El amplio espectro laboral actual hace posible que tanto empresas como trabajadores se beneficien de las múltiples posibilidades del mercado. Un trabajador puede desempeñar su trabajo en cualquier empresa y ésta puede contratar a cualquier candidato para que desempeñe una función. Vivimos en una era en la que ya contamos con gente especializada y profesionalmente formada para acometer con garantías cualquier tipo de trabajo que se requiera.

La manera de diferenciarse del resto, de llamar la atención para adquirir la exclusividad suele venir definida por la experiencia laboral. No cabe duda alguna de que ese factor proporciona seguridad tanto a la empresa en cuanto al cometido del trabajo como al empleado en la conservación del puesto, con un plus extra de posibilidades de ascenso.

Pero si cualquiera puede ocupar un puesto de trabajo con competencia a fecha de hoy, no menos cierto es que pocos pueden desarrollar su función en otro idioma. Incluso aquellos con años de experiencia acumulados en sus espaldas saben que las posibilidades de mejorar sus condiciones laborales ya no están a su alcance con tanta facilidad como antes a menos que sepan trabajar en otro idioma.

Tampoco estamos hablando de nada nuevo. Los programadores necesitan conocer diversos lenguajes informáticos – HTML, CSS, JavaScript, Pearl – en la redacción de sus programas. La falta de conocimiento en alguno de ellos implica una reducción de posibilidades de cumplimentar sus tareas con eficacia. Para llevar la contabilidad, los candidatos deben conocer el manejo de diferentes programas – SAP, ContaPlus o Excel. Otro tipo de empresas emplean una serie de programas concretos para su trabajo, pero requieren de programas específicos para determinadas materias. Por ejemplo, las farmacéuticas o industrias químicas. Es decir, que a nivel profesional se exige una versatilidad bastante grande.

La diferencia es que, tanto los conocimientos profesionales, informáticos y la experiencia acumulada solamente resultan útiles para el desarrollo de nuestro trabajo a nivel interno. Para presentarlo, promocionarlo y venderlo, necesitamos otro tipo de aptitudes. Y aquí es donde hace su presencia el tema del idioma.

Los mercados están cada vez más globalizados. Y no es una tendencia pasajera. La consecuencia de ello es que ahora trabajamos y negociamos con personas de diferentes nacionalidades. Como en la Babilonia de antaño, estamos construyendo un zigurat económico gigantesco. La única diferencia es que en los tiempos contemporáneos ya no existe un mosaico de idiomas ni un rosario de lenguas distintas. El mundo de los negocios habla inglés.

En cierto modo, es el final de un proceso iniciado varios años atrás. La expansión mercantil europea obligó el aprendizaje de sus diferentes lenguas a aquellos países colonizados. Posteriormente, la independencia nacional no varió en absoluto esas relaciones comerciales, pero mantuvo la idiosincrasia tradicional de cada país. A pesar de que sigan existiendo fronteras físicas en el mapa del mundo, éstas han ido desapareciendo poco a poco en el atlas de los negocios, generando una mentalidad global ajena a las restricciones geográficas.

Las empresas españolas no se han quedado al margen de este cambio. Sin embargo, mantienen la mentalidad local a diferencia de otros países que han asumido el pensamiento global. Para nuestra desgracia, ese cerebro omnifinanciero se comunica en inglés. Debido a ello, nos estamos quedando rezagados a nivel competitivo no por falta de talento, sino de expresividad.

Trabajar en otro idioma

Es necesario que nos acostumbremos cuanto antes – y lo más rápido posible – a asumir la necesidad de aprender a trabajar en otro idioma. Y eso no significa tener que cambiar los patrones de trabajo o reciclar los conocimientos profesionales adquiridos. Simplemente hay que traducirlos y, lo más importante de todo, emplearlos con la mayor frecuencia posible.

La manera más eficiente para lograr este cambio de mentalidad es animar a los empleados a que practiquen el idioma en su puesto de trabajo. Cierto, el nivel no es alto y la confianza es baja. Así que se debe de ofrecer una formación específica en este aspecto. Como las clases de inglés para empresas, que permiten a los trabajadores aprender y emplear el idioma según las exigencias del mercado internacional para que ni ellos se cierren las puertas de su futuro profesional ni la empresa haga lo propio con su capacidad de expansión.

A fecha de hoy puede sonar una utopía ridícula el llevar la comunicación interna y externa en la oficina en otro idioma que no sea el español. Pero tenemos que observar que el lenguaje que empleamos en nuestro trabajo es exclusivo del mismo. Uno no se comunica con su familia, con sus hijos o con sus amigos de la misma manera que lo hace en el trabajo. Por tanto, no debería costar tanto esfuerzo hacer entender a la gente que, dentro de la empresa, empleen el idioma característico que corresponde. La implementación será lenta, por la falta de costumbre. Pero lo mismo sucedió cuando aparecieron los primeros ordenadores. No hay que tener prisa. No obstante, cuanto antes asimilemos la realidad, antes lo asimilaremos. No es más que una cuestión de práctica y constancia. De esa manera, seremos más receptivos y flexibles a los cambios que depare el futuro.