Se dice que la fuerza la hace el número. Pero, para aquellos que hayan visto la película de “300”, sabrán que no es cierto. Y los espartanos dirigidos por Leónidas en la batalla de las Termópilas me recuerdan mucho a las pymes frente a los persas de las grandes empresas. Disponen de menos empleados, pero mucho más cualificados para la guerra comercial que ellos.

Sin embargo, esta heroica comparación no deja de tener cierto sabor agridulce, puesto que esas aguerridas pero breves tropas acabaron pereciendo por una traición. De no haber sido así, los espartanos hubieran sucumbido finalmente por la edad. Curiosamente, la historia recuerda esa traicionera derrota como una gloriosa victoria.

Pero no he puesto este ejemplo para hablar de las virtudes de morir joven para dejar un bonito cadáver, sino de la lección que se puede extraer de ella: la importancia de disponer de una preparación adecuada a la hora de enfrentarse a la adversidad.

Obviamente, la formación académica va a ser muy similar para todo tipo de trabajadores. Algunos buscan la especialización a través de cursos específicos o de ir acumulando experiencia en varios trabajos. Pero deja de lado el arma más útil y versátil de todas: el idioma.

El panorama económico actual consiste en un inmenso tapete geográfico que abarca prácticamente la totalidad del orbe. Aquí se desarrolla el juego. Aquí se entrecruzan todas las posibilidades de éxito y expansión. No importa el tamaño, sino la profesionalidad y la capacidad de comunicarse con los distintos participantes. Aquí reside la capacidad de ser competitivos, a diferencia de antes.

La evolución biológica ha demostrado que la capacidad de adaptación al medio resulta clave en la supervivencia. Si tanto las pymes como las grandes empresas cuentan con una plantilla capacitada para afrontar su volumen de trabajo, será necesario disponer de un factor diferencial que cree un elemento diferenciador con respecto a ellos. Y, a ser posible, de la competencia que tenga nuestra empresa.

La importancia del idioma es tan grande que las empresas están realizando test de nivel a la hora de seleccionar a los candidatos para sus vacantes laborales y también para adaptarse a los tiempos actuales. El inglés es la llave que abre las puertas que antes permanecían cerradas a las pymes. Y es cuando el pequeño trabajo se traduce en ventaja competitiva.

El problema es que el nivel de inglés que tenemos en nuestro país actualmente está muy por debajo del resto de países importantes de la Unión Europea. A pesar de todo, podemos transformar esa desventaja en ventaja con mayor facilidad dentro de una pyme que de una empresa grande. Y todo gracias a la formación.

Para que un curso de idiomas funcione adecuadamente, lo ideal es que no haya demasiados alumnos en cada grupo. De esta manera, la participación es mayor. El lenguaje tiene unas bases teóricas que aprender, pero para adquirir soltura y confianza en su uso oral se necesita practicarlo con constancia. Una pyme puede organizarse de esa manera sin que afecte a su horario laboral sin problemas. Una empresa grande, por el contrario, tiene que recurrir a la masificación del aula para emplear el mismo tiempo. Por tanto, el tiempo de práctica idóneo será fagocitado por los alumnos más aventajados, quedando el resto en el ostracismo.

Por otro lado, las diferencias de nivel son más parejas dentro de una pyme que de una empresa grande. Eso facilita la creación de grupos y la optimización del tiempo de enseñanza. Un grupo puede disponer de más días de clase en comparación con las empresas grandes.

Ese ahorro de tiempo favorece la posibilidad de contar con más posibilidades de clases particulares o one to one dentro de una pyme sin perjudicar al resto de trabajadores. Se puede desarrollar un calendario semanal de clases más adecuado que permita empujar el progreso de la enseñanza con mayor rapidez. Los resultados a final de año no engañan: si veinte personas han sido capaces de aprender adecuadamente el idioma, eso representa un porcentaje más alto de éxito para una pyme que para una empresa grande. Traducido en términos generales, las pymes han adquirido mayor competitividad que las grandes en el mismo período temporal.

De esta manera, ahora esos trescientos soldados espartanos tienen acceso a más aliados que sus enemigos. Y el curso de la batalla será muy distinto. Puesto que no están parados, esperando a ser engullidos por sus rivales.