¿Tienes que rellenar un currículum y no sabes qué nivel de inglés tienes? Te vamos a dar un
consejo: no te lo inventes. Por mucho que te hayan dicho el nivel que debes poner para salvar
la primera criba de selección, la realidad te va a dejar en evidencia durante la entrevista. Lejos
quedan los tiempos en los que la parte de los idiomas se miraba por encima y se comprobaba
con escasa profesionalidad después. Ya no; el idioma se equipara a los conocimientos
profesionales y tecnológicos, por lo que las empresas prestan mayor atención a este hecho.
Por ejemplo, te dirán cuándo estás disponible para realizar una prueba de nivel telefónica con
un seleccionador que se dedica, lo has adivinado, al análisis y formación del inglés. Cuenta
también con que se tratará de una persona nativa, bilingüe en el mejor (si es que se puede
decir así) de los casos.
La mejor manera de indicar tus conocimientos lingüísticos en tu currículum es a través de
exámenes oficiales. Haber realizado un curso, dado inglés en la universidad o colegio, vivido en
el extranjero o simplemente ver la tele inglés no son referencias que se tengan en cuenta a la
hora de establecer una selección de candidatos. ¿Por qué? Porque no son una medida válida
para determinar el nivel de inglés que tienes. Dicho de otra manera, el curso puedes haberlo
acabado o no, las notas escolares y universitarias no están exentas de contaminación (copiar),
puedes haber vivido en el extranjero dentro de un gueto hispano sin contacto con la población
local y lo de la tele, bueno, sobran comentarios.

Los exámenes oficiales no solamente muestran el nivel de inglés de los candidatos, sino que la
propia nota especifica qué tal nadas en la profundidad de sus aguas. Su contenido analiza los
puntos fuertes y débiles según nivel además de otros aspectos como la capacidad auditiva o la
fluidez. Por si fuera poco, están homologados dentro del MCER, que significa Marco Común
Europeo de Referencia para las lenguas. Es decir, que la misma prueba se realiza en otras
partes del mundo para unificar los requisitos esperados dentro de cada nivel. Un B1 en España
es el mismo B1 que en Suecia, Alemania o Lituania, para no salirnos de Europa.

Si no dispones de un título oficial, porque no creíste oportuno presentarte, y tienes
conocimientos de inglés pero no algo que te permita demostrarlo, puedes ponerte en contacto
con alguna academia que evalúe los conocimientos orales de los candidatos para las empresas.
Este tipo de centros certifica la capacidad de hablar de manera oficial bajo el mismo Marco de
Referencia que hemos mencionado antes. Su validez se limita a un conocimiento práctico,
recuerda. No obstante, gran parte de tu trabajo la vas a tener que realizar de manera hablada.
Así que las empresas lo tendrán en cuenta. Pero no te olvides de una cosa: el nivel que crees
tener no siempre coincide con la realidad. Una persona con alto dominio de la lengua (C1 o C2)
lo demuestra sin dificultad alguna nada más abrir la boca. Una persona con nivel intermedio o
básico, también. Y dentro de los intermedios, tenemos el B1 y el B2, siendo el segundo el nivel
medio solicitado por parte de la gran mayoría de empresas españolas e internacionales, que a
muchos les parece una distinción relativa, subjetiva e incluso discriminante pero te aseguro
que la diferencia se nota y es muy evidente para quienes saben de esto.

Otro aspecto a tener en cuenta es la fecha de obtención de la titulación; algunos exámenes
oficiales tienen fecha de caducidad, por lo que no podrás utilizarlos como elemento
demostrativo de tus conocimientos una vez agotada su vigencia. No es extraño toparse con
personas que disponen de una titulación que obtuvieran cuando todavía estaban en el colegio
y después dejaran de emplear, confiando en que el inglés fuera el equivalente cognoscitivo de
montar en bicicleta.

Por tanto, no mientas, intenta sacarte un título al igual que te sacaste la carrera y trata de
incorporar experiencia de su uso para demostrar que las palabras y gramática no se las ha
llevado el viento.