El inglés es un idioma que presenta un glosario de vocabulario y expresiones tremendamente específico. Contiene verbos para definir diferentes maneras de mirar – look, stare, glare, ogle, peek…- reír o sonreír –laugh, smile, smirk, grin, guffaw…- o de andar –walk, stroll, pace, stride, wade, dodder, waddle…

Esta capacidad de síntesis de contenido y precisión científica en su significado permite comunicarse de diferentes maneras en función de la situación en la que nos encontremos. La mayoría aprende un inglés global, básico y efectivo para indicar dónde está el museo del Prado a un turista o preguntar por el Museo Británico en Londres. Ese mismo nivel básico nos permite mantener una conversación breve de manera informal con cualquier persona, hasta con las visitas que recibamos en la oficina.

Sin embargo, a la hora de tratar temas profesionales, esos conocimientos básicos o intermedios no nos garantizan que nuestro interlocutor obtenga la imagen adecuada de nuestro negocio. El inglés tiene una forma de hablarse específica para este tipo de asuntos y, por desgracia, nuestro nivel no está a la altura esperada en estos casos. Pero, cuidado, no estamos hablando de aprender otro idioma, sino de frases en inglés de negocios. La estructura no varía. Las palabras, sí.

El inglés de negocios emplea una serie de términos y expresiones que indican que el contexto es diferente al general. En general, alterna en su uso entre el tono informal y formal, haciéndolo más vital y vivo que la rígida estructura que empleamos a la hora de comunicarnos en otro tipo de situaciones. Dado que es la manera habitual de expresarse a lo largo y ancho de este mundo, podemos sacar la conclusión de que no es complicado de aprender. Pero esa misma deducción esconde una trampa en su conclusión; la gente lo maneja con soltura porque están acostumbrados a emplearlo en su trabajo. Y aquí reside el verdadero problema para los españoles.

Efectivamente, la nula integración del idioma inglés en el desarrollo laboral nacional nos ha dejado con escasas oportunidades de poder practicarlo, entrenarlo y dominarlo con naturalidad. Dada su importancia a nivel mundial, es extraño que no se pongan los medios para remediar este mal. En general se confía en que los conocimientos adquiridos en cursos o la universidad sirvan de apagafuegos temporales, pero la realidad es que hace falta un empujón que permite a todos los empleados de la empresa acostumbrarse a su manejo en el entorno de su trabajo.

Formación en la empresa

Actualmente, las empresas pueden contratar servicios de formación en inglés de negocios para aprender y practicar estas frases y su vocabulario sin salir de la oficina. Los profesores se acercan hasta las instalaciones de la misma para impartir tu labor docente y actualizar los obsoletos términos empleados por la forma habitual de comunicarse en el resto del planeta. Cómo contestar el teléfono o pasar llamadas, realizar una presentación por videoconferencia, empleo de la pasiva para comunicados oficiales, mantener una reunión con inversores, promocionar un producto o algo tan sencillo como la terminología de las actividades laborales necesitan ser dominadas y entendidas para no quedarse descolgado en el mercado.

Si analizamos el nivel medio de las empresas españolas, comprobaremos que una parte de nuestra fuerza laboral adolece de los conocimientos necesarios para mantener un intercambio de ideas o pareceres en inglés. Otra parte, sin embargo, posee los datos pero no la fluidez a la hora de ponerlos en práctica. Finalmente, una pequeña cantidad tiene un buen conocimiento del idioma, pero demasiado genérico dentro de un ambiente profesional. Cada uno de ellos requiere un distinto acercamiento al lenguaje empresarial, algo que los cursos de formación en inglés empresarial se especializan en su tratamiento, pues ofrecen las soluciones específicas a cada uno de estos empleados en el mismo lugar donde desempeñan su trabajo, para acostumbrarlos a su uso sin cambiar el decorado. Pero hay más. Como hemos comentado con anterioridad, la práctica diaria es casi inexistente en el día a día laboral. Eso condena a quienes lo manejan a ver oxidarse sus capacidades comunicativas. Los cursos de formación permiten un reciclaje a todos estos directivos con el que poder mantener su frescura intacta a la vez que potencian su capacidad expresiva y fluidez. Aprender determinadas frases en inglés de negocios en estos puestos de responsabilidad puede convertirse en un arma poderosa con la que mostrar la verdadera cara profesional de la empresa, pues esa cara no solamente es bonita, sino que sabe hablar inglés de negocios con propiedad.