Cuando las empresas exigen saber inglés a sus empleados, lo hacen porque este idioma ha sido escogido para la comunicación en los negocios. La palabra comunicar viene del latín communicare, que significa “compartir”. De la misma raíz tenemos palabras como común, comunismo, comunero, comunicación, comunal, comunión, comulgar o mancomunidad. Todas ellas reflejan ese sentido de compartir algo de una manera u otra. Por tanto, una conversación nos permite compartir desde ideas a pensamientos, pasando por opiniones o dudas.

Por regla general, las conversaciones que se dan en el trabajo no son particularmente longevas; de hecho tienden a concentrarse en un tema determinado que, de manera rápida y precisa, nos permitan continuar con nuestro trabajo sin descentrarnos. Eso significa que, si tienen que realizarse en inglés, no podemos regodearnos en una pobre expresión o entendimiento, pues la consecuencia es que perderemos el ritmo de trabajo.

Aparte del tema del tiempo mal empleado, también sirven para transmitir una información concreta. La agilidad de la empresa depende en buena parte de su capacidad de recepción y transmisión de información, por lo que la eficacia de la misma estará subordinada a la rapidez con la que se realice la comunicación. De nuevo, un pronto manejo del inglés resulta vital dentro de un mercado globalizado e internacional como es el que tenemos en la actualidad.

No obstante, este feedback comunicativo empresarial tiene su importancia en el propio desarrollo social entre los trabajadores. Las visitas a otros países o recibidas en las propias instalaciones implican un tipo de trato cálido, personal y profesional que permita conocerse adecuadamente de cara a la colaboración laboral. Preguntar qué tal el viaje, dónde se aloja o simplemente saber en qué lugares se puede comer son cosas básicas que charlamos entre nosotros de manera habitual. Es, por tanto, imprescindible saber llevar a cabo estas conversaciones en un correcto inglés, más distendido que el laboral.

Conversaciones cortas en ingles

Para nuestra desgracia, nuestro país no ha sido de los pioneros en adaptar el idioma de los negocios dentro de las empresas, dejándonos rezagados con respecto a otros países que lo emplean con una soltura fuera de nuestro nivel. Precisamos ponernos a su altura cuanto antes para competir en igualdad a nivel internacional. Y qué mejor manera de empezar que impartiendo una formación empresarial con conversaciones cortas en inglés.

El mero hecho de saber realizar preguntas concisas, ofrecimientos específicos o comentar brevemente los asuntos del día son la piedra angular sobre la que construir una comunicación más prolija y extensa en el futuro. Bien sea a través del teléfono o de las videoconferencias, nuestra capacidad de comunicación debe resultar natural, sucinta y exacta. Debemos llegar a un punto en el que todo lo que conversamos con nuestros empleados, compañeros o jefes salga de la misma manera en inglés. Ahora mismo suena descabellado el hacer lo mismo entre nosotros, pero si echamos un vistazo a las empresas extranjeras, la mayoría lo hace durante su jornada laboral sin esfuerzo ni sufrimiento. Ése debería ser nuestro objetivo.

Volviendo al tema de la formación, las empresas españolas tienen a su disposición una serie de academias con profesores especializados en la enseñanza del inglés de negocios. A diferencia de tiempos pasados, ya no es necesario desplazarse para adquirir ese conocimiento, sino que el idioma se desplaza hasta la oficina. De esta manera, todos los empleados tienen la facilidad de aprenderlo desde su puesto de trabajo, precisamente en el mismo lugar donde lo deben de emplear. El simple hecho de hablar, escuchar y descubrir las estructuras comunicativas necesarias para desempeñar su trabajo de manera práctica genera una seguridad la próxima vez que tengan que emplearlo. Porque ya estarán acostumbrados a manejarlo. Todas esas nociones que ya tienen en la cabeza van a desplazarse a la boca. Al fin y al cabo, no es cuestión de ignorancia sino falta de uso lo que hace rechinar a la mandíbula y al oído cuando desaparece la lengua materna en la conversación. La práctica hace al maestro, dice un refrán español. Practice makes perfect, se dice en inglés. Los trabajadores no tienen que ser maestros; ésos ya los pone la empresa para que su inglés sea, de una vez por todas, perfecto.