Internet nos ha permitido acceder una gran cantidad de información, servicios y productos que hace no demasiados años éramos incapaces de sospechar que podríamos tener al alcance de un clic. Esta abundancia, no obstante, puede resultar engañosa o peligrosa, dada la maldad innata de ciertos seres humanos, el escaso control de la veracidad de la información ofrecida o los nulos controles de calidad en la gran mayoría de las páginas.

Sin ir más lejos, uno no tiene más que mirar los titulares redactados con el fin de atraer la atención para descubrir que la noticia o vídeo no son tan increíbles, terroríficos o alucinantes como nos hacen creer para captar más impacto en las estadísticas. Algo parecido a las famosas fotografías de las hamburguesas de los restaurantes de comida rápida o de las pizzas en la sección de congelados (¿de verdad que eso es champiñón?)

Al igual que los test que prometen deducir tu personalidad o ancestros a través de una fotografía –una vez realicé el segundo de ellos con un chimpancé y los resultados fueron realmente llamativos -, existen muchas páginas que prometen respuestas igual de increíbles, terroríficas o alucinantes sobre aspectos algo más profesionales en nuestras vidas. Como los test de nivel online.

No quisiera continuar sin traeros a la memoria el sistema de prueba de nivel que se realizaba con anterioridad en nuestro país –y en muchos otros, por cierto-, que consistía en responder a una batería de preguntas tipo test en un determinado plazo de tiempo. En alguna entrada pasada hemos tratado este tema. Resumiendo, la fiabilidad del resultado final puede verse afectada por agentes contaminantes, destacando el azar o la copia entre los principales. Cierto es que la idea, a nivel lógico, tiene mucho sentido: conocer la respuesta correcta sobre una prueba gramatical ofrece una visión aproximada del nivel de idiomas de una persona. Pero la teoría patina de manera terrorífica, increíble y alucinante por un detalle tan crucial como importante, que podréis descubrir en el siguiente párrafo.

Las pruebas de nivel de inglés

Bien, voy a dejar de abusar de las técnicas de impacto actuales. O, al menos, durante un rato. Las pruebas de nivel que se basan en ofrecer un problema con una oferta de soluciones a escoger no hacen que el entrevistado utilice el idioma en ningún momento. Con independencia del rigor académico de las preguntas –acertar Good morning como saludo de buenos días puede servir para determinar un nivel A1 que es más sencillo deducir con la ausencia de conocimientos sobre otros asuntos -, el entrevistado se limita a leer y escoger una respuesta como todo requisito profesional. Esto quiere decir que el test no se preocupa por escucharlo. Y en el sonido está la clave de todo lo que importa en un idioma.

Si tenemos en cuenta que un idioma es necesario para trabajar porque vas a emplearlo como herramienta, será más importante escuchar su manejo que conocer sus reglas. Yo mismo puedo identificar sin problemas los nombres de los integrantes de una caja de herramientas, pero no os recomendaría que me llamarais para realizar un arreglo en vuestra casa. Cuando una persona es capaz de hablar adecuadamente un idioma, aúna conocimientos gramaticales con una buena fluidez y correcta entonación a la que suele acompañar un notable entendimiento (observad que ya no empleo terrorífico, increíble y alucinante; esto lo estoy diciendo en serio).

En otros casos, la fluidez por sí misma delata la posesión de una endeble gramática o una mala pronunciación un grave impedimento para la comprensión. Esta serie de aspectos deben ser valorados por una persona que sepa identificarlos y ponderarlos en la justa medida con la que ofrecer un resultado fiable sobre un marco homologado que defina el verdadero nivel del entrevistado. No un botón de “Pulsa para saber tu resultado”.