Todos empleamos nuestro propio punto de vista para analizar nuestro trabajo. Eso nos permite conocer nuestras tareas y cómo optimizar o mejorar tanto su desarrollo como resultado. Lo que rara vez se hace es observar nuestro trabajo desde el punto de vista de quien lo recibe. O lo sufre.

 

Una entrevista de trabajo requiere una intensa labor de objetividad por parte del reclutador. Por un lado, debe determinar si el perfil escrito que ha recibido se corrobora con la realidad. Por otro, realizar un perfil psicológico del candidato, observando sus reacciones y actitud en la respuesta, con el fin de averiguar si su integración dentro del equipo de trabajo de la empresa se podrá efectuar sin problemas.

 

En el caso de las entrevistas de trabajo en inglés, la principal misión del reclutador consiste en establecer el verdadero nivel de inglés del solicitante. Para ello, los factores psicológicos mencionados con anterioridad carecen de valor alguno para su nota final salvo que, claro está, se tope con un chalado o asesino potencial, en cuyo caso es recomendable que se lo haga saber a la empresa.

 

El entrevistador tiene que prestar atención, principalmente, al contenido y calidad de la expresión oral del candidato. Para ello, debe realizar una serie de preguntas con las que tantear la velocidad de respuesta. De una manera esquemática y resumida, su cabeza debe funcionar más o menos así:

  • Gramática
  • Vocabulario
  • Expresividad
  • Entonación
  • Acento

 

Ya os avisé que estaba resumido. Lo que viene a significar es que la cumplimentación del primer paso permite pasar al siguiente y así sucesivamente. Sin una base gramatical sólida, las frases carecen de sentido. Eso significa que, en caso de tener una gran fluidez, generará un gran sinsentido a quien le escuche. Pero si supera la primera fase, llega la segunda. Saber manejar la gramática no sirve de mucho si se carece de vocabulario para expresarse con claridad, precisión y profesionalidad. Para eso, la tercera: capacidad expresiva. Una vez llegados a este punto, la entrevista se acaba.

 

¿Pero no quedan dos?

 

En realidad, no. La entonación y el acento son analizados durante toda la entrevista, al igual que la capacidad de entendimiento (que no la he puesto en la lista porque el número cinco es más mágico que el seis) del candidato.

 

Pero, como dije antes, enfocarse en el trabajo de uno implica ignorar el punto de vista del que lo recibe. El entrevistador puede olvidar que el candidato no es un simple objeto de estudio sino un ser humano, nervioso y tenso por las circunstancias del proceso. Si deja de lado este detalle, no estará realizando un trabajo objetivo, pues el sujeto de estudio estará contaminado por un factor psicológico que precisa erradicar antes de iniciar su trabajo. Ése es el mejor consejo que puede recibir un entrevistador para realizar su trabajo bien de verdad.