como elegir una academia de ingles

¿La más barata? ¿La más famosa? ¿La más cara? ¿La de mejores comentarios en Internet? ¿O la recomendación de un amigo?

No resulta sencillo dar una respuesta a la pregunta de cómo elegir una academia de inglés. Algunas tienen un método de enseñanza propio y particular que resulta útil para unos pero menos provechoso para otros. En otros casos, el ritmo de enseñanza es más lento o demasiado rápido para las capacidades del alumno. Hay otras que potencian la enseñanza audiovisual, un sistema con sus seguidores y detractores. En otras nos encontramos con aulas en las que se fomenta la interactuación siempre y cuando el grupo no sea demasiado numeroso. Y, finalmente, academias especializadas en formación interna.

Esta amplia variedad que, a priori, puede suponer un quebradero de cabeza a la hora de decantarse por una u otra academia, es un verdadero regalo para los alumnos. Me explico; hace años, el sistema era único y rígido. Los que se adaptaban al mismo, aprendían. Los que no, se daban de baja o, simplemente, obtenían un rendimiento mínimo de su inversión. Pero sería demasiado ventajista criticar el citado sistema de enseñanza, dada la abundante demanda y la escasez de recursos con los que se contaba. Poco a poco irían surgiendo las alternativas y, como me comentaba recientemente un compañero, humanizando. Dentro de un entorno agradable se potenciaba el interés y la práctica pero la realidad se encargaría de dar un nuevo giro a la enseñanza. La pronunciación y el entendimiento quedaban relegados a un segundo lugar, centrándose más los cursos en materias gramaticales y redactoras. Los cursos por fascículos apenas tenían continuidad, hasta que los ordenadores suplieron esos defectos con primerizos programas de aprendizaje.

Sin embargo, salvo raras excepciones, todos los cursos enseñaban un inglés generalista, en detrimento de otros especializados, como pueden ser inglés legal o de negocios. En la actualidad, la elección de la academia no debe basarse únicamente en querer aprender inglés sino más bien en qué tipo de inglés se quiere aprender o que habilidades se desea mejorar o potenciar. Es decir, que el alumno tiene ahora la oportunidad de escoger un curso a la carta que le permita no solamente aprender, sino progresar en su manejo.

La edad también es un factor fundamental a la hora de escoger academia. Si bien es cierto que los jóvenes de ahora tienen un mayor acceso al idioma en comparación con las tres últimas décadas de nuestra historia, es importante integrarse en un grupo lo más similar a las características individuales de cada uno, para tener temas de conversación comunes que les motiven en su aprendizaje, puesto que la juventud tiende a asimilar con mayor rapidez los conceptos lingüísticos y eso supone un severo contratiempo para aquellos que requieren más tiempo.

El segundo factor a tener en cuenta es el tiempo; la disponibilidad personal disminuye exponencialmente a medida que uno se incorpora al mercado laboral o tiene responsabilidades familiares ineludibles. Las clases presenciales tienen una flexibilidad mínima en estos casos, por lo que apuntarse a un curso en estas condiciones augura un absentismo académico bastante elevado.

Por tanto, una vez vistas estas circunstancias limitativas, debemos observar la oferta actual de academias de inglés para juzgar tranquilamente la decisión final. En ellas se valorará el contenido general –cursos de inglés- o específico –inglés de negocios– que ofrezcan, si requiere desplazamiento – academia física- o no –formación en empresa-, la presencia de un profesor o un programa de ordenador y las habilidades que se deseen mejorar: one-on-one para la conversación; inglés por teléfono para pronunciación, fluidez y entendimiento; cursos en empresas para inglés en el trabajo o teatro en inglés para trabajar la entonación y mejorar las aptitudes de hablar inglés en público.