Al contrario de lo que muchos piensan, tener un nivel de inglés alto no significa hablarlo con un elevado volumen de voz. Puede parecer un chiste, pero no es así. Por algún motivo, los españoles creemos que imponer palabras a berridos nos da la razón y no es raro comprobar este hecho en ciertas reuniones.

Los niveles de inglés definen el conocimiento, dominio y manejo que las personas tienen del mismo. Pero no por separado, sino en conjunto. Es decir, que hablar mucho no significa que se controle si todo lo que se dice está mal estructurado, incorrectamente pronunciado o cometiendo errores de vocabulario. Hablar con la misma estructura todo el rato muestra las carencias y limitaciones gramaticales, a pesar de que pronuncie con corrección. Y soltar ráfagas de vocabulario sin más elementos orales que los conecten, bueno, tal vez tenga su utilidad en alguna obra de teatro conceptual, pero no en la vida real.

¿Cómo medir el nivel de inglés?

El gran problema que tenemos en España con el inglés es que la gran mayoría de nosotros desconocemos las capacidades y recursos de nuestro propio idioma. Cuando uno escucha a un orador profesional, entiende perfectamente lo que dice, creyéndonos capacitados a hacer lo mismo por lo que George Frazer denominó magia simpática. Nuestro idioma presenta una serie de particularidades que lo convierten en complejo de aprender y tendemos a respetar su estructura pero con un tono informal. Sin embargo, si nos vemos obligados a emplear un tono más formal –que no solemne-, comprobaremos la gran dificultad que ello nos supone a nivel de empleo de léxico adecuado o de un correcto uso de la gramática.

Cuando aprendemos inglés, descubrimos un idioma mucho más básico en su construcción que el nuestro, lo que nos lleva a asumir que es sencillo. Craso error. La simplicidad de su esqueleto esconde más huesos de los que conocemos. Por regla general, a lo largo de una conversación vamos a emplear los mismos verbos, algún que otro adjetivo general y un limitado número de adjetivos. La consecuencia de ello es que sonaremos algo infantiles. El inglés es el lenguaje de la ciencia, de la filosofía y del arte, entre otros muchos. Vocablos de cada uno de ellos se emplean de manera habitual en las conversaciones, algo que no sucede en el español. Por si no fuera suficiente, la construcción de frases más complejas difiere enormemente del español, dejando en evidencia el verdadero nivel del interlocutor.

Pero ahí no queda la cosa; dentro de su simplicidad general reside un complejo idioma especializado, lo que quiere decir que, si hablamos en inglés de negocios –otro de sus puntos fuertes-, necesitamos conocer un vocabulario muy distinto al que habitualmente empleamos. Llamar a la oficina para avisar que no se puede asistir por culpa de una enfermedad no se dice como acabáis de leer sino call in sick. Y ése no es más que uno de los muchos ejemplos que podría mostrar en este artículo.

Para poder alcanzar un nivel de inglés alto debemos saber manejar la gramática sin dudas, sabiendo cómo emplear los tiempos verbales en función del tiempo escogido y las excepciones sobre esas mismas reglas sin riesgo a la ambigüedad. De la misma manera, la riqueza léxica quedará manifiesta con la elección de los términos adecuados y la colocación de determinadas palabras, tal y como es habitual hacer en inglés. Un ejemplo de este caso lo tenemos en el empleo correcto de las siguientes palabras: little, small y low. Después, no interrumpiremos a nuestro interlocutor constantemente para que repita lo que nos diga, puesto que el oído es capaz de entender sin problemas la información recibida. Finalmente, todo esto irá acompañado de una entonación y pronunciación precisa, donde el conocimiento de la fonética inglesa suene bárbara y no latina.

Tener un nivel de inglés alto no se consigue de la noche a la mañana. Los ajustes de pasar de un idioma a otro tienen un proceso de asimilación largo, por mucho don de lenguas que se disponga. Una persona que quiera alcanzarlo necesita empaparse del mismo hasta que el sudor se convierta en nueva piel. O, dicho de otra manera, que sea capaz de pensar en inglés.