superar entrevista en inglesDesde la tierna infancia sabemos que la única manera de aprobar un examen es sabiendo o haciendo trampas. Cuando Alejandro Magno se enfrentó al problema del nudo gordiano, supo resolverlo cortando la cuerda con su espada. Esa noche Zeus cubrió el cielo de rayos, lo que se interpretó como que daba por buena la solución, aunque personalmente me da la impresión de que estaba bastante cabreado. Sin embargo, el joven macedonio no barrió al imperio persa con trampas, sino sabiendo mejor que ellos las tácticas bélicas, como en la batalla de Isos.

Antes de que, para variar, me desvíe demasiado del tema de este artículo, regresemos a los exámenes escolares. O, en su versión moderna, las pruebas de inglés. Antiguamente –diez años atrás-, el inglés se consideraba un conocimiento deseado pero no fundamental dentro del entorno empresarial. Y había dos formas de hacer trampas: una con el currículo y la otra durante la prueba de inglés escrita. La primera era muy sencilla; decir que se tenía un conocimiento de inglés alto. La segunda dependía más de la suerte, todo sea dicho, pero los métodos de realización daban pie a todo tipo de triquiñuelas, dado el escaso control o vigilancia que se prestaba durante las mismas. De hecho, recuerdo una empresa que dejaba al candidato en una habitación cerrada a solas… con un teléfono a mano. No obstante, otras empresas se tomaban la prueba más en serio e incluían una prueba oral durante el proceso. Pero de buenas intenciones los cementerios están llenos, puesto que la persona que realizaba dicha prueba era un empleado con un raquítico nivel de inglés de B1, B2 si había mentido en su currículo en su contratación hace años. Por tanto, su criterio evaluativo dependía de la locuacidad del candidato más que de su conocimiento del idioma. Debido a ese motivo, el consejo que se daba para superar una entrevista en inglés consistía en aconsejar a la persona que iba a realizarlo que no se quedara callada.

Superar entrevistas de inglés en la actualidad

Pero el tiempo finalmente dio la razón a Bob Dylan y cambió. En la actualidad, las entrevistas en inglés las realizan profesores especializados en idiomas, especialmente en el idioma de Shakespeare y lo de hablar por los codos ya no da resultado. Porque el entrevistador oye mucho ruido pero escucha pocas nueces. Ahora es necesario saber el idioma. Y me temo que no hay trampas con las que salir airoso del embolado.

Pero cuidad de romper en llanto una vez leídas estas líneas de mi mano, porque lo que interesa que sepáis es el significado de saber inglés. El motivo de que se contrate a profesionales lingüísticos para realizar estas entrevistas es para tener una prueba demostrable del verdadero nivel de inglés del empleado. Para muchos puestos –la gran mayoría, de hecho- se exige un B2 y no un avanzado. Huelga decir que los puestos directivos altos sí que necesitan demostrar un conocimiento alto del idioma, dadas las responsabilidades inherentes de su puesto dentro de una economía globalizada de mercado.

El B2 no deja de ser un estándar mínimo con el que el resto del mundo se entiende a la perfección. Eso incluye una gramática intermedia que no cause confusión al ser empleada y un nivel de vocabulario técnico apropiado a las necesidades del puesto junto a otro general que permita conversar sin florituras o dejar huecos en silencio. En otras palabras, saber emplear construcciones con relativos, preguntas indirectas, frases unidas por conjunciones, manejo natural de los modales o un correcto uso de las condicionales. Vamos, una fluidez adecuada para conferencias, reuniones y presentaciones.

Antes de que os pongáis a coger los libros para hacer ejercicios, recordad que la prueba es oral y no escrita. Por mucho que dejéis vuestros codos planos, corréis el riesgo de dejar la lengua en horizontal también, precisamente lo que se intenta evitar en este tipo de pruebas. El entrevistador querrá escuchar una fluidez apropiada no en cantidad sino en calidad. Es decir, que hay que pronunciar bien. Por esa razón, si queréis superar una entrevista en inglés, debéis practicar antes hasta coger la confianza cualitativa correspondiente al puesto. Ésta se puede obtener a través de clases, hablando con extranjeros en pubs o dedicando un tiempo diario a intercambiar idiomas con una persona que esté aprendiendo español a su vez. No os engañéis; repetir frases de una página de Internet no te proporciona la fluidez que te aporta una conversación real.

Por otro lado, igual de importante resulta hablar que escuchar. Si no entendéis a vuestro interlocutor, toda la palabrería que soltéis no servirá de nada. Tengo un amigo checo que es una excelente persona pero un suplicio de escuchar porque intenta ocultar su incapacidad de entender el idioma a base de hablar a lo Daniel O’Connell, un político irlandés famoso por sus discursos de cinco en la Cámara de los Comunes. La capacidad auditiva la podéis practicar en casa viendo series o películas en versión original. Pero, de nuevo, nada ayuda tanto como las conversaciones a las que me refería en el párrafo anterior.

Con esta seguridad y práctica acumulada –junto a un poco de estudio gramatical-, tendréis la confianza suficiente para realizar la entrevista de trabajo en inglés de manera óptima. Y una gotita de suerte, para qué engañarnos. Pero no os preocupéis; a los que saben, los rocía el frasco. Y ahí me pueden dar la razón Bob Dylan y Alejandro Magno.