegan con las ilusiones, las decepciones y las miríadas de segundas oportunidades que la página sabe que vas a otorgar.

El mundo de la búsqueda de trabajo no es más que un portal de citas donde encontrar nuestro trabajo verdadero. Las empresas que se dedican a este tipo de búsquedas laborales tienen que garantizar resultados tanto a los candidatos como a sus contratantes. Y, cuanto más genérica resulte la oferta, más éxito de respuesta se obtendrá, al igual que las páginas de citas. Por esa razón, si no queremos estar realizando infructuosas entrevistas durante todo el año, podemos hacer una cosa mucho más inteligente: establecer clara y detalladamente la descripción más adecuada para el puesto de trabajo en nuestra oferta.

Es posible que nuestro buzón de mensajes no de señales de vida durante una temporada, pero los correos que recibamos serán los que nos interesen. Así que en lugar de perder preciosas horas de trabajo evaluando a candidatos, optimizaremos el tiempo de búsqueda empleado. La propia oferta hará la función de filtro para evitar ser tragados por un alud de folios con los datos personales y laborales de media nación y parte del extranjero. Ser precisos nos hace ser más efectivos, al fin y al cabo. Porque la calidad importa mucho más que la cantidad.

Por otro lado, a todos nos ha pasado tener que hablar de nuestra vida y dejarnos en el tintero asuntos importantes de nuestra personalidad, pasado por alto alguna anécdota divertida o, simplemente, olvidarnos de advertir que tenemos miedo a los perros o que nos sienta mal la carne de ternera. Ese tipo de recuerdos y precauciones aparecen en el momento en el que nos enfrentamos a ellas. Para evitar este problema, la persona con la que estemos hablando debe mencionarlo antes de que suceda. Es decir, que nos ayude a recordar.

Una oferta de trabajo cuenta con la ventaja de que no necesita emplear el tercer grado para extraer toda la información del pecho de los candidatos. Muchas veces olvidamos mencionar parte de nuestros conocimientos en las entrevistas laborales que, posteriormente, recordamos con dolor una vez nuestros pies hoyen el suelo de la calle. Los profesionales en el sector saben que los nervios suelen atenazar la memoria de los entrevistados, por lo que una detallada especificación de los requisitos esperados antes de la entrevista evitará que la aguijoneadora excitación del interrogatorio nos haga descartar a la persona adecuada por falta de previsión.

Vayamos con los ejemplos de una oferta de trabajo bien elaborada y estructurada. El manejo de los ordenadores está bastante implantado en la sociedad actual. Si exigimos simplemente conocimientos informáticos, podemos encontrarnos con muchos candidatos que no sepan utilizar el programa que necesitamos. En otras palabras, tanto empresa como solicitante acaban de perder el tiempo que podría estar siendo usado en otras actividades más importantes para ellos. Por tanto, podríamos pensar que nombrar ciertos programas determinados solucionaría este tipo de situaciones. Craso error. Los principales programas que se emplean en la actualidad sirven de utilidad para múltiples formas de trabajo. Excel, la famosa aplicación de Microsoft Office, resulta de gran utilidad para crear hojas de cálculo. Pero también para hacer tablas y listados. Si no especificamos que la función que va a desarrollar en la empresa exige su conocimiento práctico para tareas financieras y contables – saber realizar fórmulas matemáticas -, volveremos a cometer el mismo fallo que antes.

Otro requisito tradicionalmente mal especificado es el idioma. Como decíamos al principio de este artículo, chapurreamos algo de inglés con el que salimos del paso sin mucho esfuerzo. Teniendo en cuenta que este idioma se ha convertido en el lenguaje oficial de los negocios, las empresas deben de tener en cuenta la imagen que pueden llegar a dar si contratan a un empleado capaz de expresarse con la misma naturalidad que un niño de cinco años. Sin embargo, si se especifica el nivel oficial deseado y el tipo de uso que se le va a dar en el trabajo – redacción de documentos, atención telefónica, capacidad para realizar presentaciones en ese idioma – puliremos mucho mejor la figura del candidato que realmente estamos buscando.

Una forma de averiguar su verdadero nivel de inglés es a través de títulos obtenidos. No obstante, es imperativo comprobarlo a nivel oral, donde vuelve a surgir un nuevo problema: no hay tanta gente capacitada para realizar ese tipo de evaluaciones. La mejor manera para ello es contratar un servicio de pruebas de nivel para empresas en inglés, que establecerán el nivel verdadero del candidato con precisión.

Así pues, el éxito de una oferta no dependerá de la cantidad de personas a las que entrevistemos, sino de que aprendamos a buscar mejor.