En la actualidad, vivimos dos fenómenos económicos -uno que podemos definir como local y el otro mundial- que marcan la tendencia de las empresas a lo largo y ancho de nuestro planeta. El primero, la desaparición de las fronteras dentro de Europa. El segundo, la constante globalización. Ambos han supuesto un incremento en la internacionalización de los negocios, fomentado por la libre economía en territorio europeo y la apertura de mercados en otros continentes. Es el triunfo del capitalismo, de la liberación del mercado y del idioma inglés.

Tras la caída de la Unión Soviética, hasta la madre Rusia se ha rendido a este sistema económico mientras el resto de países han continuado con el efecto dominó de su gran poder. En cualquier lugar del mundo podemos hallar presencia de empresas extranjeras creando puestos de trabajo e impulsando sus economías nacionales. En España, también.

El inglés en los negocios

Obviamente, nada de esto habría sido posible si, aparte de una idea comercial común, no se hubiera definido una lengua estándar que permitiera a todos ellos participar en este juego en las mismas condiciones, como ha sido el caso del inglés.

La necesidad del inglés hoy en día se puede comprobar con los siguientes datos:

  • Representa el 75% de la biblioteca científica.
  • Almacena el 80% de la información electrónica.
  • Publica un tercio de los libros.
  • Lo emplea un 80% de los usuarios de Internet para comunicarse.
  • Es el idioma oficial de la tecnología, diplomacia, turismo y comités internacionales.

Estas cifras vienen a representar una realidad: hay mayor número de no nativos empleándolo que nativos. No es de extrañar, por tanto, que el mundo de los negocios lo quisiera adoptar.

Las empresas españolas se han dado cuenta de su importancia y el inglés ha dejado de ser un conocimiento deseable, por si acaso hiciera falta. El acaso ya está en casa y se exige para cualquier trabajo de la misma manera que una carrera, un máster o el manejo informático. Sin él, es imposible la expansión. Sin él, la supervivencia de cualquier negocio es difícil de garantizar.

La introducción de empresas extranjeras en España, bien sea a través de instalación directa o comprando existentes ha significado un gran cambio en nuestra mentalidad comercial. Cada día parten vuelos con destino a las principales capitales europeas o del resto del mundo con ejecutivos y comerciales a bordo para asistir a reuniones o presentaciones. Allí se encontrarán con sus homólogos internacionales y la conversación se realiza en inglés. Las propias comunicaciones internas exigen redactar en ese idioma la mayoría de correos electrónicos entre empresas. Las videoconferencias se desarrollan en inglés.

Pero veamos más ejemplos sobre su importancia. Hay más estudiantes chinos aprendiendo inglés que personas en Inglaterra hablándolo. Los países escandinavos lo utilizan con mejor calidad que los propios nativos. Portugal emite las películas y programas de televisión en versión original. Incluso el Brexit no ha propiciado siquiera un debate sobre la necesidad de encontrar otra lengua oficial en el Parlamento Europeo. Por tanto, ¿no es hora ya de formar adecuadamente a nuestra fuerza de trabajo en ese idioma para no quedarnos descolgados respecto al resto del mundo?