Nosotros, los muertos, te invitamos a bailar mientras aprendes inglés para viajar.

Los días siguen durando 24 horas, pero ahora las noches son más largas. Un gélido aliento invernal se ha apoderado de la ciudad, de sus calles y nuestras casas, obligándonos a refugiarnos bajo las plumas de los edredones para encontrar calor en nuestros sueños. Ya no escuchamos las conversaciones de las terrazas o las risas de azumbrados trasnochadores colándose por la ventana, sino el eco de furtivas pisadas y una voz que sopla el viento, retumbando por los patios, haciendo vibrar los cristales con el sonido de una arcana palabra: Samhain.

Babelia, academia de inglés de negocios, ha decidido hoy dar calabazas al inglés para empresas para centrarse en un tema mucho más pagano: la celebración de la llegada del invierno. Porque, por mucho que popularmente se crea, no se trata de una fiesta norteamericana sino europea. Para ser más exactos, gaélica. El antiguo calendario celta tenía cuatro fechas con las que marcaban las estaciones: Imbolc, Bealtaine, Lughnasadh y Samhain, que coincidían muy apropiadamente con las épocas de recogida de cosechas. Para entenderlo mejor, esos días había comida en abundancia y no se trabajaba. Por tanto, ¿qué mejor manera de pasar el tiempo que dando una fiesta? Claro está, que no es lo mismo estar en el campo en verano que en invierno, especialmente si recordamos las latitudes donde vivía este pueblo. Pero Samhain (fin del verano, en irlandés antiguo) tenía una particularidad mucho más especial: además del regreso del ganado para guarecerlo del invierno, después de esa fiesta no crecía nada en la tierra. De ahí que se extendiera la creencia de que los muertos pululaban por doquier. Winter is coming, recordad…

El hecho de que, además, el frio provocara una serie de fenómenos extraños en la tierra no ayudaba a tranquilizar la supersticiosa mente de estas buenas gentes. Me refiero –y aquí tenéis la primera palabra con la que presumir de vuestro conocimiento halloweenesco en los intercambios de idiomas en Madrid– a los will-o’-the-wisp, fuegos fatuos que salían por la noche de la tierra como espíritus. Estas misteriosas llamas pálidas, producto de la inflamación de metano y fósforo, eran visibles en los lugares con mayor concentración de dichos elementos. ¿Y dónde había mucho? En los cementerios. Aquello explicaba, para la época, el motivo de la ausencia de alimento. Por tanto, había que protegerse de esos espíritus, sin olvidarse de la fiesta, que para eso han trabajado tanto. Y no hay nada como el fuego de una hoguera para alejar a los espectros. También porque el fuego era su manera de invocar al sol desaparecido.

Pero, claro, hasta llegar al lugar sagrado uno corría el riesgo de ser atrapado por los muertos. Así que, con mucho ingenio, descubrieron que la mejor manera de escapar de sus heladas garras era camuflándose como ellos, disfrazándose (disguise) con una serie de prendas terroríficas, popularizando la costumbre del disfraz (costume). Dado que el festejo era nocturno -¿quién sale de fiesta de día?- y que la electricidad era desconocida por aquella, los celtas recorrían el camino portando una improvisada linterna (jack-o’-lantern) fabricaba con un nabo que, posteriormente, dejarían en la puerta de sus casas para protegerse de visitas malignas. Posteriormente, se emplearía una calabaza (pumpkin) cuando la tradición llegó a Estados Unidos, dada la abundancia de dicha cucurbitácea en el Nuevo Mundo.

La cristianización de las festividades paganas por parte de la Iglesia transformó el modo celta de celebrar Samhain. Empezando por el nombre. Lo de los espíritus no les hacía gracia y lo cambiaron por santos, dándonos su nombre actual: All Hallow’s Eve, la noche de los santificados. También descubrieron que los disfraces eran mucho más indicados para los niños y que era más cristiano celebrar los festejos en la privacidad del domicilio en lugar de alrededor de un árbol. Los manjares de antaño se convirtieron en exquisitos dulces (treats), que ahora se compartían con los niños que iban de puerta en puerta rezando por las almas de sus ocupantes. Eso sí, en caso de no ser obsequiados con un trozo de pastel, se vengarían causando un estropicio a su hogar, una tradición de origen griego, que nos dejaría el famoso trick or treat.

No sería hasta finales del siglo XIX y principios del XX cuando Halloween comenzara a festejarse en los Estados Unidos. El motivo se debe a la gran migración celta a América, llevándose consigo sus tradiciones. Allí esperaba un pueblo especialista en el consumismo, que descubrió el potencial de la decoración y tarjetas que los emigrantes consumían en esa fecha. Alguien vio los beneficios de implicar al resto de la población americana con la producción a gran escala y, ¡tachán!, Halloween pasó de fiesta regional a nacional. Disfraces de momias (mummies), hombres lobo (werewolves), brujas (witches) y demás personajes terroríficos de la literatura gótica se fusionaron con otros más modernos  entre guirnaldas (garlands) y calabazas, que inundaron el país en un santiamén junto a una desemsurada producción de caramelos (candies) y dulces para agasajar a los niños. Uno de ellos, curiosamente, mantuvo la tradición celta de comer manzanas: la manzana de caramelo (candy apple).

Tradiciones de Halloween en países anglosajones

Mischief Night (Inglaterra), Devil’s Night (EEUU & Canadá). Los espíritus recorren las calles, causando destrucción, robando y vandalizando la ciudad. En este caso, son las personas quienes dan rienda suelta a todo tipo de bromas pesadas y actos salvajes con total impunidad.

Apple Dooking (Escocia). Empleando de nuevo las célticas manzanas, los participantes introducen la cabeza dentro de un cubo de agua sobre la que flota la fruta, tratando de sacarlas con la boca.  Este juego también se realiza en otras localidades, aunque no con tanta tradición.

Canadá. Además de practicar el trick or treat, los canadienses realizan donaciones económicas a organizaciones de caridad. En Arviat la fiesta se celebra en un salón comunitario por el peligro de que los niños sean atacados por un oso polar mientras recorren las calles. No es una tradición, pero me ha parecido interesante incluirlo como anécdota.

Irlanda. Sin duda alguna, la comida con premio. Tenemos el Colcannon for Dinner, un plato de repollo, patata cocida y cebolla cruda donde se esconde una moneda en el interior del tubérculo para que lo encuentren los niños. También el Barnbarck Cake, un pan de frutas que esconde un trozo de tela (problemas económicos en el futuro), una moneda (bonanza económica a la vista) y un anillo (amor o felicidad ininterrumpida). El Ivy Leaf, donde cada miembro de la familia deposita una hoja de hiedra en una taza de agua toda la noche para comprobar si no le han salido manchas, sinónimo de un próspero año.