Justamente la semana pasada una vecina me hacía la misma pregunta: ¿qué trucos puedo usar para aprender inglés rápido? Eso me trajo a la memoria otra pregunta que le formulé precisamente a esta misma persona un mes antes: ¿qué puedo hacer para tener la espalda bien rápido? La respuesta a ambas cuestiones urgentes tenía la misma respuesta. Se necesita tiempo y una dedicación.

No obstante, los dos nos confesamos algunos atajos que, si bien no garantizan un buen resultado final, al menos alivian la inquietud que nos acuciaba. En el caso de mi espalda, una serie de ejercicios diarios. En el suyo, unas recomendaciones que ahora voy a compartir con nuestros estimados lectores.

Como todos sabemos, un idioma consiste en gramática, vocabulario, pronunciación y entendimiento. Cada una de estas partes se puede practicar de manera independiente pero siempre recordando que forman un conjunto holístico dentro del idioma. Es decir, que de nada sirve aprender palabras si no sabes pronunciarlas. Más que nada porque pueden suceder dos cosas; o que no exista o que digas otra. Por esa razón, una forma sencilla de aprender vocabulario es la de colocar post its por la casa con los nombres de los objetos que conviven con nosotros junto con su pronunciación. Para ello, páginas como wordreference.com disponen de un diccionario que incluye el sonido de la palabra para anotarlo junto a su escritura. De esta sencilla manera, cada paseo que demos por el hogar supondrá una lección mediante un sistema nemotécnico que nos ayudará a empezar a pensar en inglés y a reconocer las cosas en otro idioma. Posteriormente, se pueden hacer listas de vocabulario específicas con el nombre de otra serie de elementos como comida o vehículos para, cuanto menos, saber un par de palabras de todo.

Pronunciación y gramática

La gramática, por su parte, resulta algo más compleja, pero no imposible de aprender con cierta rapidez con el siguiente truco: Sujeto + Auxiliar + Verbo + Objeto. Una de las grandes ventajas del inglés es que posee una estructura simple y continua, lo que permite asimilarla con bastante sencillez. Pero, ojo, que no siempre coincide con los tiempos en español. Sin embargo y sin esfuerzo, podemos aprender a decir frases de manera mecanizada aplicando el truco de la estructura. Eso requiere aprenderse unos verbos – con diez basta al principio- y emplearlos en presente simple –al principio- con la ayuda del vocabulario que ya conocemos. Aunque las frases no tengan mucho sentido, la estructura la asentaremos en el cerebro. Una vez dominada, pasaremos a emplear las negativas e interrogativas hasta adquirir la soltura suficiente como para decirla sin pensar. Truco para lograrlo: emplea los dedos de las manos con cada parte de la estructura al principio, contando hasta que puedas hacerlo sin mirar.

La pronunciación es el plato fuerte del inglés. Al contar con sonidos extraños a nuestros oídos y bocas, es la parte que más tiempo ocupa a la hora de aprender el idioma. Existen en Youtube vídeos que nos enseñan a pronunciar determinados sonidos que siempre recomiendo consultar para poder practicar. También determinadas canciones permiten ejercitar los labios con su ritmo y melodía. Si no eres demasiado vergonzoso, prueba a grabarte y escucharte a continuación. De esta manera localizarás tus fallos y podrás centrarte en corregirlos de una manera más especializada.

Finalmente, el entendimiento. No hay nada mejor para que el oído se destapone que escuchar a gente hablando en inglés. Algunas series de televisión se entienden sin problemas. Las noticias son otra buena fuente de inspiración. Pero, si os da la impresión de que hablan muy rápido o dicen muchas palabras seguidas y os perdéis, es momento de regresar a la infancia y ver programas infantiles, que al fin y al cabo están orientados no para una determinada edad sino para ayudar a entender y hablar a quien no sabe hacerlo todavía. En caso de querer ir más rápido, podemos encontrar pubs en la ciudad donde un día o dos a la semana se reúne la gente para realizar un intercambio de idiomas de manera informal. Con independencia de vuestro nivel, podéis aprender a decir cosas concretas, practicar lo poco/mucho que sepáis y pasar un buen rato desinhibidos con gente nativa, que os ayudará a adquirir confianza en vuestra expresividad y entendimiento.

Pero, como decía al principio de este artículo, los trucos están bien para salir del paso, pero no para aprender. Un idioma no se aprende de la noche a la mañana, al igual que mi espalda no se terminó de arreglar con un par de estiramientos. Me apunté a un curso de yoga y, con dedicación y constancia, me noto menos dolorido y flexible, pero lo mucho que me falta también para estar de nuevo erguido como humano y no primate. Con el inglés sucede lo mismo; un curso permite aprender y evitar errores típicos que se van acumulando si no corregimos a tiempo con la ayuda de un profesional. Pero para empezar a comunicarnos y entendernos, estos consejos que os he dado os van a ayudar a dejar de ver el inglés como un idioma extranjero para hacerlo vuestro.